Política

Identificaron los restos de un militante rosarino asesinado en la dictadura

Se trata de Gustavo Bruzzone, secuestrado el 19 de marzo de 1977 y que cayó en un enfrentamiento fraguado cinco días más tarde. Fue enterrado como NN en el Cementerio La Piedad.

Martes 01 de Julio de 2014

La Secretaría de Derechos Humanos informó hoy que el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) identificó el cuerpo de Gustavo Ramón Bruzzone, militante santafesino desaparecido durante la última dictadura.

Bruzzone fue secuestrado en Rosario el 19 de marzo de 1977, pero cinco días después cayó en un enfrentamiento fraguado y fue enterrado como NN en el Cementerio La Piedad, lugar donde comenzó a trabajar en 2011 el EAAF, en articulación con la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas.

Se comenzó identificando primero las inhumaciones NN entre 1976 y 1983 para confirmar cuáles fueron muertes violentas, como así también conocer la constancia en los registros de una intervención del Comando del II Cuerpo de Ejército o de la policía, indicó la Secretaría en un comunicado.

A partir de esa investigación se comprobó que cinco días después de su detención, Bruzzone fue sacado de El Pozo -el centro clandestino de detención que funcionó en el ex Servicio de Informaciones de Rosario- junto a otros dos detenidos y que los tres cayeron en un falso enfrentamiento en Córdoba al 5600.

La investigación se encuentra a cargo del Juzgado Federal Número 4 de Rosario y la Unidad Fiscal de Coordinación y Seguimiento de las Causas por Violaciones a los Derechos Humanos que efectúa un relevamiento y seguimiento constante de las causas, cualquiera sea su estado procesal, en las que sean investigados hechos vinculados con la violación de los derechos humanos durante la última dictadura.

A sus 22 años, Bruzzone era un gran ajedrecista y militaba en la Juventud Universitaria Peronista (JUP) cuando fue secuestrado: ese 19 de marzo salió de su casa para buscar su Citro‰n 3CV que había quedado en reparación en un taller mecánico y desde aquel día su familia no volvió a saber de él.

Por otra parte, restos óseos descubiertos en una fosa común en el paraje denominado Pozo de Vargas fueron identificados como pertenecientes a Enrique Alberto Sánchez y Hernán Eugenio González, dos jóvenes tucumanos secuestrados en 1976, cuyos casos figuran en la causa como pertenecientes al expediente “Arsenales II-Jefatura II” del Juzgado Federal número 2, a cargo de Fernando Poviña.

En esa causa se llevó a cabo un juicio oral, que culminó con el dictado de sentencia el 13 de diciembre pasado con la condena de 37 de los 41 acusados: si bien la Fiscalía había solicitado prisión perpetua para 33 de los acusados y penas de entre 4 y 25 años para los otros 8 imputados, sólo cuatro recibieron la pena máxima, mientras que el resto recibió condenas de entre 2 y 20 años.

González fue secuestrado por un grupo armado, el 17 de septiembre de 1976, en los pasillos del Hospital Padilla, cuando iba a rendir un examen de Semiología de la carrera de Medicina de la UNT, según consta en la acusación que presentó la fiscalía.

En tanto Sánchez, conocido como Villita, quien estudiaba Bioquímica y era delegado de tercer año de la carrera, fue secuestrado de la casa que compartía con su mujer y su hijo pequeño, en Ecuador al 1000, el 14 de septiembre de 1976, por un grupo de personas armadas que se identificaron como efectivos de la Policía Federal.

De acuerdo con los testimonios brindados durante la megacausa, González fue llevado al centro clandestino de detención que funcionaba en la Escuela de Educación Física de la UNT, mientras que Sánchez fue trasladado al galpón del Arsenal Miguel de Azcuénaga, en Tucumán, donde fue visto e identificado entre los detenidos clandestinos por testigos que declararon en la causa.

La de Pozo de Vargas es una fosa común, que funcionó durante el terrorismo de Estado en la capital de Tucumán como lugar ilegal de enterramiento de desaparecidos asesinados por la dictadura: se encuentra sobre la avenida Francisco de Aguirre al 4200, a unas 60 cuadras del centro de la capital provincial.

Desde España, donde reside actualmente, Carolina Meloni González, hija de uno de los desaparecidos cuyos restos fueron identificados, envió una carta que se difundió en la prensa y en la que expone los sentimientos al conocer que su padre había sido reconocido. “Llevo ya unos días buscando las palabras, las ideas y pensamientos para poder realizar un humilde homenaje a tu memoria” y “debo confesar que me resulta tan difícil dar forma a tantos sentimientos, a tanta tristeza, a este dolor casi infinito”, expresó. (NA)

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