FEMICIDIO

El círculo violento que acorraló hasta la muerte a una madre de cinco chicos

María Celeste Encinas tenía 31 años cuando en 2018 fue rociada con alcohol y quemada por su pareja, condenado a perpetua por el femicidio

Domingo 04 de Octubre de 2020

María Celeste Encinas había escrito una carta. Un día después de ser prendida fuego por su pareja, cuando estaba con la mitad del cuerpo quemado en un hospital, su hermana fue a buscar algunas cosas a su casa y encontró la hoja con su letra bajo el colchón. Era una suerte de confesión. Los últimos tres años de su vida, la mujer de 31 años y madre de cinco hijos había quedado envuelta en una relación violenta. De eso hablaba en la carta: decía que se había vuelto fría, que había confiado en alguien que la traicionó y había perdonado lo imperdonable, pero mientras sus hijos fueran felices ella también lo era. Cerraba con decisión: “Orgullosa de ser mujer”.

María Celeste murió a los dos días con quemaduras en el pecho, los brazos, el rostro y la garganta. La frase final de su carta resonó como una amarga ironía en el juicio por su asesinato, que la semana pasada cerró con la condena a prisión perpetua de Rubén Ezequiel Juan, de 27 años. Es que el crimen no solo fue agravado por la convivencia sino por ser cometido con desprecio hacia la víctima por su condición de mujer. Los tres jueces del tribunal dijeron que fue un femicidio y fallaron en forma unánime.

En el juicio se expuso el contexto de violencia de género que sufría María Celeste desde que comenzó a estar en pareja con Ezequiel, a quien conoció al separarse del padre de sus hijos. En su familia humilde y numerosa de nueve hermanos la recuerdan como una chica alegre, muy dedicada a sus cinco hijos que entonces tenían de 6 a 15 años. Disfrutaba de festejarles los cumpleaños. “Todos los testigos manifestaron que era una persona muy alegre, con ganas de vivir, que amaba a sus hijos y vivía para ellos”, dijo la fiscal Marisol Fabbro.

>> Leer más: Prisión perpetua para el acusado del femicidio de María Celeste Encinas

Eso cambió cuando Ezequiel se instaló en la casa del Pasaje 1886 al 4400, en el barrio Triángulo, donde ella vivía con los chicos desde que le asignaron la vivienda en un plan social. Él no la dejaba sola un minuto. La llevaba con él a cirujear o limpiaban comercios a cambio de comida. Ella, que siempre había sido frontal, se volvió retraída. Cuando estaban juntos caminaba con la cabeza gacha y comenzó a distanciarse de su familia. Sus hijos contaron que la veían golpeada y que Ezequiel no los dejaba visitar a su papá. “Estaban todos los indicadores de violencia”, dijo Juliana Tagliatti, abogada del Centro de Acceso a la Justicia (CAJ) que representó a la madre de María Celeste como querellante en la causa.

Cansada del hostigamiento, “hacía un tiempito que ella estaba pensando en separarse. Los chicos decían que su mamá estaba triste. La situación ya era grave pero ella nunca los descuidó, siempre tenía palabras de amor para ellos”, contó la abogada.

>> Leer más: Murió una mujer quemada en discusión con su pareja

El 25 de abril de 2018 fue a buscar a los más chicos la escuela y conversó con su mamá, una hermana y una vecina. Les dijo que estaba cansada de la relación violenta con Ezequiel y que ese día le iba a pedir que se fuera. Luego iría a la casa de su mamá a tomar mates. A las 18 de esa tarde fue el crimen. Justo, observa Tagliatti, cuando el agresor “empezaba a perder el poder sobre una persona a la que había convertido en un objeto”.

En la casa sólo estaban los dos nenes más chicos mientras la pareja discutía en la habitación. El nene de 8 años jugaba con un amiguito en la puerta cuando su hermana de 6 salió a avisarle que su mamá se había quemado. En ese momento llegó otra hermana de 10 años a prepararse para una clase de danza. La acompañaban dos primas que encontraron a María Celeste “toda quemada” y mirándose al espejo del baño, antes de desmayarse. Ezequiel fue a pedirle a un vecino que los llevara al hospital. Al volver les dijo a las nenas que había explotado la cocina o una garrafa mientras María Celeste cocinaba. Les indicó que le cambiaran la ropa, que “limpien todo” y no dijeran nada.

Las chicas trataron de ponerle una calza grande porque “la piel se le pegaba a la ropa”. Contaron que al principio gritaba de dolor pero al subir al auto “la voz se le iba apagando” porque no podía respirar. “Lo último que me dijo fue que, pase lo que pase, ella nos quería mucho y siempre iba a estar con nosotros”, contó su hija de 10 años, que la asistió en el final.

María Celeste quedó internada en el Hospital de Emergencias con el 43% del cuerpo quemado. Al día siguiente su hermana entró a la casa para buscar los documentos de los chicos y unos remedios. En el ropero, entre las ropas de Juan, encontró un frasco de alcohol vacío sin la tapa. Bajo la cama, la carta que se leyó en el juicio. No encontró rastros de una explosión en la cocina y sin dudarlo fue a la comisaría 19ª a hacer la denuncia. El sábado 28 su hermana murió por una falla multiorgánica con quemaduras en el abdomen, la espalda, el cuello, los brazos, el rostro, y las orejas.

Ezequiel Juan tenía quemaduras en las manos cuando quedó detenido. En la primera audiencia cambió su versión. Dijo que ella estaba celosa porque lo vio hablando con una mamá en la puerta de la escuela y, en medio de una discusión, se quemó para suicidarse. Lo mismo dijo en el juicio al que llegó el 22 de septiembre pasado como autor de un homicidio calificado por la relación de pareja y por mediar violencia de género.

>> Leer más: Una "encerrona trágica" afecta a mujeres víctimas de la violencia

Fue un debate cargado de emotividad. La mamá de María Celeste, Fresia Moreno, se quebró en llanto y no pudo terminar de declarar. En la sala se exhibieron las declaraciones en Cámara Gesell de los cinco hijos y las dos sobrinas de la víctima, explicadas por una psicóloga. “Eze le tiró agua con un tarrito a mi mamá”, dijo la nena más chica en lo que, se interpreta, alude al frasco de alcohol.

Los niños contaron que cada vez que discutía con Ezequiel su mamá “se desmayaba” y no sabían si eso era por los golpes o porque estaba enferma. El mayor de los varones dijo que espiaba por la cerradura de la pieza por si tenía que entrar a socorrerla. “Se la llevaba atrás y le pegaba por todo. Si no lavaba la ropa o si visitábamos a papá”, relataron. Precisaron que su mamá “siempre tenía golpes en las piernas o en la cara” y que por las noches Ezequiel se ataba la llave de la casa a una muñeca para que nadie pudiera salir. La fiscalía y la querella plantearon que ellos también fueron víctimas.

Un testimonio decisivo en el juicio fue el del jefe de bomberos Carlos Rusi, quien dijo que no se detectó ningún rastro de fuego en la casa. Que la víctima tenía heridas propias de la dispersión de un líquido inflamable rociado de frente por un tercero, lo que se conoce como “splash”. Un médico legista llegó a la misma conclusión: la víctima jamás se pudo producir a sí misma esa clase de quemaduras. El martes pasado los jueces José Luis Suárez, Ismael Manfrín y Alejandro Negroni condenaron a Juan a la pena de prisión perpetua. El fallo fue unánime.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario