El violento y oscuro fin de la vida de un chico bueno
El crimen de Gustavo Emanuel Ledesma Domínguez es el relato de la muerte violenta de
un pibe bueno. Llegado de su Chaco natal con la idea de ser el número 5 de River Plate, tras una
lesión el muchacho de 20 años terminó trabajando en una panadería del centro. Hasta que la
madrugada del sábado, cuando volvía de comprar una cerveza, quedó parado en un lugar
desafortunado del barrio Cametsa a la hora menos indicada.
29 de abril 2009 · 01:00hs
El crimen de Gustavo Emanuel Ledesma Domínguez es el relato de la muerte violenta de
un pibe bueno. Llegado de su Chaco natal con la idea de ser el número 5 de River Plate, tras una
lesión el muchacho de 20 años terminó trabajando en una panadería del centro. Hasta que la
madrugada del sábado, cuando volvía de comprar una cerveza, quedó parado en un lugar desafortunado
del barrio Cametsa a la hora menos indicada. "A mi primo lo molieron a palos y lo mataron en el
piso. Hay una mujer que cuando estaba caído le puso un palazo en la cabeza. No entendemos por qué
tanta saña", relató ayer Yamila, prima hermana de la víctima.
No hubo contacto entre las personas que estaban en ambas reuniones hasta poco antes
de las 2.30 de la madrugada del sábado. "Todo comenzó con una broma", relató una fuente policial.
"La dueña de casa donde se festejaba el cumpleaños —identificada como Silvana G., de 29
años— le dijo a unos amigos: «Le pago un Gancia al que
atropelle a Mafalda»", relató el vocero. Y no hubo que insistirle mucho a los muchachos
para que alguien saliera a buscar al apodado Mafalda. "Pero al tipo no le gustó y salió a correrlos
con una cuchilla". contó el vocero. Entonces él y un tal
Paraguayo Claudio increparon a un muchacho que estaba con los pibes de la casa de al
lado.
Ema quedó tirado en Pasaje 1711 y Daneri. Ayer, 72 horas después, todavía se
apreciaba un manchón de sangre en el lugar. Luego de mucho insistir, la familia del Chaque logró
que al pibe lo cargaran en un móvil policial y lo llevaran al Heca, pero llegó muerto. Sánchez, en
tanto, recibió cortes en un omóplato y la espalda.
l
Gustavo era chaqueño, de la localidad de Santa Sylvina.
Llegó a Rosario hace 7 años, traído por su tío Carlos. Desde entonces vivió en el barrio ubicado al
oeste de 27 de Febrero y Circunvalación. Ema, como lo conocían en casa, o Chaque, para sus amigos,
militó la ilusión de ser el número 5 de River Plate hasta que una lesión lo colocó detrás de una
panadería de Mendoza y Cafferata.
El viernes pasado Ema trabajó desde las 14 hasta pasadas
las 22. Una hora más tarde estaba durmiendo en su casa de Pasaje B al 2800 (misma altura de 27 de
Febrero). "A la 1.30 del sábado vino uno de sus amigos a buscarlo para que fuera a tomar una
cerveza en la casa de otro amigo", explicó Jessica, otra de sus primas.
El pibe se fue junto a Matías Sánchez, un agente policial
de 23 años que vive a una cuadra de su casa. Los jóvenes se juntaron en un domicilio de Daneri al
2800. Al lado de esa casa, en la vivienda de otro empleado policial de 39 años que trabaja en una
subcomisaría de zona sur, se festejaba un cumpleaños.
Una broma.
Ahí entró en escena Carulo, primo de Gustavo Emanuel, quien
defendió al agredido y sentó de un trompazo al
Paraguayo. "Entonces esta mujer —por Silvana G.— llamó a otros tipos por
celular y cayeron varios en una camioneta Peugeot 504 blanca y dos motos. Estaban como locos.
Tenían ganas de pegar y los salieron a buscar. Ella fue la que le dio la cuchilla a uno de esos
tipos", relató Yamila. Cuando lo vieron a Carulo, lo corrieron. "Mi hermano corrió y se encontró
con Ema y Matías Sánchez, que venían de comprar cerveza. No les dieron tiempo a nada. Los
atropellaron, los molieron a palos y el
Paraguayo lo apuñaló a mi primo. Le dio en el piso tres puñaladas en el muslo y una le
rompió la arteria femoral", rememoró Yamila.
Detenidos.
Por el hecho, efectivos de la comisaría 32ª y la Brigada de
Homicidios detuvieron a Silvana G., a Alexis
Mafalda E., de 19 años, y a Rodrigo B., de 22.
"Era mi amigo desde hacía 6 años", dijo Sánchez acerca del
Chaque. "Yo ví cómo le clavaban las puñaladas en el piso. Un rato después, nos llevaron al
Heca y a
Ema la pusieron en la camilla de al lado. Ahí ví cómo se moría y los médicos le hacían las
maniobras de reanimación para sacarlo. Nunca voy a olvidar esas imágenes", agregó el testigo.