No hubo pochoclo. Tampoco una carnicería. Manuel Adorni pasó por Diputados y ni el vocero domó a los kukas ni el peronismo noqueó al jefe de Gabinete. Tanto oficialistas como opositores se llevaron algo.

En un cambio de roles, el presidente aparece como el fusible del jefe de Gabinete. La relación entre el gobierno y la opinión pública, en su peor momento. El dilema del peronismo y el juego en dos niveles de Pullaro
Por Mariano D'Arrigo
El presidente Javier Milei se aferra al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, que esta semana pasó la prueba en Diputados pero sigue en el ojo de la tormenta por sus causas judiciales por enriquecimiento ilícito.
No hubo pochoclo. Tampoco una carnicería. Manuel Adorni pasó por Diputados y ni el vocero domó a los kukas ni el peronismo noqueó al jefe de Gabinete. Tanto oficialistas como opositores se llevaron algo.
En los papeles, era el informe de gestión que manda la Constitución. En los hechos, fue una virtual interpelación.
Toda la escena pareció un juicio público. Adorni, en el banquillo de los acusados. La oposición, en modo fiscal.
Aún a la defensiva, Adorni cumplió. Leyó hasta las comas del guión que le impuso la Casa Rosada. No agregó nuevos memes ni frases al imaginario popular. Tampoco hubo un momento Intrusos, una indignación impostada para levantarse e irse.
El problema de Adorni es que no puede explicar lo más básico: sus gastos en viajes y propiedades no tienen relación con sus ingresos.
La sesión de Diputados era su oportunidad para dar una respuesta contundente ante la opinión pública. Pero tanto en el informe escrito como en el recinto repitió en loop que presentó su declaración jurada ante la Oficina Anticorrupción y que el tema está en manos de la Justicia. La sociedad esperaba información y Adorni se refugió en tecnicismos.
Milei se aferra a su jefe de Gabinete. Porque no quiere entregarle su cabeza a la oposición, porque conoce los secretos de la cocina libertaria y porque correrlo reavivaría la interna siempre latente entre Karina y Santiago Caputo.
La experiencia libertaria es el gobierno del revés: el presidente hace de escudo humano del jefe de Gabinete, un puesto diseñado como fusible de recambio ante las crisis. El cambio de roles arrastra a todo el oficialismo.
Sin antecedentes en gestión y con la confianza rota con llos aliados, Adorni seguirá sin cumplir en los hechos una de las funciones básicas de su puesto: ser el jefe de la administración del país. A lo sumo, será un veedor de la hermanísima. “Ya no tienen más al candidato Adorni y nadie le hace caso. Por atrás están todos enojados”, dice una voz de peso en el Congreso.
Al menos, Adorni volverá a su rol de vocero. El regreso de las conferencias de prensa va de la mano con la reapertura de la sala de periodistas de Casa Rosada.
El bloqueo a la prensa no sólo era una medida inédita en democracia y una violación al derecho de la sociedad. También era contraproducente para el gobierno. De alguna manera, el vacío informativo se llena.
Los mano a mano de Adorni con los periodistas y el indulto a los acreditados le permiten al gobierno tratar de instalar agenda o, al menos, intentar una reducción de daños.
Eso no significa una revalorización del trabajo periodístico. Los insultos de Milei a los trabajadores de prensa apostados en los pasillos del Congreso dan cuenta tanto de una concepción antiliberal como del nerviosismo que reina en el vértice del poder.
Si Milei se siente habilitado para sostener a Adorni y agredir a periodistas es en parte por el silencio de la dirigencia nacional del PRO y otros ¿ex? espacios republicanos. En el balotaje de 2023 se presentaban como una garantía de racionalidad ante los desvíos autoritarios de Milei y hoy quedaron reducidos a satélites de La Libertad Avanza.
En el peronismo ganó la línea dura y van por la moción de censura contra Adorni. Es una señal hacia un electorado enojado y que pide confrontación directa con el gobierno de Milei.
La ofensiva contra Adorni generaba dudas en otros sectores del bloque que conduce Germán Martínez. Al PJ no quiere quedar en el papel de fuerza destituyente. Hay otro factor: la conveniencia. “Que Adorni se quede hasta el 2027”, deslizan.
El peronismo repartió las críticas y no se concentró en la situación judicial de Adorni. La mayoría de la sociedad quiere que se hable de su agenda: empleo, rutas, universidad, discapacidad. Con Cristina condenada y en prisión domiciliaria, el debate por la corrupción no es un lugar de fortaleza donde pararse.
En Unión por la Patria tienen números para pensar que es posible remover a Adorni. En la votación de la ley de glaciares UxP pidió un apartamiento del reglamento para citarlo y se juntaron 124 votos, a sólo cinco de los necesarios.
Ahora podrían estar más lejos. Es que aún gobernadores que toman distancia de la Casa Rosada no están seguros de dar ese paso. Sería un mazazo político para Milei: nunca el Congreso removió a un jefe de Gabinete.
“Van a llamar a los que tienen responsabilidad de gestión para que esto no pase”, dicen desde Provincias Unidas. Allí conviven legisladores sin tierra con otros que responden a jefes territoriales que temen una crisis de gobernabilidad.
Ese clima tiene correlato en la opinión pública. El vínculo entre Milei y la sociedad se sigue deshilachando.
Según el relevamiento mensual de la Universidad Torcuato Di Tella, en abril la confianza en el gobierno se desplomó un 12%. Es el quinto mes de baja consecutiva y la caída no encuentra piso.
El dato preocupante es que el núcleo duro se achica. Desde febrero la confianza cae entre los hombres, los jóvenes entre 18 y 29 años y en el interior.
Otra señal preocupante es que por primera vez Milei está en un punto más bajo del que estaba Mauricio Macri a la misma altura de su mandato.
Alberto Fernández ni cuenta. En 2022 ya habían pasado la foto de Olivos y la derrota en las intermedias y estaba a punto de entregarle las llaves del gobierno a Sergio Massa.
Los datos de la UTDT maridan con la última encuesta de la consultora brasileña Atlas-Intel, otra organización insospechada de ser una usina kirchnerista.
Entre enero y abril la desaprobación de Milei trepó diez puntos, del 53 por ciento al 63 por ciento, y la aprobación cayó ocho puntos, del 43 por ciento al 35 por ciento.
En el ranking de imagen de líderes políticos Myriam Bregman está primera (47 por ciento de imagen positiva y 46 de negativa), Axel Kicillof segundo (46/49) y Cristina Kirchner tercera (41/53).
Más que la proyección electoral, el dato interesante es que son tres opositores, y bien nítidos. A comienzos de año, la tabla la encabezaban los oficialistas. Cambió el humor social.
Como principal fuerza opositora, el peronismo está atravesado por un dilema: acentuar el contraste con Milei para fidelizar su base o tratar de recoger valores del clima de época, para ir en busca de un electorado más amplio.
Hacia allí apunta el espacio que se reunió el viernes en Parque Norte. Una versión del peronismo productivista más que distribucionista, que resalta el equilibrio fiscal y que muestra un perfil poskirchnerista.
El protagonismo de dirigentes con base en el Amba como Juan Manuel Olmos, Victoria Tolosa Paz y Guillermo Michel (que es entrerriano) abre un signo de interrogación sobre el federalismo del armado. No en su composición, pero sí en la toma de decisiones. Su participación en el Frente de Todos pone al nuevo vector como una especie de albertismo sin Alberto y de sangre caliente.
Sin presidenciables, el objetivo de la convergencia parece ser sumar masa crítica para incidir en la oferta electoral del peronismo. Tanto en las ideas como en los nombres.
La encuesta de Atlas-Intel, una de las que anticipó el triunfo de Milei en el balotaje de 2023, también envía una señal a quienes intentan una tercera vía.
La mimetización con Milei no rinde. Al contrario: 78 por ciento de quienes votaron a Provincias Unidas en octubre califica al gobierno de Milei como malo/muy malo, 20 por ciento lo tilda de regular y sólo 2 por ciento tilda la opción excelente/bueno.
En el socialismo lamentaban el mal timing de los gestos de algunos socios de Unidos hacia La Libertad Avanza. “No tiene sentido, es justo cuando Maxi está en una posición más dura con Milei”, dicen.
Cada vez que puede, Pullaro marca el contraste entre Santa Fe y Nación. En el discurso, pero también en políticas.
El plan para aliviar las deudas de los empleados públicos —que se extenderá a los del sector privado en una segunda etapa— va en ese sentido.
Las herramientas de los gobiernos provinciales son limitadas, pero la sociedad demanda algún tipo de respuesta. De paso, le sirve a la gestión Pullaro para tender un puente con el mundo del empleo público. Ese sector acompañó en masa en 2023 pero la relación se desgastó en la gestión.
El deterioro de la situación económica genera reacomodamientos en el mundo sindical.
Esta semana, la CGT sufrió otro revés en su intento por frenar la reforma laboral. La Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo decidió que el trámite debe seguir en ese fuero y no en la Justicia laboral, históricamente más amigable con los sindicatos.
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La ratificación de la norma que resetea el marco laboral complica la estrategia institucionalista de la CGT y empodera a los sindicatos más duros. Ese es el caso del Fresu, que realizó este viernes un plenario en el camping de la UOM, en Pilar.
Con los metalúrgicos, los estatales de ATE y los aceiteros como núcleo promotor, el Fresu se prepara para un escenario de mayor conflictividad.
El 1 de mayo Milei tenía una oportunidad para enviar un mensaje empático a sectores trabajadores que lo acompañaron pero no ven luz al final del túnel. En lugar de eso, el presidente subió a sus redes un video animado en que se felicita a sí mismo. En un país en tensión, el oficialismo celebra en soledad.



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