Una seguidilla de tentativas de extorsiones a comerciantes de la zona sudoeste dio inicio a una investigación que desembocó en la detención de un hombre y una mujer con domicilio en Francia al 5300. Están sospechados de ser quienes pasaban a cobrar una suma de dinero que previamente acordaba un hombre detenido en la cárcel de Piñero, quien en nombre de Los Monos amenazaba a los encargados de cada comercio. Una dinámica organizada que delata el modus operandi detrás de una de las tantas formas de la violencia callejera.
El 13 de octubre pasado, cerca de las 19, varias llamadas consecutivas partieron desde un teléfono celular en la cárcel de Piñero. Para entonces el fiscal de Investigación y Juicio Mariano Ríos Artacho estaba detrás de una serie de extorsiones denunciadas por comerciantes del sudoeste rosarino. Quien manejaba el aparato, según las sospechas del fiscal, era Gastón Ezequiel E., un joven condenado y preso en Piñero por varios hechos de robo. Como si se hubiera preparado con una lista, el muchacho hizo un llamado tras otros aplicando en cada uno la misma modalidad.
Su punto de partida era identificarse como miembro de Los Monos. Incluso decía llamarse Pablo Cantero, haciendo uso del apellido ya conocido ampliamente en las calles rosarinas. Después les pasaba la cifra: 40 mil pesos mensuales distribuidos en 10 mil por semana. Y finalmente las consecuencias de no pagar: no poder trabajar tranquilos o ser blancos de ataques a balazos.
Este martes a la mañana la Tropa de Operaciones Especiales realizó dos allanamientos en el marco de esta investigación. Uno fue en una vivienda de Garibaldi al 4000, donde vive la madre del joven preso en Piñero. El otro fue en una casa de Francia al 5.300, donde quedaron detenidos Brian H. y Noelia L. Se trata de una pareja que para el fiscal Ríos Artacho sería la que accionaba en las calles las órdenes impartidas por E. desde Piñero.
Modus operandi
Uno de los primeros hechos denunciados fue la extorsión a un comerciante de la zona de Hilarión de la Quintana al 2800. Eso ocurrió el 2 de octubre, día en que E. cumplía 24 años. Fue cerca de las 20 que el joven llamó al encargado del local para, como carta de presentación, identificarse como parte de la banda "Los Monos". Después le dijo que iba a tener que pagar por protección. La reacción del comerciante fue cortar, pero nada terminó ahí: ese día recibió 7 llamadas desde el mismo número.
Para entonces, según consta en la investigación, varios comerciantes de la zona habían vivido episodios similares. El mismo día E. llamó a la encargada de otro local de la zona: "Te paso a comentar. Trabajamos para los Cantero. Estoy cobrando a todos los negocios de la zona 40 mil pesos por mes. Me dan 10 mil por semana. Voy a pasar a buscar la contribución ahora. De otra manera, vamos a mandar a tirar tiros al negocio. En este momento veo que están atendiendo a una señora que está con un perrito. Para que sepan que los estamos vigilando".
El 13 de octubre, ya con la lupa de los investigadores encima, Gastón E. realizó varias llamadas cerca de las 19. La primera de ellas fue al encargado de un comercio de Seguí al 5200. "Me presento, soy Pablo Cantero, el chico que anda cobrando la zona, a todos los negocios de alrededores que tenemos ahí", dijo el joven al comienzo. "¿Me entiende? lo dejo trabajar tranquilo, nadie lo va a molestar. Me están pagando al mes 40 mil pesos y por semana 10 mil", continuó. Acto seguido, la amenaza: "Si usted no colabora con lo que estoy pidiendo, en este momento ya está por cerrar, se puede encontrar con alguien, te puedo hacer cerrar el negocio, no te voy a dejar trabajar tranquilo, te lo cierro a los tiros si usted no quiere colaborar en este momento".
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"Yo paso a dar la información que usted negó en colaborar, en este momento corto y doy aviso", fue el cierre de la conversación. Es que el joven organizaba y realizaba los llamados desde Piñero pero, como suele suceder en estos casos en los que la cárcel cumple el lugar de oficina, en las calles estaban quienes recibían las órdenes para accionar. En caso de que los comerciantes accedieran al pago había gente que se ocupaba de pasar a cobrarlos, así como estaban quienes se ocuparían de concretar el amedrentamiento en caso de no arreglarse la "cuota".
Cinco minutos después E. volvió a hacer un llamado. Esta vez fue a un comerciante de Doctor Riva al 2900, a quien le describió la fachada de su local como una manera de dar a entender que lo habían estado observando. Después de identificarse otra vez como Pablo Cantero avanzó con la misma modalidad. "Si no bueno, voy a tener que cortarte, que vayan y que te tiroteen el negocio. Bah, tu casa sería porque ahí vivís vos", le dijo. "¿Entonces cómo hacemos? No te voy a dejar trabajar tranquilo, ¿entendés?", continuó ante el silencio del comerciante.
Unos 15 minutos después el llamado fue hacia un local de comidas de la misma zona. "Yo soy Pablo Cantero, soy el que maneja la zona del barrio donde se encuentra usted, sabe cómo está la ciudad de Rosario hoy en día", comenzó sugerente.
—No entiendo lo que me está diciendo, ¿quién habla?
—Pablo Cantero, el que maneja la zona, el que le cobra a todos los negocios y todos los búnkeres de ahí alrededor.
—Ah, sí, acá no hay nada raro.
—Está bien, como es un kiosco, como es un almacén, todos los mismos me están pagando alrededor de cuarenta mil pesos al mes y diez lucas por semana, si usted no colabora con lo que le estoy diciendo en este momento, le corto, paso la comunicación que te negaste y bueno, lo lamento por vos, ¿me entiende?
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La conversación avanza hasta el punto en que la mujer accede a pagar, aunque otro monto más accesible y con la condición de que E. llame en otro momento para que pueda arreglar con el hijo, encargado él de los números del comercio. La señora, antes de despedirse y cortar la comunicación, agradece.
"La largan al toque"
En una conversación con uno de sus colaboradores en la calle Gastón E. habla de la facilidad con la que se llevan a cabo las extorsiones. El diálogo surge por un comerciante que "se hace el pillo", en referencia a que no estaba pagando su cuota. Entonces E. le sugiere a su hombre que vaya al local y lo ponga en comunicación con él mismo desde la cárcel.
"Bueno avisame boludo, la largan al toque. Imaginate que lo apretamos en una llamada y la largaron al toque ahí en el momento", le dice E. a su interlocutor. Después agrega que si va con un compañero son "6 o 7 lucas para cada uno. Haceme la segunda, hay para hacer laburo, tengo para hacer una banda de locales", lo incentiva.