En los últimos 20 años, hubo 167 autoridades educativas en las 24 provincias del país. Para ese período, la estabilidad promedio de las máximas autoridades educativas provinciales fue de 3,3 años, una duración superior al promedio de los ministros nacionales de Educación de 2,8 años, pero inferior al mandato de 4 años que las 24 constituciones provinciales establecen para los 23 gobernadores y el jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Las provincias con mayor estabilidad de ministros de Educación fueron Córdoba y Tucumán: cada una tuvo 3 ministros en 20 años, con un promedio de duración en el cargo de 6,7 años. Luego aparecen Formosa y Misiones, con 4 ministros cada una y una duración promedio de 5 años. La que ha tenido menor estabilidad es Chubut, con 13 ministros: una duración promedio de 1,5 años. La siguen San Luis, Chaco y Tierra del Fuego, con 10 ministros cada una desde 2003.
Desde Nin a Debloc
Entre la segunda gestión de Jorge Obeid (2003/2007) y la del actual gobernador Omar Perotti (2019/2023), seis personas tuvieron la máxima responsabilidad en la gestión educativa. En las tres gobernaciones socialistas hubo tres ministras diferentes. Las dos administraciones peronistas también tuvieron tres cambios de gestión.
Dos gobernadores mantuvieron la misma ministra durante toda su gestión: Hermes Binner (2007/2011), con Élida Rasino, y Miguel Lifschitz (2015/2019) con Claudia Balagué. Esta última, actual diputada provincial por el socialismo, fue la funcionaria que más tiempo se mantuvo en el cargo. Inició su gestión en 2012, durante la gobernación de Antonio Bonfatti, y finalizó en 2019.
Obeid tuvo dos ministras, Carola Nin y Adriana Cantero; Bontatti, a Letizia Mengarelli y a Balagué; y con la asunción de Perotti, Cantero volvió a ocupar la oficina que había dejado al finalizar el mandato de Obeid, hasta que renunció en abril pasado, dejando su lugar a su segundo, Víctor Debloc.
En promedio, las máximas autoridades educativas santafesinas permanecieron en sus cargos un poco más de tres años, en sintonía con el promedio del país.
El informe destaca que la estabilidad de las autoridades en puestos de decisión suele ser necesaria para la sostenibilidad de las políticas públicas. “La duración en el cargo de los ministros conforma una experiencia indispensable para desarrollar una gobernabilidad efectiva y concretar con éxito la implementación de políticas”, explica el informe.
Aunque la estabilidad no garantiza una gestión exitosa, un mandato breve dificulta la implementación de reformas y puede considerarse un indicador de la seriedad con la que el Ejecutivo trata los temas de educación.
En este sentido, Mario Perna, ex ministro de Educación, Ciencia y Tecnología de Catamarca, destaca que “la permanencia suele ser uno de los indicadores considerados para dar cuenta de la sostenibilidad de una política pública, pero ello no implica per sé que la permanencia sea sinónimo de eficacia o eficiencia en las políticas del sector".
Para lograr una correcta evaluación, afirma, se deben poner en juego otros indicadores. Por ejemplo, "si efectivamente existe una política pública para el sector, si ella es acompañada por otros actores decisores y si hay voluntad política para poner a la educación entre sus prioridades”.
Tomando el conjunto de las provincias, destaca el informe, en los últimos 20 años hubo por lo menos un cambio de ministro por año. En general, los años con mayor rotación coincidieron con los de elecciones de presidente y gobernadores: 2007 (23 cambios de ministros provinciales), 2015 (18 cambios), 2011 y 2019 (16 cada uno). Los años con menos recambios fueron 2010, 2020 y 2023 (hasta julio), con una sola modificación.
El techo de cristal
El trabajo también indaga en la distribución de género de las máximas autoridades provinciales de educación. En este sentido, y pese a que la docencia es una profesión altamente feminizada, el 56,9% de los ministros provinciales han sido varones y el 43,1%, mujeres.
La cifra contrasta con el protagonismo indiscutido de las mujeres en la tarea educativa. De acuerdo a un relevamiento de la Unesco: el 94,6% de docentes de escuela primaria son mujeres, así como el 66,6% de directores de escuela secundaria. En otras palabras, la participación de las mujeres en cargos públicos de decisión es mucho menor que la que tienen en el sistema educativo.
La provincia con mayor proporción de mujeres ministras de Educación es Santa Fe (83,3%), seguida de Santa Cruz, Tucumán, Santiago del Estero y San Juan (67% cada una). La provincia con menor proporción de ministras desde 2003 fue La Rioja (20%), seguida de Formosa, Misiones y Neuquén (25%).
"Las transformaciones necesarias en educación son difíciles de implementar en un sistema tan amplio y diverso. Si el ministro o ministra de Educación no acierta en el contenido y la metodología a implementar suele ser el fusible y debe dejar el cargo. Por eso es tan frecuente, y los datos lo demuestran, que no finalice su periodo de 4 años de gestión. Esto va en detrimento de cualquier transformación perdurable”, analiza la ex ministra Balagué.
La diputada provincial celebra el hecho de que en Santa Fe "las mujeres hayamos sido mujeres las responsables del Ministerio de Educación en las últimas décadas. El siempre estudiado y mencionado "techo de cristal" hace que las mujeres no lleguemos a los cargos de mayor responsabilidad y poder de decisión, aunque el sistema todo esté mayoritariamente sostenido por mujeres".
Carola Nin estuvo al frente de la cartera educativa provincial entre 2003 y 2005, primeros años de la gestión de Obeid. Si bien valora positivamente la continuidad de las gestiones en materia educativa, destaca otros dos puntos que califica como prioritarios: una política pública sostenida en el tiempo, que incluso trascienda cambios de gobierno, y garantizar recursos económicos para desarrollar esas políticas.
“El ministro en general es un funcionario que está atado a la autoridad política, con lo cual va de lleno que puede haber movilidad ahí, por eso lo más importante es lograr la continuidad de las políticas a largo plazo. Por eso es fundamental enfocar el esfuerzo en lograr pactos educativos, entre diferentes partidos, que estén más allá de las políticas electorales. Me parece que ese es un punto clave”, explica.
Por otro lado, señala, “hay cuestiones que tienen que ver con los recursos, para que los ministros de Educación no terminen gestionando lo que deciden los ministros de Hacienda o Economía, porque cuánto se invierte es fundamental para los resultados de las políticas educativas”.
Para la ex titular del área, que Santa Fe sea provincia con mayor cantidad de ministras mujeres es un dato alentador. “De hecho es una profesión que mayoritariamente ejercemos mujeres. Pero también estaría bueno que podamos decidir en la asignación de recursos. En eso hay que avanzar un poco también”, concluye.