"En este barrio los balazos no paran nunca. Esta más o menos peligroso. Pero tiros hay todos los días y parece que no va a mejorar". Sin dejar de masticar un pebete de jamón y queso, un vecino describió la cotidianidad del barrio villa Banana mientras marcaba el lugar donde cayó agonizante Delia Beatriz Díaz. La mujer, de 26 años, fue acribillada con disparos de una pistola ametralladora, tal describen los vecinos, el viernes una hora antes de la medianoche en el cruce de 27 de Febrero y Gutenberg, frente al Centro Municipal de Distrito Oeste Felipe Moré.
"Ella estaba en la esquina parada, hablando por teléfono, y le llegaron dos en una moto por detrás (desde Gutenberg) y le tiraron una ráfaga de ametralladora. Le tiraron como 20 balazos. Dicen que le pegaron 9, varios en la cara", explicó otro vecino. Díaz era madre de tres niños de entre 3 y 9 años.
Banana se acostumbró en los últimos cinco años, por lo menos, a desayunar charlando sobre balaceras en las que nadie salió herido, donde hubo un herido o más, o sencillamente si mataron a alguien. Y más allá de que en el tono de los vecinos con los que se dialogó se nota un fraseo de naturalización, nadie quiere vivir sin poder asomar la nariz a la puerta de su casa por miedo de quedar con un nombre en la estadística de homicidios o en el titular de la prensa de mañana.
Banana fue, o sigue siendo, territorio de "La banda de Pandu", un oriundo del barrio Las Flores que hoy en la cárcel comparte "ranchada" con Ariel "El viejo" Cantero padre, o de la pandilla de "Junior", alguien que por estar activo los vecinos ni siquiera se animan a mencionar: "Usted se va, pero yo me tengo que quedar a vivir acá", sigue siendo la respuesta más común en boca de la vecindad ubicada a escasos 10 minutos en auto del centro de Rosario. .
Un lugar dividido
Ayer a media mañana, villa Banana parecía buscar encausarse en la cotidianidad. Los vecinos se juntaban en pequeños grupos para comentar. Y ese mismo grupo se dispersaba automáticamente cuando algún extraño se les acercaba para preguntar. Todo eso teniendo como banda de sonido el ruido de los motores que dividían el tránsito entre los que circulaban por Presidente Perón (ex Godoy) y los que lo hacía por 27 de Febrero. Todo mientras un par de trasnochados se despedían en medio de la Plaza de la Infancia dejando sembrada la duda de si era en buenos o malos términos. Cruzando el bulevar, dos o tres casas derrumbadas demarcan el lugar por el cual, con el Plan Abre a la cabeza, se abrirá la traza de Pascual Rosas.
Delia Beatriz Díaz vivía a 50 metros de donde fue asesinada, en Gutenberg al 4400. Tras pasar por 27 de Febrero la calle con el nombre del imprentero más reconocido ingresa a las entrañas de la villa como una callejuela angosta o un pasillo amplio pavimentado. Tanto Gutenberg como Pascual Rosas corren paralelas a las históricas vías de ferrocarril Belgrano que llegan hasta la profundidad del barrio. Sentados en una silla, los abuelos de la joven charlaban con vecinos y familiares. Una tía contó que la mujer era madre de tres hijos, de entre 3 años y 9 años, que no tenía trabajo fijo y que había tenido conflictos con una mujer del barrio. Díaz tenía un pedido de captura por una causa de amenazas calificadas de marzo de 2013 en el juzgado de Instrucción 12ª.
Un llamado
Según se pudo reconstruir del diálogo con varios vecinos, Delia Díaz estaba en su casa alrededor de las 22.30. Minutos más tarde recibió una llamada a su teléfono que la hizo caminar hasta el cruce de 27 de Febrero y Gutenberg. Testigos describieron que cuando la mujer estaba hablando por celular, por Gutenberg desde el interior del barrio, apareció una moto con dos ocupantes. Uno de ellos sin titubear disparó una ráfaga de balazos contra Díaz. "Yo no la vi, pero se dice en el barrio que varios se los pegaron en la cara", comentó un vecino. Oficialmente, en tanto, se indicó que los agresores llegaron en un auto. El cuerpo de la muchacha quedó agonizando sobre un charco de agua pestilente en la bocacalle. Los vecinos la asistieron y en un auto particular la llevaron al Hospital de Emergencias Clemente Alvarez. Allí llegó si vida.
El feroz asesinato de Díaz ocurrió frente al Distrito Municipal Oeste, frente a un centenar de vecinos que por 27 de Febrero, por Gutenberg o por Pascual Rosas, estaban sentados en la vereda buscando un poco de fresco y distracción. "Había muchos vecinos sentados en la vereda pero nadie va a contar nada. Usted ya sabe. No sabría decirle si el Distrito tiene cámaras, me parece que no. En la otra cuadra (Servando Bayo, a unos 100 metros) hay una cámara, pero vaya a saber si funciona", indicó una residente mientras escuchaba cumbia santafesina.
"Muy feo está el barrio. Un rato antes de que mataran a esta piba se cagaron a balazos por los pasillos, entre Lima y Pascual Rosas. Nadie asoma la nariz porque no sería la primera vez que un curioso termine con un balazo. Parece que no les importamos a nadie. Los pibes no pueden ir a jugar al playón porque por ahí pasan cagándose a tiros entre las banditas y terminas con un pibe baleado", indicó otro de los 15 mil vecinos que residen en la vecindad.
Al caminar por los pasillos de la antigua villa se advierten algunas reformas en la urbanización. Pero también se percibe en el diálogo con los residentes que hay viejas costumbres enquistadas que no serán sencillas de resolver. Pasillos que están monopolizados por pibes que disparan como locos y tiñen de miedo el discurso de los vecinos. Muchachos descontrolados que en una doble vida cuando no venden drogas les roban a sus vecinos.
El asesinato de Delia Díaz quedó en manos del fiscal de la unidad de homicidios Miguel Moreno, quien comisionó a efectivos de la Policía de Investigaciones (PDI) para que trabajaran sobre el territorio tomando testimonios a potenciales testigos y relevando cámaras de videovigilancia públicas y privadas en las inmediaciones.