La pareja de turistas italianos que cenaba en el lugar no lo podía creer y
seguramente se llevará para su país una anécdota de las feas. Quizás, los seis porteños que comían
dos mesas más allá estuvieran más acostumbrados a este tipo de episodios. Fue la noche de Navidad
en el restaurante de San Luis y Rodríguez. Dos hombres jóvenes ingresaron al local y en menos de
cinco minutos desvalijaron a los ocho clientes, tres empleados y al mismo dueño del comercio. Según
fuentes policiales, los maleantes se llevaron unos 3 mil pesos de la recaudación, los celulares de
todas las víctimas, un monitor de pantalla plana, dos reproductores de Mp3 y una notebook.
Capri es uno de los restaurantes más tradicionales de
Rosario. Esta ubicado en la esquina de San Luis y Rodríguez. Hasta allí fueron llegando durante la
noche de Navidad decenas de comensales. Pero a las 23.30, en el espacioso salón sólo quedaron dos
mesas ocupadas. En una, sobre un buen mantel y delicada vajilla, degustaban el postre dos turistas
italianos. En la otra, seis visitantes porteños estaban terminando con el plato principal, todo
acompañado de buen vino.
En ese momento el comedor era atendido por dos mozos, una
adicionista y circunstancialmente también estaba uno de los dueños del lugar, que hasta ayer no
contaba con seguridad privada. El restaurante, con amplios ventanales a la calle, tiene una puerta
principal que da a Rodríguez y la otra que da a un depósito por calle San Luis. Una vez que se gana
el ingreso al salón, la misma distribución de las mesas —que forman una L— va llevando
al recién llegado como por un sendero hacia el centro del local, donde comienza una barra.
Atragantados. Según explicaron fuentes policiales, esa era la escenografía
cuando dos hombres jóvenes, ambos usando gorrita con visera, entraron con el aspecto de ser
potenciales clientes despreocupados. Caminaron uno detrás del otro hasta que uno pasó la línea de
la adicionista y el otro quedó justo delante de la mujer. "Tranquilos, esto es un asalto", dijo uno
de los recién llegados mientras se levantaba la remera para que la empleada y los comensales
observaran un revólver que llevaba en la cintura. Los italianos no entendían mucho lo que los
hombres vociferaban, aunque rápidamente se pusieron a tono. Los porteños entendieron enseguida.
Ese fue el principio. Mientras el ladrón que estaba en el
medio del salón lo cubría, el otro iba persona por persona desvalijándolas. "¿Este celular es
tuyo?", preguntó el maleante recolector a uno de los empleados, pero la orden del otro fue tajante:
"No le preguntés, llevate todo".
"Non capisco". Así fueron perdiendo sus pertenencias de a uno por vez. Todo
rapidito. Lo único que rompió con el manual del buen asaltante fue el diálogo al pasar por la mesa
de los turistas italianos. Igualmente no tuvieron problemas para sacarles una cifra no determinada
de euros, alguna bijouterie y un costoso reloj pulsera del hombre. El resto fue dinero en efectivo
—a uno de los comensales le sacaron unos 700 pesos—, reproductores de Mp3 y
celulares.
Cuando el delincuente completó su faena con la clientela
siguió con la caja. De ahí, según la denuncia, se llevaron unos 3 mil pesos, un monitor de plasma y
una computadora portátil. Y mientras todos los comensales se mantenían sentados tragando saliva,
los dos ladrones dieron vuelta sobre sus talones y se dirigieron hacia la puerta.
"Se quedan todos sentados porque si no los voy a llenar de
plomo", fue la frase de despedida. Por la cantidad de elementos que los maleantes se llevaron a
cuestas, los pesquisas no descartan que afuera del comercio hubiera un tercer ladrón esperándolos
en un vehículo. Dos minutos más tarde llegaron al lugar seis patrullas de la policía. Los agentes
hicieron un rastrillaje por las inmediaciones, pero con resultado negativo. En tanto, en la
comisaría 6ª el dueño del comercio registró la denuncia mientras ayer esperaban la presencia de los
comensales para poder hacer un inventario completo del botín.
Trágico
El 31 de marzo de 2002 cuatro maleantes asaltaron el restaurante Capri y, como
anteayer, vaciaron la caja y desvalijaron a los comensales. Al huir se toparon con la policía y
hubo una persecución hasta el parque Urquiza, donde se produjo un enfrentamiento a balazos en el
que murió Héctor Verón, sindicado como uno de los ladrones.