Andrés Rovetto, más conocido como Veto, es rosarino, actor y durante trece años fue parte del grupo cómico Lo Lumvrise. Hace varios años, junto a su marido Fernando Soto hacen contenido en redes con una gran respuesta del público. Hace poco, fue parte de la ficción que se convirtió en el suceso del momento: la serie de Netflix sobre la vida de Moria Casán.
Después de una larga trayectoria en el teatro local, Veto se mudó a Buenos Aires. En plena pandemia, a través de un vivo de Instagram (una transmisión de "Veto a Saber", un espacio de encuentro lúdico donde ya mostraba dotes para conquistar corazones en el mundo digital), conoció a Fer. Desde 2023, se dedican a movilizar la alegría en distintos formatos: con las escenas cotidianas hilarantes que comparten en redes, con el podcast de Spotify que llegó a ser número uno en el país, y con su espectáculo “El bingo musical de Veto y Fer”, una verdadera fiesta colectiva que no para de agotar entradas (y que tendrá una nueva función en Rosario el próximo 11 de septiembre).
Recientemente, el rosarino dio un batacazo por fuera de su circuito acostumbrado: fue convocado para interpretar al notero en la serie de “Moria”. Es el que enmarca los épicos monólogos de Casán en móviles televisivos, interpretados por Griselda Siciliani a la perfección, fuente de algunas de las frases más legendarias de la lengua karateca.
Moria y un vínculo histórico con la comunidad LGBTIQ+
“Mi trabajo principal siempre fue el teatro, no tengo mucha experiencia en lo audiovisual. Pero en el camino uno va conociendo gente y haciendo muchos amigos. Y me llegó un mensaje de parte de la productora en el que me proponían hacer este personaje de notero, a través del director Javier Van de Couter. Fue muy hermoso que me tuviera en cuenta y poder vivir esta experiencia”, contó Veto en diálogo con La Capital.
“El otro día hablando con él me decía que me le vine a la cabeza cuando estaba armando el elenco y que le pareció que podía ir muy bien en ese contexto. Además sabe que estoy en el mundillo de Moria y los audios virales, que como todo buen homosexual me sé de memoria. Es casi el Padre Nuestro. Es típico ir a comer con amigos y que alguno diga: ‘¿La cuenta? De ninguna manera’”, relató el rosarino entre risas.
Moria es un ícono en la cultura argentina, pero de manera muy especial para el colectivo LGBTIQ+. La serie se encarga de contextualizar ese vínculo, que es mucho más profundo que una afinidad energética o estética. Durante y después de la dictadura, Casán iba personalmente a sacar de la cárcel a sus bailarines homosexuales que habían sido detenidos.
A principios de los noventa, “el gran puto argentino” tuvo como invitado en “A la cama con Moria” a Batato Barea. Casán limpió a otro invitado del programa para dedicarle todo el tiempo al emblemático performer del Parakultural, quien menos de un mes después fallecería por causas relacionadas con el VIH. Contra cualquier prejuicio de la época, Moria le dio un beso en la boca a Barea.
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“Toda la serie tiene un tono que entiendo que tiene mucho que ver con la mirada queer de Javi. Es algo que también nos une a muchos de la comunidad, encontrar en Moria un ícono a través del cual podemos hacer un montón de acercamientos hacia nosotros mismos”, apuntó Veto en este sentido.
Más allá de esta cercanía particular, el rosarino encuentra en Casán una trayectoria de vida ejemplar: “Ayer hablaba con un amigo y decíamos que después de ver la serie una se siente como estafada como sus traumas, porque a esta mujer le pasaron un cantidad de cosas tremendas y llegó a los 80 años de esta forma. Hay algo ahí que excede al personaje. Moria tiene una filosofía de vida que me parece espectacular y que creo que todos estamos un poco redescubriendo con la serie”.
El desafío de acompañar a Griselda Siciliani
Si bien el rol de Veto puede parecer simple, tuvo el desafío de acompañar algunas de las escenas más complejas de Siciliani, no sólo por estar encarnando escenas muy vistas, convertidas en clásicos de la cultura popular argentina, sino por el contenido de los parlamentos.
Antes del rodaje, el rosarino y la actriz tenían un antecedente juntos: Griselda había estado como invitada en el episodio final de la segunda temporada del podcast de Veto y Fer. “Hay algo de esa cercanía que a mí ya me traía como una cierta posibilidad de sentirme más cómodo. Después, fue hermoso ver de cerca el oficio de Griselda, su presencia, que se sepa la letra presencia de una manera impecable”, recuperó Andrés.
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“Está el móvil más divertido que es el de la japaleta y el otro que es más emocional que es el del ‘quiénes son’. Es gracioso pero Moria en ese momento estaba en un momento tremendo, le estaban hablando de su hija y de drogadicción. Fue espectacular ver a Gri diciendo esos textos de memoria y llevando esa emocionalidad en el medio. Para mí fue un lujo poder estar ahí al lado”, detalló el rosarino.
Veto también habló de la dificultad de encontrar el tono adecuado para estar en esas escenas, con toda su intensidad y sus matices. “Cuando Griselda vino al podcast recién había empezado con el proyecto de Moria, y nos decía que su idea no era hacer una imitación sino tomar de cierta manera el espíritu. Yo me agarré de eso, volví a mirar los móviles y miré al notero. Pensaba en ese tipo que estaba ahí, al lado una señora que está desacatada pero a la vez es divertida, que además es Moria Casán y está diciendo cosas que no sabés qué repercusiones pueden tener y a la vez sí. Entonces traté de ponerme en ese lugar”, explicó el actor.
“En el móvil de japaleta, que es el más divertido, había una cosa medio jocosa y yo me permitía reírme o estar más relajado. Pero el otro era más intermedio. Por un lado había algo divertido, por las formas de Moria, pero por otro había un trasfondo complejo. Traté de estar en situación y no querer actuar de más, ni tampoco que quede algo muy lavado, y acompañar de la mejor manera a eso que estaba haciendo Griselda a mi criterio de manera muy hermosa”, agregó.
Finalmente, Veto habló de las repercusiones inesperadas que tuvo su participación en la serie, la cual incluyó un aluvión de mensajes de muchos rosarinos. “Es una emoción hermosa. Me escribieron compañeros de la secundaria, de la primera. Es muy precioso recibir ese amor, sobre todo gente de Rosario que me escribe para decirme ‘Veto, qué alegría, qué bueno, te lo merecés’. Estuve llorando toda la semana, que no te voy a mentir. Siento que es un reconocimiento a mi trabajo en otro ámbito. Lo mismo me pasa con los seguidores de Veto y Fer, que a lo mejor me conocen de las redes y no sabían que yo me dedicaba a la actuación. Los frentes son muy diferentes, pero me siento realmente muy privilegiado porque es mucho amor”, cerró el rosarino.