Según las estadísticas del gobierno provincial el 72 % de los homicidios registrados en el departamento Rosario durante 2022 fueron en contexto de "economías ilegales y organizaciones criminales". Entonces resulta lógico que buena parte de esos hechos ocurran en zonas con características determinadas: inmediaciones de puntos de venta de drogas o de domicilios de los protagonistas. Pero cuando se dan en seguidilla, como este jueves con diversos sucesos, además de acumular heridos y víctimas fatales estas disputas exponen la ausencia de prevención en sectores de la ciudad reconocidos -tanto oficialmente como en la calle- como terrenos en conflicto.
Un botón de muestra es lo que pasó el fin de semana en el barrio Tablada, puntualmente en el radio delimitado por las calles Ayolas, Chacabuco, bulevar Seguí y Necochea. Cerca de las 19.20 del sábado un hombre de 31 años fue baleado cuando estaba en la puerta de su casa de pasaje Villar y Necochea. Un día después, y en una secuencia similar, otro ataque a tiros ocurrió a metros de ese lugar y dejó a un hombre muerto y a otro herido de gravedad. Walter Daniel Portillo, de 65 años, falleció en el Hospital Provincial por un disparo en el pecho.
Los análisis de especialistas del gobierno provincial, como el último informe anual del Observatorio de Seguridad Pública sobre violencia altamente lesiva, suelen mencionar a Tablada entre los diez barrios en los que se concentra la mayor cantidad de heridos o asesinados. En la calle hace tiempo que los vecinos de esos sectores dan cuenta de que es de conocimiento público que son territorios en conflicto y que el temor se impuso al punto de obligarlos a adoptar nuevas costumbres para mantenerse a salvo, porque conviven con un peligro latente. Además está a la vista: los puntos calientes se reconocen por las marcas de los balazos.
En ese marco el ministro de Seguridad de la provincia, Claudio Brilloni, dialogó con La Capital y dejó una serie de conceptos que más allá de su transparencia y sinceridad no alcanzan para frenar la ola violenta que azota la ciudad: "Faltan más patrulleros para cubrir todo lo que planificamos"; "hay eventos extras que conspiran contra el traslado de lo planificado al terreno"; "es imposible poner una patrulla en cada uno de los búnkers que conocemos dónde están pero que no podemos allanar si no tenemos la orden correspondiente"; y que "a veces hay disociación entre lo que se planifica en una mesa y lo que se ejecuta en los territorios".
Más balaceras
Volviendo a las balaceras en territorios conflictivos como Tablada, los ataques que suceden en un lugar, con escaso tiempo y poca distancia no son aislados sino que corresponden a la continuidad de una trama. Es decir que muchas veces un hecho es consecuencia de otro y probablemente sea causa de uno por venir. Sin embargo, siguiendo el ejemplo de la zona del barrio de zona sur, nada pudo evitar que este jueves se repitiera una balacera. Fabricio L., de 22 años y con domicilio en pasaje Villar y Necochea, fue baleado a las 16.30 cuando salía de su casa con un amigo y los emboscaron desde atrás.
Horas después, y a cuatro cuadras de distancia, fue baleado un hombre de 34 años. Martín Alan O. recibió un disparo en una pierna cuando estaba en Esmeralda al 3700. Una cuadra que en 2022 fue escenario de dos crímenes similares: el 26 de abril fue hallado el cadáver baleado de Brian Pino, de 27 años, con las manos atadas y los ojos vendados; y tres meses después ocurrió lo mismo con Héctor Quinteros, de 20 años. En ambos casos junto a las víctimas había mensajes amenazantes y los investigadores tuvieron en cuenta que es una zona bajo influencia de Matías "Pino" César, un preso que cumple condena por las balaceras a sedes judiciales organizadas por Los Monos.
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Hoy, tanto para los vecinos como para investigaciones judiciales, ese sector de Tablada también está referenciado con otras personas que aparecieron en escena. Lucas Smith, un pibe de 20 años que está preso y condenado por robo, sindicado como cabeza del grupo "La Planchada" con el que mantiene una disputa territorial con la banda que responde a Alejandro "Chucky Monedita" Núñez, de 27 años y también preso. Una bronca que aparece como posible trasfondo de los hechos recientes y otros ataques como la balacera el 5 de marzo contra la escuela Isabel La Católica.
Se trata de un punto del barrio atravesado históricamente por la violencia. Unos 15 años atrás en esas calles pesaban los nombres de Guillermo "Torombolo" Pérez y la familia de los hermanos Jorge y Domingo Selerpe. Con el tiempo aparecieron otros: Rubén "Tubi" Segovia, Enrique "Cable" Solís y a unas cuadras de distancia los clanes Funes, Ungaro y Caminos. Los nombres cambiaron, algunos murieron y otros cayeron en prisión, desde donde continúan ejerciendo poder sobre bandas barriales. Lo que deja en claro que los sindicados líderes son engranajes de una maquinaria en funcionamiento constante que tiene otros componentes.
Sin recursos
Consultado acerca de qué factores influyen en que un territorio permanezca tanto tiempo atravesado por la violencia extrema, un funcionario policial que trabaja en la calle explicó: "Todos los días hay heridos por luchas entre bandas que se disputan territorio. Nosotros estamos pintados porque nos han sacado las atribuciones represivas". "No se investiga, por ende no tenemos ni información ni inteligencia. Somos un boxeador con las manos atadas y los ojos vendados. No vemos venir el golpe y no podemos devolverlo", agregó.
Para este funcionario la problemática se acentúa con la ausencia de móviles policiales: "Se patrulla, pero hay tantas custodias fijas ordenadas por oficios del Ministerio Público de la Acusación que el 50 % de los patrulleros están inmovilizados. De 30 móviles que saca el Comando Radioeléctrico solo patrullan 15, el resto está en los objetivos fijos", describió.
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Sobre este punto dialogó con La Capital el ministro de Seguridad de la provincia, Claudio Brilloni. "Faltan más patrulleros para cubrir todo lo que planificamos. Con la compra del año pasado alcanzó para suplir los que no se compraron en los dos años de pandemia. Son 420 vehículos que sirvieron para reemplazar autos que estaban devastados", explicó. "Estamos tratando de recuperar patrulleros y la ley de Emergencia en Seguridad próxima a entrar en vigencia va a falicitar eso", agregó el ministro.
Hay otros aspectos que determinan la cantidad de policías a disposición. "Hay eventos extras que conspiran contra el mal desarrollo de las planificaciones, como los partidos de fútbol. Para el clásico entre Newell's y Central hubo mil efectivos destinados y eso saca policías de las calles", indicó. Y a eso le sumó: "Las alcaidías están sobrepasadas, por lo cual hay que designar más efectivos para cuidar a los presos", una historia de la que esta provincia ya sabe demasiado y que ha tenidos finales muchas veces trágicos.
Sin prevención
En la calle los vecinos describen esta situación con el hartazgo de quienes ven la misma historia repetirse una y otra vez: saben dónde se venden drogas, dónde pueden ocurrir hechos violentos y además que la policía llegará una vez que todo haya pasado. Sobre este punto Brilloni apuntó tanto a la escasez de efectivos como al sistema judicial. "Podemos decir con certeza que mañana puede haber un homicidio en tal lugar, se puede pensar que habría que poner por cada búnker que hay en Rosario una patrulla, pero de dónde sacamos los efectivos", cuestionó Brilloni. "Nosotros sabemos dónde están los búnker, pero si no tenemos orden de allanamiento no podemos hacer nada. La culpa no es de jueces o fiscales, es del sistema. Podemos tener información clara y precisa, pero tenemos un sistema judicial y legal que respetar. Creo que hay ciertas exageraciones en cuanto al garantismo", analizó.
Hay una sensación de que la situación de violencia urbana tiende a desbordarse permanentemente, al punto de volverse inabarcable. "Se trabaja con inteligencia criminal, análisis de información, seguimiento de todos los hechos y posibles vinculaciones de las personas con cada hecho y lugar. Después hay trabajos de investigación judicial, que llevan tiempo", explicó Brilloni. "En el mientras tanto queda la prevención, que lamentablemente se hace con los pocos recursos que tenemos para la cantidad de situaciones que se presentan día a día. Podemos saber que en tal lugar puede haber un hecho delictivo, que puede ser homicidio, venta de drogas, arrebato, usurpación, pero los recursos no alcanzan para cubrir todos los delitos en sus distintas facetas", agregó.
"A veces la planificación para la prevención en materia de seguridad no es fácil llevarla a cabo. Hay disociación entre lo que se planifica y lo que se ejecuta. Hay que tener en cuenta el nivel de osadía y agresividad que lleva a que haya una balacera a metros de donde hay policías o gendarmes", analizó el ministro.