Casi veinte mil kilómetros separan a Argentina y Corea del Sur. Sin embargo, ni esa distancia insondable, ni el abismo idiomático impidieron que la cultura coreana esté más cerca que nunca. Entre el furor joven por el K-Pop (el pop coreano) y el éxito de series y películas coreanas como “El juego del calamar” o la prestigiosa “Parasite”, se conformó un verdadero círculo virtuoso que convirtió a la cultura coreana en un fenómeno global que tiene su propio nombre: “Hallyu", la ola coreana.
El pequeño país asiático del tamaño de la provincia de Chaco devino una de las principales usinas creativas del mundo. Por un lado, la industria del K-Pop, no para de producir bandas que se convierten cada vez más rápido en éxitos. Por otro, proliferan las producciones audiovisuales que, con un estilo estético y narrativo particular (denominado K-Drama), ganan cada vez más audiencia en plataformas como Netflix. Todo este combo se denomina K-Content (contenido coreano) y constituye nichos de consumo bien definidos. En Twitter, este segmento, que incluye las conversaciones sobre bandas, series y películas coreanas, creció un 546% en la última década, según informó la propia red social.
En Argentina, el fenómeno está consolidado. Cada vez más jóvenes estudian el idioma y aprenden a bailar, como si fueran profesionales, las coreografías de sus bandas favoritas. Jini, una youtuber de origen coreano que vive en Argentina desde niña, suma un millón y medio de suscriptores con sus videos sobre el intercambio cultural entre ambos países y sus clases gratuitas.
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K-Pop
El K-Pop no es un fenómeno espontáneo, sino el resultado de una fórmula perfecta que se viene puliendo desde los años noventa. La industria musical coreana ideó un modelo literalmente industrial de “Grupos de ídolos” (como se conocen en el país): se realizan audiciones sistemáticas para reclutar a los artistas, se los forma en distintas disciplinas y se los agrupa. El K-Pop se caracteriza por un espíritu alegre (letras optimistas y románticas, que mezclan estrofas en coreano con frases en inglés y a veces en mandarín) y la mezcla de géneros musicales que van del hip-hop al hardcore. Como se suele decir, más que un sonido en particular, el K-pop es una forma de hacer música.
Uno de los principales responsables del furor es la banda BTS, que desde 2013 viene rompiendo todos los récords de reproducciones y ventas. Con una década de trayectoria, los siete la siguen rompiendo, en grupo y por separado. Las carreras paralelas solistas de Suga o Jimin acumulan casi tantos seguidores como el conjunto, que mantienen unos sólidos 40 millones de oyentes mensuales en plataformas. El fenómeno creció tanto a nivel que se estableció un Día Internacional del K-pop: el 13 de agosto.
Otra de las bandas furor es Blackpink, el espejo de chicas de BTS. Hasta el día de hoy, son el grupo de mujeres de K-Pop más exitoso. Además de estas referencias fundacionales, y entre decenas de conjuntos que se multiplican sin parar, se destacan: EXO, StrayKids, TXT, Red Velvet, y IVE. El hit más reciente es NewJeans, la banda de cuatro chicas que se convirtió en el grupo de K-Pop que más rápido creció: en un mes sumó 20 millones de escuchas en Spotify.
Recientemente, el mundo del K-Pop (y el universo expandido del K-Content) fue noticia por su faceta más oscura. Moonbin, el joven de 25 que lideraba la banda ASTRO, se quitó la vida. El modelo serial de creación de estos grupos, sumada a la presión internacional por convertirse en el nuevo éxito del género, hizo que muchos jóvenes sufrieran consecuencias graves en su salud mental y algunos llegaran a límites irreversibles.
>> Leer más: Hallan muerto en su casa de Seúl a Moonbin, el cantante de la banda de k-pop Astro
K-Dramas y prestigio
Cuando “Parasite”, la película de Bong Joon-ho, se llevó la Palma de Oro en Cannes y arrasó en los Oscars en 2020, abrió el panorama internacional para la producción audiovisual coreana. Poco después, “El juego del calamar”, la serie sobre un particular juego de supervivencia, se convirtió en la más vista de la historia de Netflix con 1.65 billones de vistas. Ante semejante fenómeno, la plataforma no perdió tiempo y empezó a adquirir de a decenas el contenido del país asiático.
Muchas de estas series y películas responden a un género particular: el K-Drama. Si bien tiene muchos elementos que desde esta parte del mundo se pueden identificar como telenovelescos (como la centralidad de una historia romántica), se caracterizan temáticamente por afirmar valores como el respeto o la lealtad. En muchos casos, configuran críticas sociales muy interesantes y ponen insistentemente sobre la mesa temas como la salud mental (“Está bien no estar bien” y “El cielo te está esperando” son dos de Netflix que abordan el tema).
Aunque se las denomina dramas, muchas son comedias y muy divertidas. En este universo, “Aterrizaje de emergencia en tu corazón” fue una serie que pisó fuerte entre el público argentino. La trama es un poco tirada de los pelos y por tanto irresistible para curiosos: una joven que viaja en parapente es atrapada por una tormenta y termina en Corea del Norte, país en perpetuo y hostil conflicto con su par del sur. Después de ser perseguida, la chica entabla un vínculo amoroso con un oficial norcoreano. Una yapa: si se quiere conocer más de cerca el vínculo entre las Coreas, desde una mirada argentina, es altamente recomendable el documental “La chica del sur”, de José Luis García.
Aterrizaje de Emergencia en tu corazón | Temp 1 | Tráiler Netflix serie coreana
Con una impronta más occidental, “Woo, una abogada extraordinaria” fue otro éxito y una de las más elegidas a nivel global en Netflix en 2022. Además de los K-Dramas, hay producciones de acción, fantasía y ciencia ficción, como la reciente “Jung-E”, una película distópica escrita y dirigida por Yeon Sang-ho, autor de la megapopular “Estación zombie”.
Para los más cinéfilos también hay. El éxito de “Parasite” permitió que otros grandes nombres del cine coreano lleguen a plataformas Lo que antes era un nicho para los más cinéfilos, ahora tiene una recepción más amplia en el circuito comercial. O algo así. Por ejemplo, “Burning”, de Lee Chang-dong, tuvo su paso por Netflix. “El huésped” y “Okja”, de Bong Joon-ho, cobraron notoriedad en la plataforma después de los Oscars para su autor. La serie de “Snowpiercer” se concretó después de que el propio Bong hiciera una adaptación previa con elenco estadounidense. Como contracara, “Decisión de partir”, la última película de Park Chan-wook (autor de clásicos contemporáneos como “Oldboy”) no tuvo estreno en salas en Argentina.
La ola coreana, “Hallyu" en su propio idioma, cruzó el globo y se asentó sólidamente en territorio argentino. Además de bandas para adolescentes o productos comerciales, Corea del Sur ofrece una batería de productos culturales para todos los públicos y todos los gustos, en la que vale la pena ahondar sin prejuicios.