En ocasiones, en los buenos momentos de una pareja, puede aparecer la oportunidad de que dos personas que tienen un vínculo emocional decidan emprender juntos. En un contexto donde muchos han elegido no ser empleados, sino crear la propia empresa, lo cierto es que aparecen casos de parejas que han decidido este camino porque logran complementarse a la hora de hacer negocios. Algunas, se transforman luego en empresas familiares y otras quedan en el camino porque los vínculos no son permanentes. Hay coyunturas que lo cambian todo: separaciones de hecho, divorcios, muertes y disolución. Ahora bien, ¿cómo se puede cuidar esa empresa constituida? ¿Qué se puede hacer en la dinámica previa para evitar confrontaciones jurídicas graves?
En estos temas se mete de lleno el libro recién publicado “Pareja y Patrimonio, asunto de besos y pesos”, escrito por la abogada y contadora rosarina Fernanda Fernández y el abogado porteño Leonardo Glikin. El tema había sido ya abordado en los años 90 por Leonardo, pero con los cambios sociales y culturales en los vínculos ha llegado el momento de volver a estudiar ese fenómeno. “La idea es mirar la pareja desde una perspectiva más amplia, no sólo como un vínculo de amor, sino como una sociedad de proyectos”, explican y añaden: “En definitiva, se busca tender un puente entre dos mundos que muchas veces parecen chocar, el de los sentimientos y el de los números”.
Negocios de La Capital dialogó con Fernanda para ver cuáles son las herramientas que pueden tener a mano las parejas para tratar de evitar futuros conflictos en las sociedades. “En líneas generales la gente emprende y después piensa en estos temas. Es cierto que no se puede prever todo, pero sí volcar en un documento los deseos profundos sobre esa empresa que se está creando. Y hacer acuerdos”, explica la abogada rosarina. Un punto que suele complicar estos acuerdos es que muchas veces en las parejas estos temas se esquivan, porque en una primera etapa no se quieren tocar cuestiones de patrimonio. Para Fernanda, el camino del diálogo es la clave: “No hay que postergar las charlas difíciles porque luego es peor, es importante ser honestos con lo que se quiere y lo que no”.
El valor moral de los acuerdos
Un punto importante en las negociaciones de pareja y sociedades es darles un lugar a los acuerdos de base moral, es decir, a la palabra dada. “Se habla mucho de los protocolos de empresas familiares, pero los acuerdos de pareja son tan importantes como los protocolos. Tienen que ver con la creación de espacios para el dialogo donde cada parte se hace responsable de esa relación y de sus acuerdos informales que tienen valor moral. Por supuesto que luego se puede plasmar en un documento legal”, explica. Ese es uno de los desafíos, porque este tipo de emprendimientos pueden luego escalar a empresas familiares de mayor tamaño, con hijos que luego pueden formar parte de la compañía, por lo cual será preciso tener las bases bien fundadas. Y Fernanda agrega que, si el crecimiento sigue y se transforman en grandes empresas familiares llegan también los terceros, como la familia política. Todo hay que contemplarlo cuando se empieza a crecer.
La conformación de una SAS
Cuando los “besos y pesos” se unen otro punto será definir qué tipo de sociedad se conforma, es decir, una Sociedad Anónima (SA), una Sociedad de Responsabilidad Limitada (SRL) o una Sociedad de Acciones Simplificada (SAS). Tanto Fernanda como Leonardo hacen consultoría de empresas y en estos casos recomiendan las SAS. Se trata de un tipo societario que se permitió en el 2017 gracias a la Ley 27.349 y que facilita crear empresas de forma ágil.
En el caso de las sociedades conformadas por parejas, el valor agregado de las SAS es que “tiene más flexibilidad, te permite ser dos socios en un momento, pero si la cosa no va podés luego seguir sóla o sólo. Esa posibilidad de cambiar la cantidad de socios es central. Si hay un divorcio, una parte puede comprar la otra. También se usa para testear nuevos emprendimientos”, puntualiza Fernanda.
El rol de los consultores en este tipo de empresas es “llevar adelante un proceso que ayude a los empresarios a construir esos acuerdos, porque hay que ordenar todo jurídicamente”, añade. Fernanda recomienda que una vez que la empresa escala, hay que “diseñar la estrategia de negocios, pensar qué hacemos con ese patrimonio, qué se hace con los hijos, los nietos, nueras y yernos. Porque las decisiones en la empresa traen consecuencias en el ecosistema de las familias. También hay empresas donde trabajan varios hijos, pero en roles y puestos diferenciados, puede ser uno el líder y otro no, o uno puede llevar 15 años trabajando y el otro no. Incluso puede haber también hijos de distintos matrimonios. El modo en que se ordena todo eso tiene su complejidad”. Y agrega un punto más: “Está bueno sentarse y hacer acuerdos porque esto excede lo material, el acuerdo es un organismo vivo, porque el tiempo transcurre y hay que ir adaptándolos”.
Evitar el juicio
Por último, la consultora advierte que “siempre está la posibilidad del incumplimiento del acuerdo y llegan los juicios, cuando ya nada tiene solución. Pero lo ideal es un camino preventivo, con el compliance como herramienta y llegar a acuerdos de pareja. Por eso el lugar del consultor será lograr conversaciones guiadas para desentrañar las necesidades de esa pareja”. El libro Pareja y Patrimonio se está presentando en la Feria del Libro en la Rural de Palermo en el stand de Cúspide hasta el 4 de mayo y fue editado por la Fundación Ross.