Las imágenes del crimen de Alejandra Esther Sánchez, asesinada a balazos este jueves por la noche en Vera Mujica al 2700, son estremecedoras. Las cámaras de vigilancia de la zona muestran a dos tipos que llegaron en un auto, bajaron y, sin mediar palabras, abrieron fuego contra todo un grupo que estaba reunido en la vereda alrededor de una pileta. En el hecho también fueron heridos tres jóvenes, uno de ellos -hijo de la víctima fatal- quedó en grave estado. Como contexto se asoma el asesinato de un hijo de Sánchez asesinado en 2019 en ese mismo lugar y otras balaceras contra la vivienda. La Justicia busca confirmar si las víctimas son familiares de uno de los condenados por los atentados a sedes judiciales organizados y ejecutados por Los Monos.
Este viernes por la mañana los familiares de Alejandra Esther Sánchez estaban reunidos en el mismo lugar en el que el jueves por la noche varios de ellos habían presenciado la balacera que culminó con la mujer asesinada y tres chicos heridos. En ese marco compartieron con este diario las imágenes de las cámaras de seguridad de la zona que registraron el momento del ataque, ocurrido pasadas las 21 contra la vivienda de Vera Mujica al 2700, barrio San Francisquito.
La antesala de la secuencia es la normalidad de una familia que atraviesa la ola de calor alrededor de una pileta de lona instalada en la vereda. Hay chicos y adultos. Primero pasa un auto y nadie percibe algo extraño. El grupo continúa en lo suyo hasta que llega otro vehículo del cual, al bajar la velocidad, descienden dos personas armadas que no dudan un instante en dispararle a todos. En las imágenes se ve a dos chicos caer al suelo y arrastrarse detrás de la pileta, buscando algo de refugio.
Lo encontraron tal vez porque el apuro impidió a los sicarios acercarse más y concluir la matanza. Los autores del hecho se dieron a la fuga de inmediato. En el auto llevaban un bidón con combustible, al parecer tenían todo planificado: tanto el ataque como el posterior descarte del vehículo utilizado. Se trata de un Ford Focus oscuro que minutos después fue hallado a casi tres kilómetros de distancia, en la intersección de Cagancha e Iriondo. El vehículo, que tenía pedido de captura desde el 9 de marzo por su robo ocurrido en Gorriti al 900, fue hallado por vecinos que al notar que estaba prendiéndose fuego comenzaron a apagarlo.
En su interior, además del bidón con combustible, la policía halló una vaina servida calibre 9 milímetros, un cartucho intacto calibre 40 y otro 9 milímetros. Además, detectaron que sobre la puerta del acompañante había al menos tres impactos de arma de fuego. En ese marco, el fiscal de Homicidios a cargo de la investigación, Patricio Saldutti, solicitó que se realizara el análisis de dermotest a los heridos en la balacera para confirmar si ellos repelieron el ataque. Sin embargo esa hipótesis no tenía asidero al menos en los testimonios recabados al momento en el marco de la investigación, por lo cual se analiza la posibilidad de que esos disparos correspondan a un hecho anterior.
Desde la Fiscalía comunicaron que el ataque ocurrió a las 21.15 del jueves, que en el auto del que bajaron los dos sicarios había al menos dos personas más. Las víctimas fueron cuatro. Alejandra Sánchez fue herida en la cabeza, el cuello y la espalda y murió durante la madrugada en el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca). Luis Rodrigo C., de 18 años, recibió disparos en ambas piernas y un brazo. Luna P., de 17, fue herida en el pecho y en un brazo. Mientras que Elías Catriel C., de 21 e hijo de la víctima fatal, quedó internado en estado de gravedad por heridas en el pecho, el abodmen y un brazo.
"Todo empezó ese día"
Este viernes por la mañana los familiares de las víctimas pasaban el rato reunidos en la casa de Vera Mujica al 2700. Allí quedaron las marcas del ataque ocurrido la noche anterior. Un altar dedicado al Gauchito Gil tenía en su vitrina la marca de uno de los balazos, que había arrancado la cabeza de una de las estatuillas del santo popular.
>>Leer más: Lo asesinaron de un tiro en la cabeza cuando llegaba a su vivienda
La pileta alrededor de la cual las víctimas estaban antes de la balacera quedó destruida y fue retirada. En su lugar había sillas donde la familia organizaba algunos tramites: pedido de elementos médicos para las curaciones de los dos chicos que fueron dado de altas y una lista de donantes de sangre para el restante sobreviviente que está internado en estado de gravedad en el Heca. En ese marco solicitaron a La Capital que se difundiera ese pedido.
79013119.jpeg
Foto: Leonardo Vincenti / La Capital
A unos metros de la vivienda hay un mural con la cara de un pibe y una leyenda que lo recuerda. Es Jorge Canavo, que tenía 19 años cuando en mayo de 2019 un hombre lo mató de un balazo en la cabeza. Era hijo de la mujer asesinada este jueves. Las crónicas de aquel momento mencionan que el muchacho llegaba a su casa cuando le dispararon desde un vehículo, sin embargo desde entonces no trascendieron posibles contextos del crimen.
"Todo empezó ese día", contó a este diario una de las allegadas a las víctimas. Este viernes predominaba la cautela al momento de profundizar en los posibles contextos alrededor de la balacera. La mayoría de comentarios iban dirigidos con enojo y desconfianza tanto para la policía como para la Justicia. "La policía sabe muy bien por qué viene todo esto, no se lo van a decir ni a ustedes ni a nosotros. Acá si decís una palabra tenés que meterte abajo de la tierra porque te cagan a tiros", comentó un hombre.
"¿Justicia?, en Rosario no hay justicia. Hay justicia por mano propia nomás. Uno tiene que agarrar un fierro y ponérselo en la cintura, pero uno labura, labura todo el día", comentó otro. "Nosotros no tenemos nada que ver, lo que pasa es que hay gente que hace cosas que no tienen que hacer, pero se la agarran con los que no molestan", agregó.
Una casa en la mira
Por fuera de ese silencio, lo que los investigadores judiciales tienen en cuenta es que la vivienda en la que ocurrió el crimen registra varios hechos violentos en el archivo policial. Los últimos fueron dos balaceras, una en 2021 y otra en 2022. En la más reciente, ocurrida a principios de abril del año pasado, el saldo del ataque fue de cuatro adolescentes heridos.
>>Leer más: Feroz balacera en zona sur terminó con cuatro adolescentes heridos
Otros contextos que tienen en cuenta los investigadores es que en la misma vivienda fue detenido en 2019 Daniel "Cueri" Godoy. Lo buscaban en el marco de la investigación por el crimen de Jonatan Gerez, ocurrido en la navidad del 2018 en una casilla precaria del barrio Ludueña. Hecho por el que en marzo de 2022 fue condenado en el marco de un procedimiento abreviado a 7 años de prisión efectiva como partícipe secundario. La víctima era hermano de Mauro Gerez, hoy preso e imputado como líder de una asociación ilícita que funcionaba en aquel barrio del noroeste rosarino como una subestructura de Los Monos.
Además, la Justicia busca confirmar si las víctimas del ataque de este viernes son familiares de Claudio Canavo, uno de los condenados por los ataques a sedes del Poder Judicial organizados y ejecutados por Los Monos. Canavo, de 25 años y apodado "Churro", fue considerado como gatillero de la banda narcocriminal y en mayo de 2021 aceptó en un procedimiento abreviado la condena a 17 años de prisión por aquellos ataques y por un homicidio ocurrido en 2018.
Los atentados que asumió Canavo en aquel abreviado fueron parte de la serie de balaceras atribuídas a Ariel "Guille" Cantero como organizador desde la cárcel. Entre sus aliados "Guille" tenía a Matías "Pino" César, quien trasladaba las indicaciones a su pareja, Lucía Uberti, quien a su vez se las trasladaba a Canavo.
>>Leer más: Tirador de Los Monos fue condenado a 17 años de prisión por cuatro atentados a objetivos judiciales
Su primer ataque fue el 27 de julio de 2018 contra el edificio "Marisol", de Dorrego al 1600, donde años atrás había vivido la jueza Marisol Usandizaga, que había integrado el tribunal que juzgó a Los Monos. Antes de gatillar 17 veces, Canavo dejó un cartel con la leyenda "con la mafia no se jode". Luego participó de otros tres hechos: contra otra vivienda relacionada a Usandizaga; contra dos casas de Tarragona al 700 bis de las cuales una estaba vinculada a la camarista Carolina Hernández, que debía revisar la condena a la banda; y por último fue otro ataque contra un familiar de la jueza Usandizaga. Entendiendo que hoy las cárceles son una caja de resonancia de lo que luego repercute en las calles de la ciudad, los investigadores no descartan profundizar en ese contexto.