Policiales

La distribuidora del Manco García, a la sombra de un crimen con más de veinte tiros en barrio Plata

La imputación a un acusado de matar a Javier Miño en julio pasado puso en foco un local de Constitución y Lamadrid ligado a balaceras y muertes. Un hijo adolescente del dueño también está implicado

Miércoles 11 de Noviembre de 2020

El cuerpo de Javier Alejandro Miño quedó tendido en la mitad de la calle con más de veinte tiros. Lo habían emboscado al bajar de un auto dos tiradores que regaron de plomo el asfalto de Avellaneda al 6600. Poco se sabía de ese crimen con llamativo derroche de balas hasta que, el viernes, fueron detenidos dos acusados a pocas cuadras de allí. Los apresaron en un lugar que en los últimos tres años fue escenario de balaceras, heridos y muertes: la distribuidora del Manco García en barrio Plata. Un hijo adolescente del condenado como jefe de una asociación ilícita es uno de los implicados.

La distribuidora de Constitución y Lamadrid quedó en foco tras la audiencia del lunes en la que el fiscal Patricio Saldutti imputó a Miguel Angel N., de 20 años, como coautor de un homicidio calificado por ser planeado entre al menos dos personas. Una figura criminal que prevé prisión perpetua. También le endilgó el delito de portación ilegal de arma de guerra. El juez Nicolás Foppiani le dictó la prisión preventiva por dos años.

El crimen de Miño ocurrió el 6 de julio pasado. A las 20.20 de ese día, el joven de 20 años charlaba con un amigo frente a la casa de sus padres de Avellaneda y la calle 2127 cuando se acercó un auto del que bajaron dos personas. Según la mecánica que describió el fiscal, el conductor se quedó en su asiento. Los otros dos bajaron y arremetieron a tiros contra Miño y el amigo de la víctima, que se refugió detrás de un tapial. Minutos antes habían pasado por el lugar a baja velocidad.

Los vecinos contaron entonces que el muchacho asesinado había regresado a vivir con los padres poco tiempo atrás pero no se lo veía mucho en la calle. “No salía de su casa casi nunca”, dijeron. El padre de la víctima dijo que Miño sólo tenía problemas con dos personas del barrio: “Miguelito” y “Chulo”. Los dos fueron detenidos el viernes en la distribuidora de Constitución y Lamadrid y en una casa lindera. En los allanamientos se secuestró una pistola 9 milímetros que será cotejada con las vainas del mismo calibre diseminadas en la escena.

Chulo es un adolescente de 16 años que quedó a disposición del juzgado de Menores 3. Es el hijo de Oscar César “Manco” García, dueño de la distribuidora y de un historial delictivo que lo situó como jefe de una asociación ilícita dedicada a la usurpación violenta de viviendas en la zona sur. Una causa por la que, en mayo del año pasado, aceptó 3 años de prisión condicional en un abreviado.

El hombre de 47 años, también conocido como “Gitano”, es cuñado de Jorge Laferrara, un antiguo socio de Ariel “Viejo” Cantero que luego se distanció de él. Y es tío de Mauricio “Mauri” Laferrara, uno de los sicarios del sindicado jefe narco Esteban Lindor Alvarado.

Un año atrás, el sábado 7 de septiembre, la vida del Manco daba un vuelco cuando a las 8.30 abría su distribuidora de bebidas y alimentos. Una camioneta Fiat Toro blanca robada días antes se estacionó frente al negocio. En un ataque bien planeado, los cinco ocupantes bajaron a tiros. Cristian Beliz sufrió la peor parte de la descarga y murió en el lugar con nueve tiros. Cuatro balazos hirieron en la espalda al Manco y lo dejaron en silla de ruedas. Hubo otros dos heridos.

El ataque quedó filmado por las cámaras del local. Hubo cinco imputados, entre ellos Mauri Laferrara y un policía. Según se planteó entonces, detrás del atentado estaba Alvarado con el fin de quitarle a García el negocio y el camión para “quedarse con el recorrido”. Tras la balacera se dispuso un móvil policial de custodia que fue blanco de un nuevo ataque el 7 de febrero pasado. Un proyectil perforó el parabrisas del patrullero y las esquirlas hirieron levemente en el rostro a una suboficial.

Con el correr de las horas se determinó que el balazo estaba dirigido a Chulo, el hijo adolescente del Manco que al ser corrido a tiros se resguardó detrás del patrullero que le sirvió de escudo. Según los vecinos, detrás de ese atentado estaba un tal “Tosca” al que le habían ametrallado la casa en diciembre.

Cinco meses después, Javier Miño caía acribillado frente a su casa de Avellaneda al 6600. Para el fiscal Saldutti, el detenido N. y Chulo fueron los tiradores y se movieron en un auto conducido por un tercer hombre aún no identificado. Unos veinte minutos antes, el joven baleado había recibido el llamado de un amigo que ya no vivía en el barrio, quien lo esperaba en la vereda para conversar sobre la venta de un caballo,

El joven de 21 años salió a la calle y se quedaron charlando frente al tapial de la vivienda. Al rato un auto gris estacionó cerca de ellos, dos jóvenes bajaron y empezaron los tiros. El padre de Miño escuchó los tres primeros disparos y salió a ver qué pasaba. Observó cuando acribillaban a su hijo con más de veinte tiros y se iban en el auto, que identificó como un Renault Sandero. El muchacho recibió 23 impactos y cuando llegó la ambulancia ya no había nada que hacer por él.

“Los dos que estaban afuera tenían armas de fuego y ambos disparaban”, dijo Miño padre, y contó que primero tiraron contra su hijo y luego contra el amigo, que se escondió tras el tapial. El hombre mencionó a “Miguelito” y “Chulo” como los tiradores. “Los reconocí porque mi hijo ya tenía problemas con estas personas. Hace dos años nos efectuaron disparos contra el frente de nuestra casa, hicimos la denuncia en la calle Montevideo. Hará cinco días estos dos chicos lo corrieron a mi hijo. Él me contó que venía caminando por Avellaneda y calle 21 o 26 y lo corrieron en un auto. Me dijo que había sido un Peugeot viejo color celeste o blanco. Ellos cargaron el arma y mi hijo se escondió en la casa de un vecino”, relató.

Según el padre de la víctima, el conflicto había comenzado en un baile. “Se pelearon una vez en el baile y ahí empezó el quilombo. Supuestamente mi hijo le hizo una denuncia a Miguelito porque se habían agarrado a piñas. Este pibe quedó preso y le dijo que se iba a vengar. Estuvo un par de días preso y después salió. Esto ocurrió dos años atrás”, dijo en referencia al acusad N., quien sería empleado de la distribuidora y tiene una condena de marzo de 2019 por abuso de armas y tenencia ilegal de arma de guerra.

Si bien el testigo no pudo dar más precisiones sobre la identidad de los tiradores, a los que sólo mencionó por sus apodos, un relevamiento policial en el barrio y en perfiles de Facebook permitió identificar y detener al acusado N. y al hijo de García. Tras el crimen, el relevamiento balístico en la cuadra dio en total con 42 vainas servidas 9 milímetros, además de perforaciones en la casa, el tapial y el auto del amigo de la víctima. El informe de autopsia, en tanto, dedica varias hojas a describir las trayectorias de las 23 heridas que sufrió Miño, de las cuales fueron letales las que ingresaron por las zonas cardíaca y medular.

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