POLICIALES

El "sueño americano" de Cantita, un pescador acusado de ser un tiratiros

"Gracias a Dios pude comprarme una canoa y motor. Con esfuerzo y sacrificio se llega a la meta", escribió en su Facebook Jonatan Emanuel P.

Domingo 10 de Enero de 2021

La foto muestra una sencilla embarcación de color rojo en una entrada de río calmo. De fondo, la mole de silos portuarios y algunas luces que prolongan su destello sobre el agua al atardecer. Esa imagen que resume una ciudad de contrastes fue compartida en su perfil de Facebook por un pescador acusado de integrar la banda de “Los gorditos” a quien detuvieron hace dos semanas por cometer una temeraria balacera contra una casa de villa Manuelita y fue acusado como tiratiros a sueldo de la organización. Dos días después del atentado publicó la foto con este comentario: “Gracias a Dios pude comprarme canoa y motor. Con esfuerzo y sacrificio se llega a la meta”.

Detrás de ese posteo que parece encarnar una singular versión del “gran sueño americano” está la historia de Jonatan Emanuel P., un pescador de 26 años al que le dicen “Bichi” o “Cantita” y vive en la zona de Uriburu y el río. La misma donde sacó la foto de una lancha roja comprada tras la balacera a una casa de Spiro al 300 bis. Los testimonios reunidos en el legajo judicial lo describen como un muchacho humilde y trabajador que tira tiros “por dos pesos”.

El ataque de septiembre pasado estaba destinado a amedrentar a una familia que, tras una asfixiante saga de extorsiones, llegó a pagar 200 mil pesos a la banda dirigida desde la cárcel por el condenado Brandon Bay. Al saber que lo buscaban, Cantita se presentó el 28 de diciembre en compañía de su abogada particular. El fiscal Pablo Socca lo imputó por tentativa de homicidio calificado, la portación ilegal de un arma y la pertenencia a una asociación ilícita en el rol de “realizar disparos contra las víctimas y los objetivos que le indica Bay” desde prisión.

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Fue en base a evidencias surgidas de esa balacera que dos hermanas de Brandon, Aldana y Flavia, fueron imputadas hace dos semanas por integrar la organización que nació en la villa Flammarión, en la zona sur de Rosario y de acuerdo a los pesquisas bajo el paraguas protector de Los Monos. En el último año el grupo se expandió hacia el Cordón Industrial con sus negocios de venta de drogas, en este caso bajo amparo policial. También se vio involucrado en homicidios, robos de vehículos, amenazas extorsivas, usurpaciones y balaceras. Por todos esos hechos hay quince acusados de integrar el grupo delictivo.

Incluso, días atrás la banda quedó en la mira por los homicidios de Jorge David Giménez, de 29 años, y Víctor Martín Baralis, de 44, cuyos cuerpos aparecieron descuartizados dentro de contenedores de basura del barrio Saladillo a fines de diciembre. Y quedaron pegados a ese caso porque en una intervención telefónica se escuchó a Brandon Bay impartir desde la cárcel de Piñero la orden de “cortar a alguien con una motosierra”. Bay cumple una condena a 10 años de prisión por delitos de los primeros tiempos de la banda. En julio había sido acusado, junto a otras diez personas, de dirigir la organización desde la cárcel.

Pero las intervenciones a diez celulares, tres de ellos usados por Brandon, y la investigación del ataque a tiros contra la casa del pasaje Spiro ampliaron las acusaciones contra él y aportaron detalles sobre el funcionamiento de la banda. La balacera fue el 28 de septiembre de 2020 a las 17.30 cuando dos hombres en moto pasaron frente a la casa de Spiro al 300 bis y uno de ellos hizo múltiples disparos al frente con una pistola 9 milímetros. Un Renault 19 bordó de los dueños de casa que estaba en la calle fue destrozado por los proyectiles. También quedaron marcas de los plomos en la puerta, la pared y una ventana.

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Cantita quedó implicado en ese hecho porque los vecinos dijeron que él había sido el tirador cuando iba como acompañante en una moto azul. Además, en las escuchas a Brandon Bay quedó detectada la preparación del atentado desde la cárcel. “Necesito hacer una vuelta ahí. Tirar un par de cuetes largos, boludo, rompele todas las puertas y las ventanas. Rompele todo”, le encarga el líder de la banda a Jonatan P. el 19 de septiembre. “Bueno, dejámelo que ahora te armo la vuelta. Armo todo y te aviso cuando esté hecho”, responde Cantita desde la zona sur.

En el barrio de la balacera dijeron que el muchacho vivía en una bajada al río a la altura de calle Uriburu y que andaba en una moto Keller 110 azul. “Es uno más del barrio. Es un croto, humilde. Anda por ahí abajo con las canoas, pescando”, lo describe una testigo y se queja porque “es un boludo, están haciendo una boludez con una persona que trabaja, que saben que por miedo le van a dar todo”.

“El suele hacer trabajos para Brandon. Por dos mangos va y te tira tiros. Bichi (o Cantita) te lo hace por dos clonazepam y 100 pesos. Les prestan una moto y un arma y son Gardel ellos”, amplió. El joven, según esas referencias, es medio hermano de uno de los detenidos en la causa. Al indagar en su perfil de Facebook los investigadores encontraron la publicación del 30 de septiembre donde celebra la compra de la lancha. Y una foto donde aparece con la moto azul junto a este comentario: “Aguante esa delincuencia, arriba esa libertad”.

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La balacera en pasaje Spiro fue el punto más intenso de una cadena de extorsiones. “Hace tiempo que venimos recibiendo amenazas _dijo la dueña de casa cuando fue a denunciar los tiros a una comisaría_. Son de la banda de Los Gorditos. Ellos quieren que les entreguemos 400 mil pesos o se van a quedar con la casa y nos van a matar a todos”. Las amenazas habían comenzado unos quince días antes. Primero fueron dirigidas a su hija, una chica que tuvo su primer hijo, que hoy tiene 3 años, con un detenido por ser ladero de Bay. Su pareja, padre de su segundo hijo de 2 años, estaba detenido en el mismo pabellón que Brandon y sufría un hostigamiento y vejámenes constantes.

Los Gorditos le reclamaban a la chica una deuda de dinero y le exigían que entregara su casa de la ciudad de San Lorenzo. Para lograrlo llegaron a apoyarle un arma en la cabeza a su hijo mayor. Por temor, el 12 de septiembre se fue de la casa. Desde entonces comenzaron amenazas por celular a su madre y a su padrastro. “La casa y el auto dame. O me das la casa sola y me firmás los papeles. Todo como tiene que ser y quedamos derecho. Si no, ya sabés”, decía una de las primeras.

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En audios, llamados y textos, algunos enviados por el propio Bay, detallaban los movimientos de la familia a la que primero exigieron 200 mil pesos. “Te vamos a matar hasta el perro”, prometían. El padrastro de la chica, empleado en una empresa de reparto, le pidió plata prestada a su patrón y a varios familiares. Y entregó el botín en una plaza cercana al monumento a Eva Perón conocido como La Mandarina, en Saladillo, a una pareja que se acercó al auto donde él estaba y retiró la bolsa sin mediar palabra.

Pero las extorsiones siguieron. “Hey, amigo, atendé. Vamos a solucionarlo porque va a ser peor. No te va a alcanzar la plata que te estoy pidiendo para comprarle los cajones a tu hija”, insistieron Bay y su entorno. En llamados incesantes _algunos con diferencia de minutos o segundos_ redoblaron la apuesta y exigieron 400 mil pesos.

Como las víctimas dejaron de contestar los mensajes les balearon la casa. Los llamados siguieron: les decían que esa había sido solo una advertencia, que la próxima vez el ataque no sería contra una pared y que conocían sus horarios. Ante ello debieron dar de baja el celular porque “la presión era constante”.

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