Angel Carrizo vivió sus últimos días palpitando la muerte. Tenía pavor a morir como murió: abatido por una ráfaga de tiros ante la mirada de sus hijos. Cuenta su familia que le costó la vida un conflicto con Milton César por el reparto del dinero de un robo, diferencia que escaló cuando estuvieron presos en la comisaría 5ª. Al salir su rival de prisión, Carrizo fue a reclamarle esa deuda y empezó a vivir con miedo. Sabía que lo seguían pero no pudo evitar el final que presentía: el 27 de junio de 2019 llegaba a su casa cuando un hombre bajó de una EcoSport y lo mató a tiros frente a su esposa embarazada y sus tres hijos.
Esa trama quedó al descubierto en el reciente juicio a Milton César, el joven de Tablada que fue sindicado por error como asesino del jefe de Los Monos Claudio “Pájaro” Cantero, ejecutado en Villa Gobernador Gálvez el 26 de mayo de 2013. En represalia, dos días después de ese crimen la madre, el hermano y un amigo de César fueron asesinados en un atentado en Francia y Acevedo. Una semana después de ser desligado y liberado de ese crimen que signó la década en Rosario, César volvió a caer por un extraño episodio en octubre de 2013. Quiso evitar que dos amigos fueran presos por robarle a una chica pero terminó encerrado con ellos y condenado a 4 años y medio de cárcel por amenazas y portación ilegal de arma.
En 2019 salió de Piñero pero a los tres meses volvió a caer circulando en contramano con un amigo y un hermano menor de edad por Grandoli y Presidente Quintana. Lo buscaban por el homicidio de un vecino: el albañil Angel Roberto Carrizo.
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Desde el principio César negó su vinculación con el ataque y sostuvo que lo acusaban por ser conocido en el barrio. En el juicio dijo que lo detuvieron sin orden de captura, que conocía a Carrizo y no tenían conflictos y jamás tuvo una EcoSport. Su defensa planteó que sólo lo implicaban “rumores del barrio”.
Al terminar el debate el pasado 28 de octubre los jueces Nicolás Vico Gimena, Patricia Bilotta e Ismael Manfrín lo hallaron culpable y lo condenaron a 20 años de prisión pese a la declamada inocencia de César. Los motivos del fallo se explican en los fundamentos dados a conocer días atrás.
Reclamo mortal
A las 17.30 del 27 de junio de 2019 Carrizo, de 29 años, llegó a su casa de 24 de Septiembre y Esmeralda acompañado por su pareja y sus hijos. Todo sucedió muy rápido: de una camioneta Ford EcoSport negra con vidrios polarizados bajó un joven con gorrita y le tiró sin piedad en dos ráfagas de cinco balazos. El albañil murió alcanzado por tres disparos en la cadera, abdomen y un pie.
El fiscal Adrián Spelta dijo en el juicio que el conflicto con César se había iniciado cuando ambos estuvieron un tiempo detenidos en la comisaría 5ª, algo de lo que Carrizo solía hablar con su familia. Sostuvo que al salir César de prisión ese año Carrizo le reclamó aquella vieja deuda y eso le costó la vida.
“Estuvimos en la casa de mi suegra y después fuimos a mi casa en el auto, un Bora gris”, recordó en el juicio la esposa de la víctima, con quien tuvo tres hijos de 2, 6 y 12 años. Al llegar a la casa Carrizo fue el último en bajar del auto, justo cuando una camioneta frenaba en la cuadra. “De la parte de atrás del acompañante bajó Milton César, sacó un arma de la cintura y disparó hacia Angel”, relató la testigo.
Hubo una primera tanda de disparos que Carrizo esquivó retrocediendo y gritándole a su esposa que entrara a la casa con su hijo mayor, que corría tras él. Entre ruegos desesperados del nene para que dejara de tirar, el agresor “volvió a cargar y siguió disparando”. Esos fueron los tiros letales: “Cuando lo ve arrodillado a Angel se sube a la camioneta en la parte de atrás y se va. Los vecinos levantaron a Angel. Los nenes quedaron sin hablar”.
Del lugar se levantaron diez vainas servidas 9 milímetros, cantidad que concuerda con la referencia de dos tandas de cinco tiros. Un remisero que pasó por el lugar contó que la viuda quedó “en shock, congelada”. La mujer sindicó a César en su primera declaración en sede fiscal. Pidió reserva de sus datos por los riesgos de señalar a alguien “que la conocía, sabía dónde vivía y residía a dos cuadras” de su casa, cita el fallo. Por entonces recibía amenazas por Facebook de perfiles como “Andrés Bracamonte” o “Esteban Alvarado” que decían ser amigos del acusado.
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Su hijo mayor brindó testimonio en Cámara Gesell. No reconoció a César —sólo vio a un joven con gorrita— pero le contaron que había sido el tirador. Vecinos y una hermana de Angel dijeron que en días previos habían visto “pasar despacio” esa EcoSport con tres ocupantes y las ventanillas bajas a la mitad.
Conocidos
“A Milton César lo conocía de cuando éramos chicos. Yo iba a la escuela con su hermana, lo conocía del barrio. Pero no tenía vínculo ni me juntaba con él”, dijo la viuda, y contó que la disputa con su esposo surgió cuando “ellos salían a robar. No sé bien qué pasó. Uno se quedó con más y otro con menos. Fue cuando mi nene más grande tenía 2 años más o menos”.
"Pusieron en mi boca cosas que no dije. No ensucié a nadie, yo tengo códigos", aseguró Milton César. (Foto: S. Suárez Meccia)
Milton César negó desde el principio haber matado a su vecino, pero un tribunal oral entendió que sí lo hizo
Tras la salida de Milton de prisión su esposo se tornó “nervioso, aislado” y evitaba salir con su familia: “Nunca quería salir con nosotros, para cuidarnos. Siempre salía solo. Se aislaba, se quedaba toda la noche despierto, se iba al negocio y se quedaba ahí. Tenía problemas y no quería que pasara lo que pasó delante de sus hijos”.
La viuda habló de un encuentro entre los dos ex compañeros de celda una noche en que Angel fue a guardar el auto a la casa de su hermana. Advirtió que lo seguía un auto y bajó la ventanilla del lado del acompañante “para que vieran que estaba el nene y si le tenían que hacer algo se lo hicieran a él solo. Que yo sepa no hubo un enfrentamiento pero él estaba preocupado”.
Ese fue el grueso del relato “sin fisuras” de la principal testigo, que para los jueces no tendría motivos para mentir ya que vive sola con sus tres hijos expuesta a amenazas.
“Los mato a todos”
Otro pilar que, para el tribunal, “sella la suerte del acusado” fueron los mensajes y documentos recuperados del celular Motorola XT que llevaba César al ser detenido. Por ejemplo una foto de Florentino Malaponte, primer fiscal del caso, y una consulta a la nota sobre el crimen en la web de La Capital.
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“De audios recibidos y emitidos desde ese dispositivo surge que Carrizo buscaba a César para reclamarle la diferencia de un atraco”, observaron los jueces. Eso se desprende de mensajes de un contacto que, días antes del crimen, le advirtió a César: “Mirá que te están campeando, amigo, te quieren pegar, boludo. Me mandaron a decir que el Gordo Angel está enfierrado y esperando que vos pases para pegarte”. La respuesta de César fue: “Dejá nomás. Voy hasta la casa y le voy a dar en la gorra en la puerta. Si es re gil ese gordo salame, boludo”.
En otro audio insiste: “Para mí es un gil el gordo ese. Me llega a tirar un tiro y no me pega, sabés que entro, rompo la puerta de la casa, la mato a la madre, a él, los mato a todos ahí adentro. El Gordo Angel nunca mató nadie, nunca tiró un tiro. Le voy a arrancar la cabeza si sigue hablando al pedo. Ayer me lo crucé y no me dijo nada. Andaba con un par en el auto y yo venía caminando con las dos pistolas en las manos y ni me miró. Es re gil ese gordo. Chamuyo es”.
Los jueces calificaron esa prueba como un dato “contundente” ante el cual “carece de eficacia” el descargo de César. “Queda claro que el ataque no fue casual ni inmotivado. Carrizo supo que fue liberado César, quiso reclamarle la diferencia y luego se vio superado por la situación. El acusado cumplió lo prometido en los audios eliminando el «problema», previa inteligencia de sus movimientos en el barrio, a bordo de una EcoSport negra y con otras dos personas aún no identificadas”.