Policiales

El jefe invisible, rasgo novedoso que asoma en el narcotráfico regional

Los recientes decomisos de droga en Rosario y Santa Fe exhiben que los que trabajan en venta y distribución no pueden saber quién es el patrón.

Domingo 10 de Noviembre de 2019

“Lo que hacemos es un negocio. Alejémonos de la violencia. Hay un mercado que nos pide lo que vendemos. Tenemos que vender y nada más”. Una charla captada el 20 de diciembre de 2015 por una intervención judicial federal a uno de los capos de la venta de droga en la zona oeste de Rosario exponía el pensamiento de un narco aggiornado a los tiempos que corren. No hablaba de matar competidores ni de imponer control de territorio a sangre y fuego. Hablaba sólo de vender una mercancía valorada y reclamada por un sector en las calles. Este hombre, familiar de un peso pesado hoy detenido, fue condenado este año en aquella causa federal por narcotráfico. Datos del presente hacen pensar que nuevos aires están marcando el paso del mercado, al menos en Santa Fe. En las últimas 72 horas fueron incautados en la provincia 164.3 kilos de cocaína: 147.8 a la banda de “La curandera” en la capital provincial, y 15.5 kilos a una banda comandada por alías “peruano” desde la cárcel de Piñero.

   En abril de 2014 la periodista mexicana Cecilia González presentó en Rosario su libro “Narcosur”, una profunda investigación las operaciones de los carteles mexicanos en nuestro país. González en su libro habla de la “Macdonalización del narcotráfico” para referirse al proceso en el que aquellos que se involucran con el narco se insertan en una compleja división de tareas coordinadas en las que no pueden determinar quien es su jefe o para quien están trabajando. Las partes de una operación están tercerizadas a tal punto que en la maraña de relaciones los rangos más bajos de la pirámide de la transa desconocen para quién trabajan. ¿Cuál es el nombre de su patrón? El patrón real. Concepto que parece estar imponiéndose lenta pero progresivamente en las calles de Rosario.

Un joven líder

A Julio Andrés Rodríguez Granthon se lo conoce en Rosario como el “peruano”. Está en la cárcel de Piñero desde el 14 de junio de 2019. Tiene 25 años y es limeño. El viernes al mediodía, el jefe de la Policía Federal Néstor Roncaglia habló sin mencionar su nombre o apodo. Hace cinco meses fue detenido por efectivos de la División Antidrogas de la Policía Federal de Rosario en Fraga y José Ingenieros cuando los PFA “cortaron” un vehículo al que seguían debido a que tenían la sospecha de que realizaba venta de droga en la modalidad delivery. El peruano llevaba tres kilos de cocaína de máxima pureza. Quedó a disposición de la fiscal federal Nº 3 Adriana Saccone.

   Por entonces también reinó el hermetismo entre los investigadores y al día siguiente se realizaron 27 allanamientos en Rosario y en las cárceles de Coronda, Piñero y en el penal de Ezeiza. “El saldo del operativo fue de 15 detenidos, el secuestro de tres kilos de cocaína, más de uno de marihuana, armas de fuego y más elementos de interés”, según precisaron desde el Ministerio de Seguridad de la nación.

   Uno de los alojados en Coronda que interesaba a los investigadores era Gustavo “Toro” Martinotti, ex barrabrava de Rosario Central de 46 años, denunciado por su propia hermana como vendedor de drogas en el barrio 7 de Septiembre, cuya celda de detención fue allanada. Las otras celdas allanadas fueron las de Ariel “Guille” Cantero y Leandro “Gordo” Vilches. Fuentes de la pesquisa indicaron por aquellos días que el Toro mantiene vínculos marcados con Los Monos, y su área de transa era el 7 de Septiembre con ramificaciones en el mercado de concentración de Fisherton. Toro se hizo fuerte en los territorios que antaño manejaron el fallecido Roberto del Valle Padilla Echagüe, el “Tuerto Boli”, y Gustavo “Tuerto” Cárdenas.

   En aquella ocasión los investigadores dijeron del peruano, como repitieron el viernes, que era distribuidor mayorista desde una vivienda en Funes. En diciembre de 2017 ya había sido detenido junto a al menos siete personas acusado de integrar “una organización de venta en distintos sectores de la ciudad y localidades vecinas. Estaba en una casa de Esteban de Luca esquina Buenos Aires s/n de Funes, uno de cinco lugares allanados, donde encontraron “2.822 gramos de cocaína distribuidos en 292 envoltorios” y “428 gramos de marihuana distribuidos en 126 envoltorios”.

   El miércoles pasado, 8 personas sindicadas por parte de su estructura fueron detenidas. Cuatro de ellas —que circulaban en un Chevrolet Aveo y un Peugeot 207— en medio de la transa de 7 kilos de cocaína a 3 millones de pesos en la esquina de Avellaneda y Amenábar. Una quinta persona, apodado “Eri” o “Eric”, fue detenido en Avellaneda y Montevideo cuando manejaba una VW Amarok mencionada en la investigación.

Los restantes fueron presos tras una serie de 11 allanamientos realizados en Funes, los barrios San Francisquito, en inmediaciones del Fonavi de Rouillón y Segui, Tiro Suizo, Echesortu, el Fonavi de Lola Mora e Hipócrates y dos calabozos de la cárcel de Piñero. Además del peruano se requisó la celda de un detenido condenado en proceso abreviado a 7 años de prisión por los delitos de robo calificado por el uso de arma de fuego y agravado por haber sido cometido en poblado y en banda. En total la droga incautada peso 15.5 kilos de máxima pureza.

Indice droga

Si bien no existe un precio de lista para el kilo de cocaína, la referencia de fuerzas federales indican que en la frontera con Bolivia ronda entre los 1500 y 2000 dólares. Precio que depende fundamentalmente de la pureza de la droga. Ese precio trepa a los 6000 o 6500 dólares en ciudades con Rosario o Buenos Aires. Según los datos suministrados en la rueda de prensa dada por el jefe de la Policía Federal Néstor Roncaglia el viernes, alias “peruano” estaba vendiendo el kilo de cocaína al 80 por ciento de pureza en alrededor de 6.500 dólares en la esquina de Avellaneda y Amenábar.

   Los máximos productores de cocaína son Colombia, Perú y Bolivia. La calidad de la droga, su grado de pureza en función de la ausencia de químicos que se utilizan para estirarla, es determinante a la hora de fijar el precio. Cada uno de los kilos que ponía en la calle alias “peruano” podía estirarse hasta cuatro veces. En las calles rosarinas la cocaína que se consume tiene una calidad oscila 20 y 25 por ciento. El precio en la calle ronda los 10 dólares. La mejor calidad aumenta el precio. Otro factor que incide en el índice de inflación de la droga es el territorio que transita un cargamento, las maniobras que hay que hacer para sortear los controles y cuantos de estos se vulneran. Con ese axioma como eje un kilo de cocaína de buena calidad puedo conseguirse en 25 mil dólares en Estados Unidos; 40 mil dólares en Europa y unos 200 mil dólares en Australia.

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