Política

El peronismo, intacto y prudente, mostró alegría en las calles porteñas

En autos y otros vehículos salieron a mostrar lealtades por partida doble: a su líder histórico y la dupla Alberto-Cristina

Domingo 18 de Octubre de 2020

Aún con la pandemia asolando en la calle y con un sofisticado ataque de hackers sobre el sitio de convocatoria virtual, “75 octubres”, de todos modos, el peronismo se expresó, hizo ruido, evocó y disfrutó de su fecha fundacional, el 17 de octubre, Día de la Lealtad.

Millones, desde sus teléfonos, trataron de colocar su avatar en la Plaza: la mayoría no lo consiguió porque desde al menos cuatro plataformas internacionales atacaron de manera simultánea al sitio web diseñado por los organizadores, dejando al “75 octubres” fuera de juego durante la mayor parte de la jornada. Un dirigente comentó ayer a este diario, “era obvio que podía pasar ¿o nos olvidamos de la campaña de Cambridge Analytica junto a Facebook en 2015, con noticias falsas contra Cristina?” La campaña fue acreditada, años después, por el propio parlamento británico.

En las calles de Buenos Aires, en contrario, esa maquinaria política aluvional, el peronismo, volvió a reinventar su fiesta. Aunque fueron decenas de miles, al cabo un número módico, en relación a la capacidad habitual de movilización del movimiento nacional popular; cuando no acecha la restricción sanitaria.

El punto más buscado por los vehículos embanderados con las caras de Perón, Evita, Néstor y Cristina Kirchner fue la Plaza de Mayo, ese sitio mítico donde hace 75 años empezó todo. Sin embargo, no todos llegaron a la plaza. La extraña modalidad del automóvil subvirtió un orden natural de los actos peronistas: el cuerpo a cuerpo, hermanado en cantos y consignas, exultante y sudoroso se expresó esta vez con variaciones, desde los autos. Las bocinas se mezclaron con la marcha peronista sonando desde improvisados sistemas de sonido sobre los techos, donde no faltó música variada: de Soledad Pastorutti a la cumbia urbana.

El peronismo mandó una “delegación” acotada, en autos, al centro y varios barrios de Buenos Aires. Y se guardó el grueso de sus adherentes para un mejor momento. Sin embargo, volvió a mostrar su alegría inclaudicable, un fuerte apoyo a Alberto Fernández (la consigna que más se cantó, “Alberto presidente”), y ratificó la solidez del vínculo del Frente de Todos con su electorado.

Coyuntura dura

Aun en la coyuntura durísima, los peronistas están a la espera de que el presidente active el sentido último de todo gobierno popular: sacar al país del pozo y que vuelvan los días felices.

Las caravanas peronistas funcionaron a modo continuado, por la mañana, con impronta sindical —impulsada por Camioneros— y por la tarde, con manifestantes sueltos. Siempre con un recorrido parecido, en el área del Obelisco, Diagonales, Sur y Norte, Avenida de Mayo y Plaza de Mayo.

Como Lisandro, profesor de la Universidad de Tres de Febrero y maratonista, ayer se armó un circuito de trote por las avenidas del centro y mientras corría, saludaba con los dedos en V a la multitud de los autos. O el militante que circulaba con un Corsa gris de tres puestas, que no dudó en pintar una consigna urgente sobre un lateral de su Chevrolet: “volteame la web que me subo al auto”, en alusión al ataque cibernético sobre el sitio “75 octubres”.

Hubo ayer en Buenos Aires, también, un alivio para los adherentes y militantes del campo nacional y popular. Después de media docena de actos y movilizaciones opositoras, marcadas por la narrativa del odio y las agresiones verbales hacia la figura de la vicepresidenta y el peronismo en general, el kirchnerismo peronista recobró la calle con su estética inclusiva.

Centenares de familias con niños menores, en sus autos, flameando banderas por las ventanillas, tocando bocinas, y sintiendo una reparación para el alma y para el ánimo: volver a la calle.

Como Manuel, un joven de no más de 20, que disfrutó desplazarse por las avenidas con su “vehículo”, un moderno monopatín, eléctrico, pequeño. A pura sonrisa, Manuel gambeteaba autos, mientras en su mano libre llevaba una “caña” donde sostenía su celular. Que obviamente no paraba de filmar su propia road movie, festiva, militante, peronista.

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