"Fue una cacería". De esa manera, un vecino del barrio Roberto Fontanarrosa sintetizó el ataque del miércoles por la noche por el que terminó muerto un joven de 23 años y herido en una pierna otro de 21. Contaron que las víctimas y sus amigos solían juntarse donde fueron atacados, una construcción abandonada que evidencia rastros del consumo de pasta base. "No nos tenemos que juntar más ahí, le pasó a un pibe que se junta con nosotros y le puede pasar a cualquiera", concluyó un amigo de "Chuale", como sus seres queridos apodaban al muchacho asesinado.
Desde la Fiscalía Regional indicaron que el ataque ocurrió minutos antes de las 22 del miércoles, en Norma Pons al 3800. Un llamado al 911 alertó que había una persona herida de arma de fuego en la zona cervical, que había sido trasladado en un auto particular al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez, donde se confirmó su fallecimiento. Fue identificado como Rodrigo Nicolás Suárez, de 23 años, sobre quien los médicos diagnosticaron que tenía un disparo en la cervical con orificio de entrada y salida. También se registró el ingreso al Hospital Alberdi de Pablo R., de 21 años, con una herida de bala en la pierna derecha. La investigación en un principio quedó a cargo del fiscal Ademar Bianchini.
Los vecinos de Norma Pons al 3800 todavía llaman Zona Cero al barrio Roberto Fontanarrosa, que adoptó ese nombre en mayo de 2018. Lo describen como un sector tranquilo pero atravesado por un contexto de violencia que lo conecta con los barrios Cristalería, Nuevo Alberdi, La Cerámica y la zona de asentamientos precarios conocida como Villa Oculta. Un marco territorial en el que distintas bandas dedicadas al narcomenudeo se disputan la calle con una dinámica particular: atentar contra zonas cercanas a puntos de venta de drogas para exponerlos, o bien contra grupos de consumidores.
En la nuca
En ese contexto, según los vecinos, ocurrió el ataque que acabó con la vida Chuale y dejó a otro chico herido. "Son pibes que se juntan acá, pero con nosotros siempre estuvo todo bien. Yo vuelvo de trabajar a la noche y los veo, me saludan", contó un residente de la cuadra. "Lo que sí, están con estas cosas que toman, mirá la cantidad de encendedores y esa cuchara", agregó y apuntó a los rastros del consumo de pasta base. Montones de encendedores gastados y una cuchara con restos de sustancia, en el mismo suelo donde todavía había vainas servidas, graficaban la complejidad de la violencia urbana en Rosario.
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Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
El miércoles a las 22 un grupo estaba en la esquina de Norma Pons y un pasaje de poca extensión identificado con el número 13112 y que se ubica entre las calles Oncativo y Rubén Naranjo. Según el testimonio de los vecinos, fueron sorprendidos por dos personas que llegaron al lugar en una moto negra y abrieron fuego a la distancia, sin precisar en un blanco determinado más que el tumulto. La secuencia que describieron fue la siguiente: uno de los homicidas empezó a disparar con la moto en movimiento apenas apareció en escena, después frenaron y uno bajó para continuar gatillando en dirección al grupo de chicos que intentaba escapar y protegerse a las corridas.
Chuale corrió por un pasillo que conecta Norma Pons y Héctor Palacios, que es la continuación hacia el norte de calle Polledo. Al final de ese tramo, sobre la vereda oeste de Héctor Palacios, quedó el charco de sangre que marcó el lugar donde se desplomó el joven. Un vecino contó que, según comentarios de testigos, los homicidas también se metieron por el pasillo a bordo de su moto. No pudo precisar si fue para escapar o para perseguir a Chuale, algo que quedó en duda porque tampoco quedó claro en qué momento el muchacho recibió el disparo. Sin embargo, el hombre brindó una descripción tajante: "Fue una cacería".
Cuando un móvil policial llegó al lugar, los vecinos y allegados de las víctimas pidieron que trasladaran al joven que más grave se encontraba. "Como el policía se negó les empezaron a tirar piedrazos y se tuvo que ir", contó un hombre. A Chuale lo llevaron en un auto particular al Heca, donde confirmaron el fallecimiento y le diagnosticaron una herida de arma de fuego con entrada y salida desde la cervical hasta la garganta.
Peligros
"¿Acá le pegaron a Chuale?", preguntó el jueves por la mañana un muchacho a otro que dialogaba con La Capital en la vereda donde se veían los rastros de sangre. "También le dieron al Pabli", agregó y dijo ser amigo de las víctimas. "Nosotros nos conocemos de acá del barrio. Yo me junto con ellos pero ayer no estaba, estaba en mi casa. Cuando escuché me vine para acá y me dijeron que eran dos en un Titán, pero no se les vio nada porque andaban encascados", contó en referencia a que los homicidas llevaban casco puesto.
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Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
El pibe confirmó que en el lugar donde fue atacado el grupo suelen reunirse a consumir. "Se juntan los pibes que se drogan. Los encendedores los gastan pipeándola", describió. En ese marco, aseguró que las víctimas no tenían alguna bronca puntual por la cual estuvieran en riesgo y aventuró que los tiradores "se confundieron". "Era un pibe re bueno", agregó.
>>Leer más: Condenan a 16 años a Tania Rostro, jefa de una banda que dominaba el norte de Rosario
El contexto que explican quienes conocen la calle en ese sector del norte rosarino es una disputa entre bandas del barrio Fontanarrosa con otra de Cristalería. "Los Colombia contra la Tania", describió el amigo de las víctimas, en alusión a Tania Beatriz Rostro, una mujer de 26 años que está presa con una condena de 16 años acumulada por varios delitos relacionados a su liderazgo de una asociación ilícita y por comercio de drogas. Acerca de "Los Colombia" no hay información oficial ni rumores de calle muy precisos, pero suelen aparecer en boca de residentes de distintos barrios. "Sí, son colombianos y son bastante zarpados", aseguró el joven. "La Tania también, está presa pero manda a tirar. No le importa nada, si ya tiene su condena en el lomo", agregó.
Lo que describe el marco del asesinato de Chuale son las dinámicas de la violencia urbana, más allá de la precisión de quienes arriesgan a aportar nombres propios. En ese sentido, lo que explican es que el peligro alcanza a todo movimiento alrededor de los puntos de venta de drogas. La competencia por el negocio comprende niveles de violencia que exponen a quienes participan de esa trama, pero también a sus allegados o bien a los consumidores.
Desde el lugar donde cayó herido Chuale se ve, hacia el oeste donde pasan las vías del tren, un sauce enorme que es la referencia para los vecinos del búnker más cercano. Así como ese punto, aseguran, en la zona hay varios más. Quienes pasan por ellos, en ocasiones eligen consumir en la calle. Lo que hoy por hoy en algunos sectores configura un riesgo más allá de los conflictos personales. "No nos tenemos que juntar más ahí. Le pasó a un pibe que se juntaba con nosotros y le puede pasar a cualquiera. Y capaz que en ese rafagazo le pegan a un nenito", consideró el amigo de Chuale mientras todavía rondaba la escena del crimen.