El cuarto congreso extraordinario convocado por la conducción nacional del
Partido Socialista quedó sepultado bajo insultos, palos, sillazos, trompadas, patovicas y exaltados
militantes de dudosa procedencia socialista. Luego de dos horas de tensión, pasado el lluvioso
mediodía de ayer en Costa Salguero, Eduardo Di Pollina (responsable a esa hora de toda la tropa del
sector oficialista y mayoritario) , al verse superado por el clima de violencia que repudió,
decidió evitar males mayores y concedió la suspensión al sector K por falta de elementales
garantías. Era los que los K fueron a buscar.
Al nuevo Congreso del PS lo había convocado el sector oficialista con un
objetivo puntual: intervenir el distrito de la provincia de Buenos Aires —previa reforma de
la carta orgánica del partido, que hasta hoy no lo permite— y desplazar al sector
kirchnerista que por ahora lo domina.
Rompan todo. Cuando la política se termina, aparece la violencia. Al cabo, la
consecución política por otros medios. El diálogo interno entre sectores antagónicos del Partido
Socialista se fue apagando en 2007, hasta interrumpirse por completo en 2008. "¿Existe algún
diálogo o instancia de negociación abierta?", preguntó LaCapital en los días previos al fallido
congreso de ayer, a representantes de los sectores mayoritarios y minoritarios. La respuesta fue
que nadie hablaba con nadie, y desde hacía bastante tiempo. No fue difícil imaginarlo, el choque
estaba cerca.
Rubén Giustiniani, presidente del partido, y todo su sector, están convencidos
de que la adhesión al kirchnerismo del sector mayoritario de la provincia de Buenos Aires es parte
de un plan del gobierno para fracturar al PS. Por lo tanto —piensan los dirigentes
oficialistas— para evitar que el mal kirchnerista enferme a toda la organización, debe ser
extirpado de la orgánica del partido de la rosa.
El sector oficialista llegó temprano a Costa Salguero y comenzó a acreditar a
sus congresales de todo el país. Acreditó cerca de "500 congresales", aunque el grupo disidente
comentó: "No tenían más de 250 congresales, la gente no les vino". A las 10 de la mañana llegó la
barra K de la provincia de Buenos Aires, con el diputado nacional Ariel Basteiro como referente
principal. Eran unos doscientos, entre congresales y militantes. Los golpes, vidrios rotos e
insultos comenzaron pronto. Ambas partes aducen que la violencia la empezó el otro.
"Vinieron a romper todo, con palos, muchas caras exaltadas que nunca vimos, con
olor a alcohol, era una barra brava", aseguró Di Pollina, que puso la cara en medio del descontrol
generalizado, parlamentó en dos oportunidades con Basteiro y decidió suspender para proteger la
integridad física de todos los presentes.
La decisión de levantar el congreso llegó pasadas las 12,30 y fue testificada
por los veedores judiciales presentes. Según contó Di Pollina, "los bonaerenses pretendían
acreditar afiliados que no eran congresales" y, según Basteiro, llevaron120 congresales a los que
no dejaban entrar". Eso derivó en gritos, insultos y las mesas receptoras de acreditaciones
desparramadas por el piso, en más de una oportunidad.
El sector mayoritario del PS acusó ayer, luego de la suspensión, directamente al
gobierno nacional de urdir una maniobra violenta para provocar la suspensión del congreso. La
presencia en el lugar de Oscar González, secretario de Relaciones Parlamentarias de la Jefatura de
Gabinete de Ministros y dirigente histórico del PS, junto a los congresales bonaerenses, "confirma
la responsabilidad" de la Casa Rosada, entienden desde el oficialismo socialista.
Para González, por el contrario, "no fue un congreso, sino una burda puesta en
escena para encubrir la usurpación del socialismo bonaerense y liquidar así una larga tradición de
partido de izquierda, laico y progresista, para convertirlo en una fuerza fundamentalista,
dogmática y autoritaria".
Pasado el aciago mediodía socialista, los K celebraron y denunciaron que "el
senador Giustiniani fracasó en su intento de intervenir el distrito bonaerense de esa fuerza y
debió suspender un llamado congreso extraordinario después de que un conjunto de patovicas
contratados por la conducción nacional hirió a tres congresales bonaerenses que intentaron ingresar
al recinto de deliberaciones".