Peruano NARCOTRÁFICO

"El peruano" va camino a juicio oral como líder de una banda narco

La fiscal federal Adriana Saccone elevó su investigación, nacida cuando el acusado cayó en Empalme Graneros con 3 kilos de cocaína.

Viernes 16 de Octubre de 2020

Julio Andrés Rodríguez Granthon tiene 27 años y está preso en la cárcel de Piñero desde el 14 de junio de 2019, cuando cayó en Empalme Graneros mientras transportaba en un auto 3 kilos de cocaína. Allí aguardará el sorteo que determine cual será el Tribunal Oral Federal que debatirá su suerte. Apodado “El peruano” o “Coco”, Rodríguez Granthon es oriundo de la ciudad de Lima y es piloto de avión civil y comercial. Su nombre rápidamente captó la atención de las agencias penales por el veloz liderazgo en la narcocriminalidad del sur y el oeste rosarino, a tal punto que la fiscal federal Adriana Saccone lo procesó como organizador de una banda que en noviembre de 2019 fue desarticulada por los agentes rosarinos de la división antinarcóticos de la Policía Federal Argentina tras once allanamientos y el secuestro de 15 kilos de cocaína de máxima pureza que tenían como sello una corona en cada uno de los panes de droga. Junto al Peruano irán a juicio otras siete personas ligadas a su organización.

El 9 de noviembre de 2019 la desarticulación formal de la banda del Peruano motivó que el entonces jefe de la PFA, Néstor Roncaglia, “bajará” a Rosario para hablar en una rueda de prensa sobre el fenómeno del “jefe invisible” de una organización narco. Y en toda la conferencia se refirió a Rodríguez Granthon sin mencionarlo con nombre y apellido. El entonces jefe de la federal, un veterano del mundo antinarcóticos, contó que quienes trabajaban para esa persona muchas veces estaban insertos en una compleja división de tareas coordinadas en las que no se podía determinar quién era su jefe o para quién estaban trabajando. Era lo que la periodista mexicana Cecilia González señala en su libro “Narcosur” como la “Macdonalización del narcotráfico”. Esa fue la presentación en sociedad del Peruano.

Rodríguez Granthon llegó a la Argentina el 5 de marzo de 2012 y se radicó en la ciduad de Río Grande, en Tierra del Fuego. Allí estudió para ser piloto de aviación civil y comercial y refirió estar inscripto ante la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) y la Dirección General de Salud de la Fuerza Aérea Argentina.

Dos años más tarde se trasladó a Santa Fe y se afincó en Funes, donde completó las horas de vuelo que le faltaban para obtener la credencial de piloto. Y a poco de llegar tuvo su primer encuentro cercano con la ley: el 8 de marzo de 2014 causó la muerte en un accidente de tránsito de Pablo Franco. La fiscal Mariana Prunotto lo imputó por homicidio culposo por conducción negligente, inexperta y antirreglamentaria por lo que fue condenado a dos años de prisión en suspenso. Tras ello la Dirección Nacional de Migraciones le prohibió la permanencia en el país. Pero Rodríguez Granthon logró permanecer gracias a un recurso en el argumentó motivos de unificación familiar.

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En pareja con una rosarina y con sus padres viviendo en esta ciudad se afincó en inmediaciones de Pellegrini y San Nicolás. En ese tiempo dijo estar dedicado a la conducción de remises y tener un emprendimiento de provisión de productos y servicios para autos. Fue demorado al menos dos veces por la policía. Una en mayo de 2016, cuando en un control vehicular saltó un pedido de captura por la condena por el accidente de tránsito. Y otra en 2017, cuando una dotación del Comando Radioeléctrico lo retuvo por ese mismo requerimiento.

Cuando el Peruano cayó preso en el cruce de Fraga y José Ingenieros el 14 de junio de 2019, los federales estaban a la caza de quien era el máximo distribuidor de drogas en la zona norte y oeste de la ciudad y quien abastecía entre otros a Gustavo “Toro” Martinotti, un ex barra brava de Rosario Central de 47 años denunciado por su propia hermana como vendedor de drogas en el barrio 7 de Septiembre, quien está preso en la cárcel de Coronda. La caída del Peruano motivó una serie de allanamientos que no sólo incluyeron la celda de Martinotti sino que también llegó a los calabozos de Ariel “Guille” Cantero y Leandro “Gordo” Vilches, el jefe de Los Monos y su ladero. La caída de Rodríguez Granthon expuso así el entramado narco que lo rodeaba.

Entonces se determinó que el Peruano proveía de cocaína de máxima pureza a Gisela Bocutti, pareja de Leandro Vilches, condenado como miembro de Los Monos en 2018 y vinculado a la trama del asesinato de Diego Demarre, dueño del boliche donde mataron a Claudio “Pájaro” Cantero. Desde prisión, Vilches le daba indicaciones de cómo comerciar el estupefaciente a su mujer, quien también abastecía, según la mirada de la Justicia federal, a Martinotti.

Para noviembre de 2019 el Peruano estaba en lo alto de la pirámide del narcotráfico rosarino. Desde su calabozo en Piñero impartía órdenes para que sus socios distribuyeran cocaína en diversas zonas de Rosario y fue considerado jefe de esa banda al ser procesado por el juzgado federal a cargo de Marcelo Bailaque. El procedimiento implicó la detención de siete personas, el secuestro de 15 kilos de cocaína, más de 5 millones de pesos y 110 mil dólares.

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Además, Rodríguez Granthon está bajo la mirada de la Justicia provincial en la investigación del asesinato del ex concejal y pastor Eduardo Trasante. Una semana después del crimen a balazos del hombre de Ciudad Futura, efectivos de la Tropa de Operaciones Especiales allanaron el pabellón 9 de la cárcel de Piñero. Ante eso el Peruano destrozó su celular en dos partes, pero el aparato fue remitido a la sede de Gendarmería Nacional en Buenos Aires para que rescataran la mayor cantidad de información posible. A lo mejor allí se esconde la trama o su posible participación en el asesinato mafioso de Trasante. En tanto, el nombre del Peruano volvió a mencionarse en torno a balaceras y homicidios de este año.

La investigación que llevó adelante la fiscal Saccone considera a Rodríguez Granthon como el organizador de la banda. Según la acusación, desde la prisión el Peruano le daba órdenes a su ladero, Iván “Loro” R., según lo acreditan escuchas judicializadas en la que ambos hablan sobre la contabilidad del negocio.

Los investigadores estimaron que la banda movía entre 12 y 14 kilos de drogas por semana. Ramón L., Claudio M. y Cristina M. fueron identificados como los encargados de distribuir el estupefaciente en las bocas de expendio. Incluso, en la elevación a juicio quedó expuesto un operativo de recarga de mercancía que se llevó a cabo el 24 de septiembre de 2019 en uno de los puntos de venta, en Espinillo al 4000, donde vivió Loro y que en las escuchas aparece como “la base”.

Además, a la banda también la abastecían Rodolfo Héctor M., Sara B. y Maximiliano A., quien al momento de ser detenido tenía colocado anillos con el logo de una corona coincidente con el grabado en los ladrillos de cocaína secuestrados.

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