Fuerzabruta apela a la estimulación de los sentidos y los somete a la
distorsión. La propuesta, que cumple una exitosa temporada en el salón Metropolitano, maximiza
aquellas ideas que tengan efecto sorprendente o que causen perplejidad, como una caminata por una
pared vertical, desafiando las leyes físicas, o por el impacto causado por las desproporciones
mensurables a partir de una escala humana.
La propuesta del director porteño Diqui James evoca también y de manera
tangencial a algunos recursos y manifestaciones de la cultura popular, desde el cine hasta las
artes plásticas y las somete a un uso intensivo del espacio.
Es posible advertirlo en la fragmentación vertiginosa de algunos tramos del show
iluminados con destelladores que recuerdan secuencias al estilo orwelliano de "El proceso", y que
se desarrollan en torno a un personaje que se desplaza sobre una cinta de caminar.
La escena se resuelve con un final similar al que tenían los chicos que Alan
Parker hacía picadillo en "The Wall", o atravesando una pared construida con unos ladrillos hechos
de papel picado que los actores se estrellan entre ellos o contra las cabezas ofrecidas
voluntariamente por los espectadores.
Un cuadro sutil y muy bien resuelto evoca plásticamente a una famosa estampa
japonesa, "La gran ola de Kanagawa", que adquiere la forma de un enorme telón que se desplaza sobre
las cabezas de los asistentes.
La vanguardia de la escultura sugiere vagamente su presencia a través de las
alucinaciones subacuáticas de Jason Taylor. Así ocurre con uno de los tramos técnicamente más
complejos, consistente en una pileta con fondo transparente suspendida a unos diez metros del
piso.
Allí, una luz cenital azul ilumina a una mujer recostada y sumergida en el agua
que proyecta su sombra confundida con las distorsiones de la luz. También hay referencias
equiparables a las escaleras hacia ninguna parte de Escher, las pesadillas de Hirst o a una
iluminación expresionista que tanto puede enceguecer, como distorsionar y sugerir efectos
perturbadores o extáticos.
"Fuerzabruta" es una experiencia intensa que sugiere todo eso. Pero no se agota
allí, sino que supera la apuesta e impulsa a un recorrido por experiencias sensitivas, no sólo
visuales, sino también auditivas y táctiles con el formato de una fiesta, un ritual o una rave.
De hecho, el efecto del show es parangonable a un viaje vertiginoso a través del tiempo y la
cultura, el hombre y sus impulsos, conflictos y miserias y la posibilidad de maravillar y
maravillarse ante la fragilidad de lo que lo rodea, contiene o condiciona, ya sea el agua, el aire,
la luz, el sonido y hasta un disparo, tal vez no tan fatal, sino, en una opción ideal, con el
aspecto de una pesadilla de la cual es necesario reponerse para continuar inevitablemente hasta el
final.