Juan Emanuel Cortez llegó puntual a la cita y estacionó su Volkswagen Voyage frente a las torres del barrio De la Carne. Lo habían convocado por WhatsApp para entregarle una suma de dinero, pero era una trampa. El hombre de 30 años fue atacado con una decena de balazos y murió en su asiento alcanzado por cinco tiros, uno a la cabeza. A uno de los atacantes en fuga se le cayó el celular cerca del auto y así la investigación llegó a Cristian Norberto Rodríguez, un joven de 21 años condenado por homicidio cuando era menor de edad y que ahora aceptó 13 años como coautor del crimen con trasfondo narco de Cortez. La pena se unificó con la anterior en 15 años.
El encuentro fue la tarde del 18 de octubre de 2020. Cortez llegó en su auto a las 18.15 y estacionó en Buenos Aires al 6400, a unos veinte metros de Alzugaray. Los vecinos contaron que estaba acompañado por un muchacho joven que pudo salir corriendo cuando vio que dos personas se acercaban a tirarles. El conductor no alcanzó a moverse del asiento. Recibió cinco balazos, uno letal a la cabeza. Murió en minutos dentro del auto, que quedó con las luces encendidas.
Los testigos dijeron que los atacantes eran dos y salieron corriendo “por el estacionamiento del Fonavi con dirección Buenos Aires”, donde los esperaba un auto gris en el que escaparon. “Estaba con mi familia cuando de pronto escucho como diez disparos. Enfrente de mi casa había un auto gris con un chico del lado del conductor. Cuando me acerco veo que le salía sangre de la boca y la nariz”, contó un vecino de los monoblocks.
Un testigo de identidad reservada contó que el tirador _un joven de pelo largo engominado peinado hacia atrás, jean y remera roja_, salió de una casa entre las torres. Caminó hacia el auto y “apenas vio” al conductor estiró el brazo y le apuntó con el arma. Pasó disparando delante del auto y en un momento se agachó como si se protegiera de disparos efectuados desde el auto hasta que llegó junto a la puerta del conductor. “Ahí lo remata”, dijo.
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En la acción, o en el apuro por salir de la escena, a uno de los atacantes se le cayó un celular. Ese aparato marca Samsung secuestrado a pocos metros del auto más el móvil ZTE de la víctima permitieron reconstruir los últimos minutos en la vida de Cortez, quien según un informe de la Dirección de Análisis Criminal era parte de la organización de Tania Rostro.
Esta chica de entonces 24 años había sido imputada tres meses antes como jefa de una banda de narcomenudeo en Nuevo Alberdi, Cristalería y la ex Zona Cero, así como de liderar una asociación ilícita para marcar ese territorio. En octubre del año pasado fue condenada a 8 años de prisión por tráfico de drogas junto al jefe de Los Monos, Ariel “Guille” Cantero.
Uno de los últimos diálogos telefónicos de la víctima fue con un contacto agendado como “Tami”, quien le indicó que fuera a buscar “un dinero” y le pasó el celular de Rodríguez. Cortez se puso en contacto a las 17.23 y el interlocutor le pidió que acercara a su casa porque no tenía movilidad. Pactaron el encuentro en Alzugaray y Buenos Aires y una hora más tarde, a las 18.15, el conductor del Voyage anunció que estaba afuera. “Estamos en la esquina con la plata amigo”, fue la respuesta.
Lo que siguió fue la descarga de una decena de tiros que según testimonios parecían de ametralladora. El informe balístico sobre ocho vainas 9 milímetros secuestradas en la escena y las perforaciones que quedaron en el auto arrojó que pertenecían todas a una misma arma. Cinco de esos tiros hirieron en distintas partes del cuerpo a Cortez, quien según la autopsia murió por destrucción cráneo encefálica.
El celular que perdió en la acción uno de los ejecutores estaba registrado a nombre del padre de Rodríguez, un joven que cuando era menor de edad fue detenido por la muerte de Rodrigo Ricardo Brest, un adolescente de 17 años. Fue asesinado con tres tiros el 19 de febrero de 20018 cuando iba en moto por Guillermo Tell al 300, en la zona sur. Rodríguez fue condenado a 5 años y cuatro meses por ese crimen. Cumplió la pena en Piñero y en junio de 2019 obtuvo la libertad condicional.
En el Samsung que cayó al pasto había selfies del acusado portando armas de fuego. También una conversación con una amiga, Brenda, que minutos antes del ataque le preguntó por WhatsApp si ya podía ir a la plaza que está en diagonal a la esquina de donde ocurrió el crimen. Luego de un mensaje eliminado Rodríguez contestó: “Todavía lo estoy esperando al fiambre. Vengan cuando quieran que frena el auto en la esquina”. Los disparos retumbaron dos minutos después de ese diálogo.
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El intercambio de mensajes motivó que la chica fuera imputada por participar del homicidio, pero con el correr de la investigación las actuaciones en su contra se archivaron. Ella contó que esa tarde estaba con su hija, su sobrina y dos amigas en la plaza cuando apareció en una camioneta Cristian, al que conocía del barrio por el sobrenombre de “Polaco”, y les dijo que se fueran porque “iba a pasar algo: iba a haber un muerto”.
“Lo vi muy nervioso. A una señora que estaba ahí le dijo que se vaya porque iba a pasar algo y había muchos chicos”, relató Brenda, quien en ese momento se fue a su casa. “A los quince minutos me mandó un mensaje pidiendo disculpas porque había asustado a la nena. Es ahí cuando me puso que estaba esperando el fiambre. Yo me quedé helada. Después de unos quince minutos me avisa mi hermanita que habían matado a uno”, añadió.
Rodríguez fue detenido el 5 de diciembre de 2020 cuando intentó escapar a tiros de la policía en un Volkswagen Gol Trend blanco junto a otros tres hombres y siguió el escape a pie hasta ser alcanzado en Baigorria y Gazcón. En la huida arrojó al pasto una pistola 9 milímetros con la numeración limada.
Sobre esas evidencias el fiscal de Homicidios Ademar Bianchini solicitó que Rodríguez sea condenado a 13 años de prisión en un acuerdo abreviado con el defensor Marcelo Martorano. La propuesta fue homologada este martes por los jueces María Isabel Mas Varela, José Luis Suárez y Mariano Aliau. El acusado dio su conformidad, admitió el delito y aceptó la pena.
Fue condenado como coautor de un homicidio agravado porque el testigo reservado vio dos atacantes y porque en los mensajes enviados a la víctima desde su celular habló en plural, como si lo acompañara otra persona: “Estamos en la esquina con la plata amigo”. La condena incluye la portación ilegal de un arma incautada al momento de su detención. La pena se unificó en 15 años de prisión con que le dictaron por homicidio cuando era menor de edad.