Los 88 kilos de cocaína de máxima pureza secuestrados anteayer en una finca
rural de Colonia Francesa, paraje ubicado en las afueras de San Javier, no era la totalidad de la
mercadería que la organización narco internacional había acumulado en el norte provincial para
enviar hacia Italia. Eso surgió de la declaración de uno de los detenidos en el primer operativo.
Y, con esos datos, los agentes antinarcóticos se pusieron a trabajar ayer en un lugar preciso del
predio para buscar el resto de la droga que conformaría una nueva carga de 250 kilos como la que ya
había arribado al puerto de Génova la semana pasada disimulada en seis troncos ahuecados de palo
borracho poniendo al descubierto el millonario negocio de la organización. El dato, confiaron
voceros desde el lugar, es que "está escondida en una cámara séptica, a tres metros bajo tierra, en
el fondo de la propiedad". Sin embargo, hasta el cierre de esta edición la cocaína no había sido
hallada.
Todo se desencadenó hace una semana cuando en la lejana Nápoles fue detenido por
la Guardia de Finanzas italiana el empresario artístico Arturo Luglietto, acusado de ser el
importador de la cocaína. Los pesquisas europeos habían detectado la llegada al puerto genovés de
250 kilos de droga en seis troncos ahuecados que, con destino al vivero Eurogarden habían salido
desde Buenos Aires.
Junto a Luglietto, vinculado a la camorra y reconocido por contratar artistas de
renombre que desde Europa llegaban a Paraguay, fueron apresados Rafaelle Iacomino, Francesco
Longobardi, Vicenza Iovino (madre del imputado), David Luglietto (hijo) y el paraguayo Hernando
Solís Ortíz.
Siguiendo los contactos de esos detenidos, los pesquisas italianos llegaron a la
finca de Colonia Francesa, en el norte santafesino. Entonces, dos investigadores viajaron el martes
a esta provincia y se reunieron con el juez federal de Reconquista, Eduardo Valiente, y sus pares
de la Dirección de Prevención y Control de Adicciones santafesina y de la Federal. Entre todos
armaron la "Operación Ambasador".
Conexión local. El miércoles, poco antes de la medianoche, los uniformados
ingresaron a la casa en cuestión, ubicada sobre la ruta provincial 1 y a unos 3 kilómetros al sur
del ingreso a San Javier, 300 kilómetros al norte de Rosario. Allí sorprendieron a tres hombres:
Fabián Antonio Marín Hernández, un ciudadano colombiano oriundo de Cali, de 44 años, que residía en
el lugar desde hace cinco meses y que sin embargo no tiene pasaporte; y los salteños Sergio Rafael
Velar, de 32 años, y Santos Heriberto Bamba, de 35. También cayó el neuquino David Gustavo
Sagardoy, de 41 años, quien llegó al lugar en medio del operativo en una 4x4 y terminó atrapado
tras un frustrado intento de escape.
La confesión.Ante los investigadores, "el colombiano Marín Hernández se quebró".
Según dijeron los pesquisas, cuando le leyeron la declaración que Luglietto realizó en Nápoles, "no
le quedó escapatoria" y brindó detalles que enriquecieron la causa. Según el testimonio del
europeo, "Marín Hernández sería la mano derecha de un narco colombiano al que por ahora se tiene
identificado como Alvaro y que sería el cabecilla de la orgaización que utiliza a la Argentina para
triangular droga boliviana y colombiana hacia Europa".
En este sentido, el sudamericano habría dicho que "la droga incautada era
boliviana pero ingresaba al país desde Paraguay". Y que "desde ese mismo país llegaban los troncos
ahuecados de palo borracho para que en la casa de Colonia Francesa los rellenaran y prepararan el
embarque a Italia".
Además, sostuvo que "la carga entraba al país con el certificado aduanero que
les daba vía libre hasta el puerto de Buenos Aires" y aportó el nombre de tres hombres de Buenos
Aires que serían de la organización y aún están prófugos.
Pero, además, reveló que en el lugar había enterrados unos 160 kilos de cocaína
que junto a los 88 hallados en el primer procedimiento iban a completar un nuevo embarque hacia la
península itálica. Eso era lo que los policías buscaban anoche con la ayuda de grandes reflectores
y una retroexcavadora. La droga empaquetada estaría tres metros bajo tierra en una disimulada
cámara séptica.
El negocio
El negocio de la triangulación de cocaína es uno de los mayores del mundo: 1,5
kilo de pasta base sale 900 dólares en la frontera argentino-boliviana y con eso se produce un kilo
de cocaína que, en Buenos Aires, vale 9 mil dólares, en los Estados Unidos de 50 a 80 mil, en
Europa de 50 a 70 mil y en Australia de 100 a 120 mil billetes verdes.