La condición de policía selló ayer la suerte de Leonardo Caro, el agente de la
Patrulla Urbana que recibió un disparo en la cabeza cuando intentaba comprar un auto en una agencia
de Pellegrini al 5500. Caro, de 23 años, vestía de civil y estaba junto a su padre cuando al menos
tres maleantes irrumpieron en el local con fines de robo a punta de revólver. Fuentes consultadas
indicaron que mientras los ladrones entraban, el agente sacó su arma de la cintura y se la colocó
entre las piernas. Cuando los intrusos le ordenaron que se tirara al piso boca abajo, el arma se le
cayó y ante esto uno de los hampones le disparó en la cabeza a quemarropa.
Eso marcó el final del golpe. Los ladrones salieron a toda
carrera por Pellegrini. Doblaron en Teniente Agnetta al sur y se esfumaron. En estado de shock, el
padre del policía tomó el arma de su hijo que estaba en el piso y gatilló al menos tres veces al
bulto. Esos disparos pusieron en fuga a un Ford Escort blanco que esperaba estacionado frente a la
concesionaria sobre la mano oeste-este. El auto giró en «U» sobre la avenida y avanzó hacia la
Circunvalación. El agente fue trasladado en estado desesperante al Clemente Alvarez y por la tarde
a un sanatorio céntrico.
Una hora y media más tarde, a unos 250 metros de la
agencia, sobre calle Teniente Agnetta al 1800 efectivos policiales detuvieron a un sospechoso de
haber participado del atraco. Se llama Luciano V., tiene 27 años y la policía le atribuye
cuantiosos antecedentes por robo.
Comprar un auto. Cerca de las 11 Leonardo Caro estacionó su Fiat Uno bordó
frente a la agencia de Autos Uno. Acompañado por Antonio, su papá, el agente fue a consultar si le
tomaban su auto en parte de pago para comprar un Volkswagen Polo. Caro ya conocía la concesionaria
que desde hace 12 años funciona en Pellegrini entre Teniente Agnetta y Liniers. Ahí compró hace más
de un año y medio su Uno y su cuñado un Polo. Los Caro traspasaron la puerta y caminaron unos diez
metros por el playón hasta el salón de ventas. Padre e hijo se sentaron ante un vendedor de
espaldas a la puerta del salón —de unos 10 por 20 metros, con una oficina de dos plantas en
su interior—. Leandro llevaba su arma reglamentaria. Entonces aparecieron los ladrones.
"Llegaron y dijeron: «Esto es un choreo. dejennos trabajar
porque sabemos hacerlo bien. Todos al piso boca abajo». Eran tres tipos", recordó ayer uno de los
vendedores que estaban en el lugar. "Después vi poco porque estaba boca abajo", explicó. Lo que
sucedió mientras los ladrones despojaban a sus cuatro víctimas de billeteras y celulares parecía
tener entre las fuentes consultadas una versión uniforme. "Cuando Caro advierte la situación,
estaba sentado en la silla. Sacó el arma de su cintura y la colocó entre sus piernas. Pero uno de
los ladrones le ordenó tirarse al piso, lo empujó y cuando se movió en la silla se le cayó el arma.
Y ahí le disparó a quemarropa en la cabeza", contó uno de los voceros policiales.
"Yo no estaba, porque me había ido al dentista. Lo que me
contaron los muchachos fue que todo estaba tranquilo. Que a pesar del robo estaban tranquilos. Así
hasta que vieron el arma", relató Claudio, encargado de la concesionaria. "Llegué a los pocos
minutos y el pibe estaba en el piso con convulsiones. Se lo veía muy mal", recalcó. El joven
policía tenía un impacto en el cráneo con entrada y sin salida, los ladrones huyeron con un magro
botín. Dentro del salón quedaron los huecos de dos balazos que impactaron contra una ventana de
vidrios espejados de la oficina interna. "Escuché tres disparos", recalcó uno de los empleados.
Obnubilado, el padre del agente tomó el arma de su hijo y
gatilló al menos tres veces contra los maleantes. Una de las vainas quedó en medio de la vereda. Un
Ford Escort blanco, que habría operado de apoyo, salió en fuga dando la vuelta en «U» por
Pellegrini. "Estaba limpiando las hojas de la vereda cuando vi pasar a tres hombres. Iban por el
medio de la calle y gritaban como quien corre a otro. Tenían entre 25 y 30 años", recordó Oscar, un
vecino de 67 años, que vive en Cochabamba al 5600, a dos cuadras del lugar del golpe. Una hora y
media después, cuando Leonardo Caro ya estaba en el Clemente Alvarez, la cuadra de Teniente Agnetta
al 1800 se pobló de policías.
Estaban altos jefes policiales y efectivos de las brigadas
de Homicidios, Investigaciones, Criminalística y Seguridad Personal. También de la Agrupación
Cuerpos y Orden Público. Además arribó al lugar el juez de Instrucción Javier Beltramone. Todos
rodeaban el ingreso a una casa de pasillo donde, "según testimonios, ingresó un hombre que habría
participado del atraco", relató un portavoz de Jefatura. El hombre fue detenido y trasladado a la
comisaría 14ª. Minutos antes en inmediaciones de calle Espinillo y Biedma, fue hallado un Escort
blanco que, según la policía, coincide con el visto por testigos frente a la concesionaria. l