Policiales

La historia de una pareja que terminó desnudando la trama de atentados contra el Poder Judicial

Lucía Uberti y Matías César fueron detenidos días atrás y sobre sus espaldas recaen acusaciones por cometer ataques ideados por "Guille" Cantero.

Domingo 04 de Noviembre de 2018

El 4 de agosto a las 11 de la mañana hubo una reunión espontánea en el Centro de Justicia Penal de Rosario. Unas horas antes seis personas en moto con los cascos puestos habían reventado con ocho balazos un blindex de la fachada que da a calle Rueda y Sarmiento de ese mismo edificio. Adentro, en una oficina del primer piso, seis personas pasaron cinco minutos sumergidas en un desmoralizador silencio propio de los momentos en los que no hay nada que decir. Eran el gobernador Miguel Lifschitz; su ministro de Justicia, Ricardo Silberstein; el de Seguridad, Maximiliano Pullaro; la intendenta Mónica Fein; el fiscal general Jorge Baclini y el fiscal regional Patricio Serjal. Era el décimo atentado sin esclarecer en 60 días contra objetivos ligados al Poder Judicial o a sus funcionarios.

Mientras quienes estaban en el Centro de Justicia Penal padecían el estrago de la incertidumbre, la de una ciudad zarandeada bajo un descontrol anónimo e inédito, a veinte cuadras de allí un grupo de chicos consultaba desde sus celulares noticias sobre balaceras, se pasaban capturas de imágenes alusivas de los diarios y subían a sus perfiles en redes sociales fotos con armas y con epígrafes que, textualmente, decían: "¿Qué pasa?", "¿Nos tienen miedo?", "Le damos fuego a todo el mundo", "No nos para nadie".

El jefe y la pareja

Con el aliento recobrado por una investigación que les parece concluyente, los equipos de fiscales que trabajaron el caso y funcionarios del gobierno no terminan de creer, dando una mirada retrospectiva, que un grupo de personas que no superan los 24 años hayan tenido a la ciudad en un puño. Hoy tienen imputado como autor ideológico de siete de los atentados a Ariel "Guille" Cantero, que había sido trasladado a una cárcel fuera de la provincia de Santa Fe luego de recibir una condena a 22 años de prisión en abril pasado como líder de la banda de Los Monos. Los fiscales señalan que estos hechos fueron parte de "un plan sistemático para desestabilizar las instituciones del sistema penal, quebrar el orden público y lograr con esa conmoción un clima propicio para negociar el retorno de «Guille» a una cárcel de Rosario".

Durante cuatro meses una red de jóvenes se dedicó con fantasmal precisión a llenar de balazos viviendas que habían pertenecido a jueces que actuaron en causas donde Los Monos fueron condenados. En la organización de estos ataques, según los fiscales, fueron centrales un muchacho y una chica nacidos a fines de los 90. Ambos son descriptos de modo idéntico: personalidades impetuosas, incansable compromiso para concretar los planes propuestos, liderazgo basado en un fuerte carisma, afectuosos con sus seguidores y contenedores en las malas. Se llaman Lucía Uberti y Matías César. Ella tiene 24 años y él 19. Los estaban investigando por separado, sin ninguna sospecha que tuvieran alguna conexión. Pero los encontraron juntos, imprevistamente, mientras dormían en la habitación de una casa de barrio Acíndar, en Winter al 200.

"A Lucía Uberti y Matías César los investigaban por separado, pero los encontraron juntos y así la pesquisa tuvo sentido"

Llegar a ellos fue abrir la caja que resolvió el destino de la causa. Todo pasa por esa pareja. Y la sorpresa de la investigación es que estén en pareja. Los fiscales tenían a dos grupos aislados territorialmente y bien delimitados en los partes de inteligencia actuando en los ataques a casas de jueces. En uno, de Tablada, asomaba como cabeza Matías César. Al otro, de barrio Alvear, lo conducía Lucía Uberti. "Teníamos a todos por separado pero nos faltaba una unión. Encontrar a los dos líderes juntos fue el puente inesperado que nos conecta a todos los actores de la trama", dijo un investigador del equipo de fiscales.

Contactos diarios

La cama en la que dormían Matías César y Lucía Uberti produjo la unión de esos dos campos que el análisis reticular, que es un trabajo de algoritmos con tecnología informática que expone y reconstruye las relaciones entre grupos, no había podido descubrir. A partir del contenido de los teléfonos secuestrados el camino del esclarecimiento quedó despejado.

La memoria de los celulares demostraba que Matías tenía una relación de comunicación diaria por Whatsapp, fluida y sin intermediarios, con "Guille" Cantero, quien pasaba las direcciones a atacar. El vínculo de Lucía era con Daniel "Teletubi" Delgado, uno de los condenados por el triple crimen de la Villa Moreno, que ahora está acusado de instigar desde la cárcel estos mismos ataques. "Teletubi" y "Guille" compartieron el pabellón 7 de Piñero hasta fines de mayo. Acá se confirmaba, una vez más, el histórico lazo entre Los Monos y el grupo que produjo la matanza de tres militantes sociales en Moreno y Presidente Quintana en 2012.

Lo que desnuda la unión de Lucía y Matías es la trepidante historia de dos jóvenes que venían de mundos diversos pero que se propusieron ganar influencia, construir sus relaciones y hacer carrera en el campo criminal. No es una deducción sino que ellos mismos lo dejan dicho en sus smartphones. Y en las constelaciones de sus vínculos se notan prototipos interesantes de una delincuencia urbana contemporánea con rasgos reiterados. Una inclinación al uso permanente de armas de fuego, apego a figuras rituales de la contracultura del delito como Pablo Escobar y San La Muerte y una vocación indómita de hacer público ese secreto compartido en las pantallas de teléfonos y redes sociales. Con esto último terminaron generando las pruebas contra ellos mismos que significó su derrumbe.

En las fotos y los textos recogidos en la pesquisa se ven también los valores de jóvenes ahora detenidos por estos hechos, que se sienten vinculados por lazos de pertenencia y cariño, lo que refuerzan en esos textos donde se prometen crecer y se gratifican ante el poder que experimentan mientras los atentados se reiteran ante ellos. Chicos que parecen conscientes de tener vidas veloces y que descubren en sus expresiones nociones sobre el éxito, una relación ambigua de atracción por la violencia pero también de repulsión al tipo de violencia que sufrieron en sus zonas de una policía que detestan, como también detestan a los delatores, al imperdonable grupo de los que "baten la cana".

"Lucía siempre fue una chica desenvuelta, de carácter, seductora y con el coraje para ingresar al hampa juvenil"

¿Quiénes son?

Matías proviene de una familia de Tablada vinculada al delito y enemiga de los Cantero. Su tía Norma César y su primo Nahuel César fueron asesinados a tiros el 28 de mayo de 2013 como venganza de Los Monos por el crimen de Claudio "Pájaro" Cantero, el jefe del clan de barrrio La Granada muerto dos días antes. Por eso al principio los investigadores pensaron que Matías se entreveraba en los atentados a jueces con fines de revancha, para que les atribuyeran los hechos a los Cantero. Pero no fue así. Simplemente eligió una sociedad con los que habían sido enemigos de su familia. Fue así que su primo Milton César lo acusó de traidor y, en un mensaje telefónico recuperado por los fiscales, le prometió desquitarse.

La historia de Lucía es bien distinta. Creció en la zona de Doctor Riva al 3700, hija de la propietaria de un almacén y con un padrastro policía, en el seno de una familia integrada y destinataria del aprecio barrial, donde la recuerdan como una chica desenvuelta, con carácter, seductora y muy preocupada por estar a la moda. A los 20 años se puso en pareja con Gino C., un joven aficionado a las artes marciales, medalla de bronce en judo en los Juegos Panamericanos Juveniles de El Salvador de 2008, que alternaba entre trabajos formales y robos a viviendas sin sus ocupantes presentes. Desde esa relación, en la que tuvo un hijo, Lucía fue adentrándose en el terreno de un hampa juvenil en el que, comprobaron los fiscales, buscó el contacto directo con líderes como trampolín personal.

Contactos con el hampa

Lucía frecuentó el ambiente del hampa y construyó su imagen en afters y bares nocturnos como Roma, de Tucuman al 2000; Club Fire, de Oroño al 4700; o La previa, de Buenos Aires al 2400, y Berraco. Desde allí y con los conocidos de su ex pareja armó contactos que le permitieron conocer a "Teletubi" Delgado, a quien empezó a visitar en la cárcel de Piñero.

Lo que notan los investigadores a partir del abrumador tráfico de mensajes de los celulares secuestrados —y no ya de escuchas telefónicas, que pierden relevancia— es que Lucía va edificando su rol de organizadora de acciones violentas que les delegan los autores ideológicos desde la cárcel.

Lo hace a partir de combinar fuerte capacidad de seducción y don de mando. Es ella quien en febriles mensajes por audio (llegan a ser 500 por día) da cuenta del manejo de logística e información sobre comercio de drogas, ordena disparar o amenazar para cobrar deudas, lleva en su auto las armas con las que se cometerán atentados contra objetivos del Poder Judicial, escoge a los tiradores distribuyendo los lugares a los que deben dirigirse y sus roles y hasta baja instrucciones sobre qué deben decir los carteles intimidatorios que son dejados en los sitios atacados los que, como rasgo indiciario potente, coinciden en sus directivas con los cartones encontrados. "Con la mafia no se jode", decía el encontrado en el Centro de Justicia Penal el 4 de agosto.

Los fiscales Miguel Moreno, Matías Edery, Aníbal Vescovo y Nicolás Foppiani notaron en ella una vehemencia y una capacidad organizativa enormes. "También una autoridad construida desde el afecto hacia las personas que comandaba, que se vio claramente en la audiencia del 12 de octubre pasado en la que fue acusada, cuando ella abrazaba, hablaba y tranquilizaba a los imputados más jóvenes, que se quebraban en llanto cuando notaban el peso de la prueba reunida contra ellos", dijo un investigador del equipo de fiscales.

Poco inteligente

Toda esa destreza organizacional de Lucía no necesariamente equivale a inteligencia. "Lucía dejó por escrito o en archivos de audio todo lo que permitió que la acusáramos. Nos facilitó mucho el trabajo". En la memoria de su teléfono, que fue decisiva para imputarla por las balaceras, dicen los investigadores que hay indicios solventes de la conformación de su carácter. De cómo se vincula con personas y construye relaciones a partir de un acatado don de mando, pero también de su sentido de la amistad, de su capacidad de contención. Se nota también que en determinado momento ella toma la opción de acercarse a Matías César lo que implica pelearse con su grupo original: Leonel Fernández, Damián "Colombianito" Chávez y Claudio Canavo, del riñón de Los Monos, todos imputados como ejecutores de atentados a jueces.

"Yo les tenía miedo a los narcos y ahora les doy órdenes a ellos", dice Lucía en uno de sus mensajes, una meditación implícita sobre su propia transformación. Los investigadores se preguntaban, cuando buscaban a Matías César, quién era esa chica que aparecía en todas las fotos de los celulares incautados en la cárcel de Piñero en abril. "La queríamos encontrar pero nunca imaginamos que iba a tener ese rol". Un papel que ella es consciente de que puede ponerla en peligro y, sobre todo, en qué flancos frágiles. "Díganle a la abogada que haga desaparecer el S7 porque vamos todos en cana", dice en referencia a un celular Samsung finalmente encontrado, que contiene, como se preveía, prueba decisiva en su contra.

Investigación solvente

La investigación detectó la autoría ideológica de un plan, sus propósitos, modos de concreción y a buena parte de sus autores. La exposición de las evidencias, hecho por hecho, fue un mazazo para las defensas, que en casi seis horas de audiencia casi no contestaron, algo infrecuente. La investigación luce solvente medida por sus resultados: una decena de imputados detenidos, 190 allanamientos que derivaron en una fuerte carga de prueba y episodios que no volvieron a repetirse, y que sumergían en sensaciones de derrumbe a las autoridades locales, desconcertadas por la acechanza fantasmal de ataques reiterados e inéditos: nunca en Argentina hubo una secuencia de atentados seriales donde el objetivo fue atacar a una institución del Estado, el Poder Judicial, por imponer sanciones contra una banda criminal.

A veces a una investigación encaminada no le viene mal la ayuda de la suerte. El golpe de fortuna que tuvieron los investigadores fue encontrar, a principios de septiembre, a los líderes de dos grupos que no aparecían conectados en el mismo dormitorio. El informe sobre los vínculos entre todos estos grupos implicados en ataques a jueces, rearmado a partir de datos subidos por sus mismos integrantes a redes sociales, concluye con una cita de Tomás Villasante, especialista español de la Universidad Complutense en análisis criminal: "Cada sujeto está en varias redes al mismo tiempo, tanto de acción como cognitivas. Cuando dos se acuestan juntos en una cama son muchas las redes que están acostándose".

Los investigadores, por tanto, sienten estar en deuda con las pasiones humanas. "Nadie en este caso esperó encontrar juntos a Matías y a Lucía. Los teníamos en esferas separadas. Desde esa unión física concreta fue que pudimos unir las tramas de los hechos investigados que ya estaban, aunque lo supimos después, en la mayoría de los celulares secuestrados. En términos jurídicos, la cama fue la que los mató."

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