Un fiscal de La Matanza desistió de acusar hoy a Graciela Aguirre, la
mujer que mató a su marido de una cuchillada el 4 de junio del 2007, al entender que la mujer
actuó “en legítima defensa” por los maltratos verbales y físicos que sufría por parte
de su esposo. La resolución llega luego de que la mujer permaneció detenida durante dos
años.
La Justicia de La Matanza absolvió y ordenó la inmediata liberación de
Graciela Aguirre, la mujer que mató a su marido de una cuchillada el 4 de junio del
2007, luego de que tanto ella, como su hija y sus vecinos ratificaran ante los jueces y
el fiscal los constantes golpes y maltratos que sufrían del fallecido.
El Tribunal Oral número 4 de La Matanza, a cargo de los jueces
Gerardo Gayol, Franco Fiumara y Jorge Multedo, entendieron que la mujer había actuado en
legítima defensa y decidieron absolverla luego de que el propio fiscal del caso, Ariel
Panzoni optara por no acusarla del delito de homicidio.
Fue despues de un crudo relato en el que Graciela Aguirre, de 40 años,
contó las “cotidianas” agresiones que sufría por parte de su marido Ricardo Avila
-que ya había denunciado sin respuestas ante la policía-.
Luego detalló cómo aquella noche, la del 4 de junio de 2007 en su casa,
cuando comenzó un forcejeo con su pareja Avila, en el que la hija de ambos -entonces de 15
años- trató de interceder y el hombre terminó tomando un cuchillo.
“Forcejeamos con él, yo la empujé a la nena -que se había
interpuesto entre ambos para defenderla- y ella fue a parar contra la puerta, él se cayó y se
le cayó el cuchillo de la mano, después se levantó y volvió a tomar el cuchillo”,
contó.
Fue entonces cuando Aguirre reaccionó tomando otro cuchillo de la mesa, y
se lo tiró “a lo ciego, sin intención de matarlo”, según le contó a los jueces en
medio de lágrimas a lo largo exposición.
Más tarde, el relato fue confirmado por la hija de la pareja, Karina,
mientras que los vecinos y familiares dieron cuenta de la personalidad
“intratable” y “violenta” que tenía la víctima.
Despues de cinco horas de audiencia, el fiscal de juicio, Ariel Panzoni,
sostuvo que desistía de acusar a la mujer que estuvo detenida desde el momento de la muerte
-seis meses en prisión efectiva y el resto con tobillera eléctronica-.
La Fiscalía hizo hincapié en que la mujer no pudo “escapar ni
irse” de la vivienda porque Avila era un hombre “corpulento”, señaló
“el temor que se le tenía a esta persona” en el barrio.
“Tenemos un cuadro del que surge la agresión ilegítima (por parte de
Avila) cuando la agredió, la humilló, la golpeó a ella y su hija. Tenemos la necesidad de un
medio claro: si ella tomó un cuchillo fue después de la agresión, después de pedir ayuda, en
donde los vecinos no se metían. Y tengo por demostrada la falta de provocación
suficiente por la imputada, porque un testigo la escuchó decir: 'Decime que no lo
maté'”, dijo el fiscal.
El fiscal entendió que los relatos de Graciela y su hija le habían
parecido “de una total verosimilitud y total sinceridad” y anunció que evitaba
acusarla de homicidio porque entendía qu había actuado en legítima defensa.
Tras agredecer la “honestidad intelectual” del fiscal del
juicio, la defensa de Aguirre atacó al fiscal de instrucción Guillermo Bordenave,
porque -dijo- “de haber primado el criterio”, Aguirre “no hubiera padecido
casi dos años de detención que la privaron de sus actos ciudadanos”.
“Sin lugar a dudas, Graciela fue una víctima -dijo uno de sus
abogados-. Una víctima del Poder judicial que no le tendió una mano (cuando denunció a su
marido). No fue a pedir clemencia sino que los órganos encargados de la violencia familiar la
asistieran. Pido, entonces una advertencia para los poderes publicos y del Ministerio
de Justicia para que nos pasen otros Ricardo y otras Graciela victimas”.
El tribunal dispuso la abolución de la mujer y además un pedido especial
de la defensa: que se instruya al Ministerio de Justicia bonaerense y la Suprema Corte de
Justicia provincial un reclamo frente a los organismos que no dieron respuestas a
Aguirre cuando denunció los malos tratos familiares que padecía.
Tras conocer el fallo, Aguirre rompió en llantos y se abrazó a su hija.
Frente a los periodistas, dijo: “Gracias a Dios se hizo justicia, tenía mucha fe e
intentaba creer que esto iba a terminar así. Como pueda, ahora, saldre adelante con mis
hijas, sola. La gente dijo nada más que lo que sabían porque yo no estaba
mintiendo”.