Para los familiares de Juan César Ramírez no existe consuelo ni explicación. "Lo
que le pasó a mi papá es que tuvo un infarto por la emoción violenta que le significó que le
robaran y el ver que a su nieto lo tenían con un arma en la cabeza". Así contó Gabriela, de 36 años
e hija única del hombre fallecido, el desenlace de un atraco ocurrido hace una semana y que derivó
en una tragedia. Don Ramírez, como lo conocían en el barrio Roque Sánez Peña, murió por el susto.
Su corazón no resistió a la realidad que debió enfrentar y se sumó a una triste lista de personas,
jóvenes y viejas, que encuentran el fin de sus vidas en circunstancias semejantes (ver notas
complementarias).
Hasta el sábado 25 de abril por la mañana, don Ramírez era el bicicletero de
referencia de la zona de Leiva al 5800, en el sur de la ciudad. Cualquiera que tuviera problemas
con la bici o con la llanta de su moto, iba a consultarlo en su tallercito de portón amarillo. Pero
ese día, a la hora de la siesta, dos muchachos se metieron en su casa de pasillo para robarle. Lo
tiraron al piso y a su nieto de 15 años le colocaron un revólver en la cabeza. Todo eso fue
demasiado para Juan, de 72 años. Mientras los maleantes huían con una Play Station, el hombre se
descompensó y aunque lo trasladaron en ambulancia al Pami I, llegó muerto.
Oriundo de la localidad de Bovril, ubicada en el noroeste de la provincia de
Entre Ríos y a 120 kilómetros de la ciudad de Paraná, don Juan llegó al barrio hace más de 50 años.
Allí, en Leiva al 5800, a la altura del pasaje Riego, vivió y trabajó en su pasión: la reparación
de motos y bicicletas. "El les arreglaba la bicicleta o la moto a todos, sin distinción. Por ahí
era medio cabrón, pero no tenía mayores problemas", relató Gabriela.
Así Juan se fue transformando en don Ramírez. El 15 de marzo pasado cumplió 72
años. Viudo desde hace dos décadas, era jubilado metalúrgico y se ayudaba en la economía con el
tallercito que tenía en su casa de pasillo, a dos cuadras del Parque Regional Sur.
El 2008 no fue un buen año para don Ramírez. A mediados de febrero murió su
mamá, de 92 años, y en agosto el sufrió un infarto que lo puso contra las cuerdas. Sin embargo eso
no lo desanimó. Se compró una moto Custom 250 con la que viajaba a visitar su pueblo.
"Mi papá no estaba sólo. Ale, mi hijo de 15 años, se quedaba a dormir en su casa
y en la parte delantera, la que fue la casa en la que me crié, viven otros familiares. Pero mi papá
era un hombre que se la aguantaba. Varias veces lo habían querido robar y él los había echado a las
trompadas", detalló la hija de don Ramírez.
Hay un sospechoso. El sábado pasado Ramírez estaba junto a su nieto, quien
dormía la siesta. "La puerta de entrada al pasillo siempre estaba abierta. Se metieron, llegaron al
tallercito y agarraron a mi abuelo. Lo tiraron boca abajo en el piso y fue entonces que mi hermano
se despertó", relató Ayelén, de 17 años y nieta de Ramírez. "Mi hermano salió y se encontró con que
a mi abuelo lo tenían boca abajo en el piso. Forcejeó con uno de los choros y le pusieron un
revólver en la cabeza. Entonces uno de ellos se lo llevó a buscar «la plata». Porque eso querían:
«la plata». Ver que mi hermano tenía un revólver en la cabeza, a mi abuelo lo puso mal", repitió la
muchacha. Según describieron los familiares de Ramírez, los ladrones estuvieron en el lugar unos
diez minutos. "Se llevaron una Play Station y se fueron caminando. Todos los que estaban en la
cuadra los vieron. Al llegar a la esquina salieron a correr", agregó Gabriela.
Con los ladrones en fuga, el nieto de Ramírez trató de asistirlo. "Seguía tirado
en el piso y estaba muy frío. Lo sentó en un futón y mi abuelo le pedía que le prendiera el
ventilador porque no podía respirar", rememoró Ayelén. Los Ramírez llamaron a una ambulancia y a
Juan lo trasladaron al Pami I. Don Ramírez falleció a las 16.45 y, según el certificado de
defunción, fue a causa de una arritmia coronaria aguda.
A partir de la descripción aportada por algunos vecinos, la investigación de la
muerte de don Ramírez comenzó a cerrarse. Así, un día después de la muerte y en un allanamiento
ordenado por el juez de Instrucción Juan José Pazos, uno de los sospechosos fue detenido en una
casa de pasaje Público al 600 e identificado como Hugo Miguel A., de 34 años. No se le hallaron ni
armas ni la consola de juegos robada.