El profesor de historia Nelson Rosso había tomado la determinación de cortar el
vínculo con el subcomisario Alejandro Scalcione. Por algún motivo que aún permanece en las sombras,
el docente decidió que su relación de ocho meses habían sido demasiado y le pidió que se vaya de la
casa. Pero el policía, que solía presentarse como licenciado en psicología social y que atendía en
un consultorio cedido por el propio Rosso, no resistió el desplante: tomó su arma reglamentaria y
en un brote de furia clausuró todo con dos disparos fatales.
Esa es la oculta historia del crimen ocurrido el 18 de
abril pasado en Oliveros, a 40 kilómetros al norte de Rosario. El escenario fue la casa que Rosso
tenía en Maipú 322, un páramo donde predominan las viviendas de fin de semana y unas pocas de
residentes permanentes. Cuando la policía llegó al lugar, Rosso yacía sin vida sobre su cama y
Scalcione, apesadumbrado, los esperaba para confesar y entregarse.
El profesor. Rosso no sólo era un vecino querido y reconocido por
las 3.500 almas que viven en Oliveros, donde se había radicado años atrás, luego de separarse de su
esposa. Sino también por su trayectoria como profesor en colegios privados de Rosario y como
bibliotecario del convento San Carlos de San Lorenzo. Esos antecedentes le granjearon un respeto
casi absoluto, algo que se vio reflejado en varias cartas de lectores publicadas en
La Capital donde se habló de su capacidad, su calidez y "su actitud frente a la vida", como
dijo un vecino.
"El que lo mató nos quitó a una gran persona. El policía no
tenía nada que perder y nosotros perdimos mucho. Espero que no quieran tapar todo y hacerlo pasar
por loco para dejarlo libre. Tiene que pagar por lo que hizo", sintetizó una vecina que no dio su
nombre porque no confía en que Scalcione pase varios años en la cárcel.
El policía. Es que el agresor también era muy conocido. Llegó a Oliveros
en noviembre, después de haber vivido varios años en pareja con otro hombre en Puerto Gaboto, donde
integró una lista del Frente Progresista Cívico y Social en las elecciones de 2007. Scalcione, que
hasta el día del crimen era subcomisario en la Unidad Regional II y estaba a cargo del destacamento
ubicado en el Heca, no dudaba en presentarse como "licenciado" y consultor en temas de
adolescencia, familia, pareja y sexualidad, lo que promocionó durante un tiempo en la radio de
Oliveros.
Los protagonistas del episodio criminal más resonante en la
historia de esa comunidad se conocieron en uno de los tantos viajes en ómnibus que ambos hacían a
Rosario por motivos laborales. De esos encuentros forzados por la rutina, dicen, pudo gestarse un
vínculo que para algunos derivó hacia lo sentimental y para otros sólo en una amistad.
En principio, Scalcione buscaba un lugar para hacer pie en
Oliveros y abrir un consultorio para atender a pacientes dentro del amplio y dudoso rango que le
conferían sus títulos. Rosso, en tanto, habría creído ver en él a un profesional que pudiera
contener a su hija de 29 años.
Otra vecina de Oliveros opinó que "el policía se aprovechó
del prestigio de Nelson". Y dijo que "la gente iba al consultorio porque lo conocía a Nelson,
porque confiaba en Nelson".
La relación. Para Ricardo Giusepponi, abogado patrocinante de la familia Rosso,
"se está hablando demasiado sin saber. El profesor Rosso le alquiló a Scalcione un sector de su
casa para que abriera el consultorio con el compromiso de que atendiera a su hija, que sufre
algunos trastornos", aseguró.
Asimismo, aclaró que "los hijos de la víctima niegan que
haya habido una relación homosexual de por medio y aseguran que ellos estaban en contacto con el
padre y jamás advirtieron tal situación. La hipótesis, con la poca información del expediente a la
que pudimos acceder, es que a Rosso lo habrían matado porque decidió echar a Scalcione por algún
motivo desconocido. Tal vez se haya enterado de algo del policía que no le gustó y le dio
puerta".
Fuentes ligadas a la investigación, en tanto, admitieron
que el homicidio "fue pasional" y que se desencadenó "cuando el docente le anunció al policía que
algunas cuestiones cambiarían en la relación". Al respecto, Scalcione ya se había mudado a un
departamento del Fonavi de Oliveros ya que Rosso entendió que no era necesario que convivieran bajo
un mismo techo. "Al parecer había un proyecto de vivir juntos y, como las cosas andaban mal, el
profesor decidió echarlo de la catrera, lo desarraigó y al policía se le saltó la térmica", opinó
un pesquisa.
En el Fonavi del pueblo, los vecinos aseguran que Scalcione "se presentó
como psicólogo y nunca se lo vio con uniforme. Repartió tarjetas y varias personas lo iban a ver a
la casa de Rosso", contó una mujer. En ese sector del pueblo aún recuerdan cuando, poco después del
crimen, una persona de Puerto Gaboto llegó hasta la casa del policía y sacó todos los muebles.
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