POLICIALES

Tirador de Los Monos fue condenado a 17 años de prisión por cuatro atentados a objetivos judiciales

Claudio "Churro" Canavo aceptó esa pena por balaceras a blancos del Poder Judicial concretadas entre julio y agosto de 2018, y por el crimen de un albañil

Sábado 29 de Mayo de 2021

Con la hoja de ruta de los ataques trazada en mensajes de WhatsApp, un tiratiros a la orden de Los Monos fue condenado a 17 años de prisión por cuatro balaceras a edificios ligados al Poder Judicial que se concretaron entre julio y agosto de 2018. Fueron parte de la saga de 14 atentados que sacudieron la ciudad aquel invierno, cuando los principales referentes de la organización acababan de ser condenados tras un largo juicio oral. La pena fue aceptada por el acusado en un juicio abreviado y abarca un homicidio por un pleito vecinal cometido en septiembre de ese año.

Claudio Nahuel Canavo, de 23 años, asumió así la autoría de un homicidio agravado, la portación ilegal de un arma y cuatro hechos de amenazas coactivas que tuvieron como propósito obtener alguna concesión del poder público. Es la lista de delitos por los que los jueces Rodolfo Zvala, Nicolás Vico Gimena y Rafael Coria dictaron la condena. La pena había sido acordada entre el fiscal de Homicidios Adrián Spelta y el defensor particular Leopoldo Monteil.

Los atentados que asumió Canavo son parte de la serie de balaceras que se le atribuye haber ordenado desde la cárcel a Ariel "Guille" Cantero, condenado como uno de los líderes de Los Monos, quien por entonces intentaba presionar a la Justicia preocupado por tres asuntos: su traslado a una cárcel federal fuera de la provincia, la causa federal conocida como "Los Patrones" en la que un año después fue condenado por narcotráfico; y la revisión de la condena del juicio de Los Monos por asociación ilícita que debía analizar la Cámara Penal.

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Desde el primer episodio que sacudió la cuadra de Italia al 2100, del que hoy se cumple tres años, los atentados se fueron repitiendo con un vértigo que parecía fuera de control. Para fines de agosto ya eran más de diez las propiedades baleadas en los que habían vivido funcionarios que investigaron a Los Monos o edificios judiciales.

Una investigación centrada en la intervención a celulares desnudó, sobre fin de ese año, cómo esos ataques habían sido orquestados a través de dos células que respondían a Cantero. Una de ellas con base territorial en barrio Tablada y liderada por Daniel “Teletubi” Delgado, uno de los condenados por el triple crimen de Villa Moreno. Otra dirigida Matías César en los barrios Alvear y Bella Vista.

De ambos recibía indicaciones la novia de César, Lucía Uberti. En febriles mensajes por audio (llegaron a ser 500 por día) esta chica de 24 años se ocupaba de la logística de los ataques. Ordenaba disparar, repartía armas y municiones o garantizaba la movilidad. Una de las personas que recibía instrucciones de Uberti era “Churro” Canavo.

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El primer atentado que concretó Churro fue el 27 de julio de 2018 a la 0.40 contra el edificio “Marisol”, de Dorrego 1615. Llegó acompañado de otro joven que lo esperó en una moto. Dejó en la puerta un cartel advirtiendo que “con la mafia no se jode” retrocedió unos pasos y efectuó al menos 17 disparos calibre 9 milímetros que causaron daños en la puerta, paredes del hall y el acceso a un estudio contable de la planta baja. Años atrás había residido allí la familia de la jueza Marisol Usandizaga, quien integró el tribunal del juicio a Los Monos.

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El edificio de Dorrego al 1600 donde supo vivir la jueza Marisol Usandizaga fue blanco de los tiros el 27 de julio de 2018.

El edificio de Dorrego al 1600 donde supo vivir la jueza Marisol Usandizaga fue blanco de los tiros el 27 de julio de 2018.

El siguiente atentado también tuvo a Usandizaga como blanco. Fue el 4 de agosto de 2018 a las 2 de la madrugada en un edificio de avenida Libertad 370 donde había residido la familia de jueza hasta el año 2001. De la pesquisa surge que Uberti comenzó a coordinar el ataque desde las 14 de la tarde anterior, tras recibir una lista con ese domicilio marcado por una flecha color violeta.

“Escuchame, ahora están saliendo los pibes para allá. Dale, activen así se distrae la gorra con los dos lugares”, le dijo Uberti a “Churro” Canavo a la 1.30, aludiendo a otro ataque que se dio en simultáneo esa madrugada en el edificio del Centro de Justicia Penal, adonde dos tiradores en moto actuaron con el auto de Uberti como apoyo y una misma pistola 9 milímetros usada en otros ataques de la saga.

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Mientras tanto Canavo y otras cinco personas llegaban en tres motos en contramano frente al edificio de barrio Martin. Luego de dejar el cartel de la mafia que fue marca registrada de estos ataques efectuó al menos diez disparos el frente. En las charlas previas, se detectó que Canavo le pidió ayuda a Uberti para no regresar con el arma en la moto: “¿No me podés hacer el favor de llevarme a mí con la pico (pistola)? Los pibes van en la moto y después que se descuelgue uno y se vuelve con nosotros con la pico en el auto”. Ella respondió que estaba en Tablada y no contaba con su auto.

El siguiente blanco fueron dos casas de Tarragona al 700 bis. El 26 de julio, Uberti recibió de César otra serie de imágenes con domicilios de juezas ligadas al trámite de la causa Monos. Uno de ellos vinculado a la camarista Carolina Hernández, que debía revisar las condenas a la banda. Canavo fue el encargado de ir a tirar a ese lugar pero se confundió y gatilló a la altura del 700 bis y no al 700 durante la medianoche del 4 de agosto. Fueron ocho disparos con calibre 9 milímetros y un proyectil impactó en el living de una casa.

La última balacera en la que Canavo asumió haber dejado su huella fue del 10 de agosto en Buenos Aires 1729, el último ataque destinado a la jueza Usandizaga ya que allí vivía su padre. La dirección estaba señalada en una lista enviada por Guille a Teletubi, quien le indicó a Lucía que se lo encargara a Canavo. Con una indicación específica: esta vez debían dejar un cartel con la leyenda “dejen de meter en cana giles”.

Lucía le explicó a Canavo que debía ir entre la 1 y las 2 de la mañana por tratarse de un jueves frío con poca gente en la calle. Le envió una foto de una base de datos con domicilios donde el de Buenos Aires casi Pellegrini estaba destacado con un círculo. Le dijo que dejar el papel era lo principal. “Andá ahí, que a la tarde estuvieron unos pibes. Lo iban a hacer ellos y al final no lo hacen. No hay nadie. Dice el pibe que está regalado. El de Pellegrini es un golazo”.

Canavo se encargó de escribir la nota. En un mensaje jocoso le hizo saber a Lucía una ocurrencia que tuvo para mejorar el mensaje: agregarle la expresión “porque va a ser peor”. A los pocos minutos de risas compartidas mandó una foto con el cartel terminado: “Dejar de meter pibe preso. Porque va hacer peor”, decía el letrero hallado a la mañana sobre una maceta en el edificio atacado con cinco disparos 9 milímetros.

Al día siguiente, Lucía se ocupó de supervisar el trabajo. “¿Le mandaste pistola anoche?”, preguntó, intercalando en el texto el dibujito de un arma. Canavo confirmó y ella respondió: “Ahí miro el diario”. Un rato más tarde, antes de gestionar el pago por el trabajo, le pidió que le precise la dirección exacta porque con tantos sitios a los que atacar estaba confundida. “Buenos Aires y Pellegrini, la que vos me dijiste”, respondió Canavo, e hizo alarde de su eficiencia: “Sino vamos en tu auto que te muestro los corchazos, amiga, me extraña”.

Un crimen en el historial

El sábado 8 de septiembre de 2018, Marcelo Alejandro Alvarez estaba en la casa de su hermano en Rodríguez al 4100. Había ido a festejar el cumpleaños de su cuñada. En un momento de la tarde, el hombre de 29 años discutió con un hermano de la mujer al que acusó de haber robado unos pájaros que sus abuelos criaban en el patio. Le pegó una cachetada, el muchacho se fue tirando piedrazos por los techos y prometió volver con unos “piernas”.

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Al rato regresó en compañía de dos o tres personas. Según varios testigos, entre ellos estaba con un arma Claudio “Churro” Canavo, al que conocían por su segundo nombre de Nahuel. Contaron que éste preguntó “¿quién es el que se hace el guapo?”, encaró a Marcelo y luego de un forcejeo le disparó al albañil en el abdomen. Álvarez murió en el Heca, en tanto que Carlos Fabián A. fue herido sin gravedad en el tórax. La condena aplicada a Canavo incluye la autoría de este crimen.

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