Todo comenzó con una advertencia a la chica que atendía la caja en el
autoservicio de Avellaneda y Saavedra. A eso le siguió un disparo efectuado para "marcar presencia"
que atravesó un tabique de durlock y se metió en una peluquería vecina en la que había ocho
personas. Continuó con el forcejeo entre el delincuente y el dueño del mercadito y terminó con el
comerciante baleado. El hecho, en el cual los delincuentes sólo se llevaron la bicicleta de un
vecino, estuvo repleto de detalles y pudo tener un saldo trágico.
La vereda de los impares de Avellaneda al 3500 marca los
confines de barrio Alvear. A una cuadra de bulevar Seguí, hay pequeños comercios levantados y
mantenidos a pulmón por sus propietarios. Entre ellos está el autoservicio Gibars, que comparte el
mismo salón con la peluquería Lenny Ríos y que hace tres años y cuatro robos que funciona en el
lugar. Ambos locales están separados por una pared de placas de yeso. De un lado, está el salón del
autoservicio conectado con la casa de sus dueños. Del otro lado de la fina pared, la peluquería con
su frente totalmente vidriado.
A punta de pistola. Todo comenzó a las 18.50 del jueves cuando dos
clientas salían del mercadito en el que trabajan tres personas: Ibar, el dueño del lugar, de 41
años, despachando en la carnicería; su hija Mariana, de 21 años, en la caja; y Noelia, en la
verdulería.
"Entraron dos tipos y cuando Mariana los vio entrar cerró
la caja. «Dame la guita porque esto es de verdad», le dijo uno de los ladrones y enseguida disparó
contra la pared", rememoró Sonia, la peluquera que ayer no podía salir del susto. "Pensé que había
explotado un fluorescente, pero se escucharon otros tres tiros y supe que lo estaban asaltando a
Ibar", recordó.
Cuando Ibar, un jujeño nacido en La Quiaca escuchó el
disparo, estaba en la carnicería, en la parte trasera del local. Pensó en su hija Mariana y corrió
hacía el frente. Tomó al ladrón que estaba armado por detrás y forcejearon. "Ibar tiene una pequeña
renquera porque el año pasado le robaron la caja registradora, salió a correr a los ladrones y se
lastimó una pierna", explicó una clienta de la peluquería. Trabado en lucha con el comerciante, el
ladrón disparó hacia atrás y el proyectil impactó en el cuerpo de Ibar. "Cuando Mariana vio a su
papá herido en el piso, le agarró un ataque de locura y agarró al ladrón de los pelos. Ahí el tipo
siguió disparando mientras el cómplice se quedó inmóvil", explicó la vecina.
En la peluquería. Del otro lado del tabique de durlock todo era confusión
y gritos de mujeres. El balazo, el primero de la secuencia del robo, atravesó la pared e ingresó a
la altura del tercer sillón de los cuatro que hay en el salón. El hueco quedó a 1,50 metro de
altura, a la altura de las cabezas de las clientas que eran atendidas. El proyectil recorrió los 8
metros de ancho del salón y destruyó un exhibidor de vidrio con tinturas sin alcanzar a ninguna de
las presentes.
"Fue un momento muy feo. Ese es el sillón en el que más se
trabaja y por lo general uno está cortando a la izquierda del cliente. Justo en la línea del
disparo", dijo Sonia angustiada. Según contó, en el lugar había cinco mujeres y tres niños.
Los dos ladrones salieron del autoservicio rumbo a bulevar
Seguí. Entonces se toparon con un hombre que estaba en bicicleta con su hijo de 3 años. "Vos
callate la boca y quedate quieto", fue lo que escuchó Armando mientras le apuntaban con el
revólver. Instintivamente el hombre giró para proteger al niño de un posible disparo y los ladrones
aprovecharon para sacarle la bici. "Mi marido estaba en la vereda con mi hijo. Se llevaron un susto
enorme y el nene se quedó como mudo. Hoy se tuvo que ir a trabajar en colectivo", relató una
vecina.
A Ibar, a quien todos valoraron como un "un hombre muy
laburante, de esos que trabajan de lunes a lunes", lo llevaron en un patrullero de la seccional 18ª
al Heca. Tenía un balazo con orificios de entrada y salida sobre el costado izquierdo del abdomen,
arriba de la cintura. Quedó internado fuera de peligro, coincidieron sus vecinos y la policía. De
la peluquería de Sonia los pesquisas rescataron el proyectil que atravesó el revestimiento: "Podría
ser un calibre 32, aunque la ojiva está esquirlada", explicó un vocero. l