El Laboratorio Industrial Farmacéutico de Santa Fe (LIF) donde se producen 45 medicamentos que se distribuyen en hospitales y centro de salud de toda la provincia superó este año las 100 millones de unidades farmacológicas, la mayoría en comprimidos.
Los números son más altos que los del 2020 (que ya habían sido relevantes) a causa de la pandemia de Covid. Además, durante este año, la decisión de las autoridades fue fortalecer la capacidad productiva.
Antibióticos y corticoides fueron más requeridos que antes, así como drogas para tratar la diabetes y la hipertensión (que fueron más solicitadas por distintas causas, algunas directamente vinculadas a la pandemia).
Llamó la atención a los directivos y personal del LIF el aumento del 400% en la demanda del losartán, utilizado para tratar la hipertensión, entre otros productos farmacológicos que tuvieron que producir en mayor cantidad.
Elida Formente, directora del LIF, licenciada en administración y especializada en ingeniería en calidad, contó que tuvieron que “exigirse al máximo” para poder dar respuestas en el marco de los picos de la pandemia.
Respecto a lo que sucedió con el losartán, para la presión alta, pudo deberse a distintas causas: personas que pasaron del sistema privado de salud al público porque perdieron sus empleos formales o no pudieron pagar más una obra social o prepaga; el hecho de que muchos pacientes que tuvieron Covid (en Santa Fe fueron casi 473 mil los contagiados hasta ahora) y al “pasar” por un hospital y gracias a los exámenes clínicos descubrieron un diagnóstico de hipertensión que desconocían.
También se sumaron más casos por la mala alimentación, el aumento de la obesidad, del sedentarimo y las presiones emocionales en el marco de la pandemia.
“Sin dudas las variables son muchas pero lo que pasó con el losartán, como con otras drogas, nos sorprendió. Nosotros tenemos una planificación anual que se vio desbordada así que tuvimos que trabajar mucho para poder abastecer a todas las regiones, lo que se logró con gran esfuerzo de todo el equipo”, mencionó la directora.
El LIF se encarga además de la compra centralizada de determinados fármacos, tanto para tratamientos ambulatorios como aquellos que se realizan en el marco de una terapia intensiva.
Con las distintas olas de Covid que llevaron a una cantidad enorme de personas a la internación y muchos de ellos a cuidados críticos fue necesario contar con una logística más eficaz que nunca para proveer, por ejemplo, las drogas que se usan para sedación.
Sin pausa
El LIF tiene en producción 45 medicamentos, en su mayoría sólidos, destinados a la atención primaria de la salud.
Llegan a cinco regiones: Rafaela, Reconquista, Rosario, Santa Fe y Venado Tuerto y también proveen en forma directa a los hospitales José María Cullen, Cemafe, al Hospital Provincial del Centenario, más otros dos efectores de Rosario y otros cuatro de ciudad capital.
Hace poco sumaron en el camino de la distribución directa al Eva Perón, de Baigorria, al Hospital Provincial de Rosario y otros centros en distintos puntos de la provincia.
Los medicamentos que más salida tienen son los que ayudan a controlar las enfermedades crónicas no transmisibles como la diabetes y la hipertensión. También los antibióticos de uso más frecuente para problemas respiratorios, infecciones urinarias o trastornos cutáneos como son la amoxicilina y la cefalexina.
En la lista se encuentran los que se necesitan para tratar la tuberculosis, una enfermedad poco frecuente pero con más de 500 nuevos diagnósticos por año en la provincia.
“Todos las unidades farmacológicas tienen su importancia pero hay algunos medicamentos que marcaron un hito como el misoprostol”, puntualizó Formente.
El laboratorio provincial que hoy abastece a sectores de salud pública de todo el país fue el primero en producir esta droga que permite la interrupción voluntaria de un embarazo y cuya distribución se multiplicó con la entrada en vigencia de la Ley del Aborto Legal.
Pasaron de producir 90 mil unidades anuales a un millón 200 mil.
“Además somos referentes de precios”, mencionó Formente.
Aceite de cannabis
Otro de los productos “estrella” del laboratorio es el aceite de cannabis que por el momento es utilizado para tratar la epilepsia refractaria.
Si bien a nivel social hay una demanda creciente para distintas dolencias, lo cierto es que por ahora solamente puede entregarse con receta elaborada por un neurólogo o neuróloga y para ese diagnóstico, el de epilepsia refractaria.
El aceite de cannabis que se produce en el laboratorio (en base a la materia prima que se importa a granel) “cuenta con estrictos niveles de seguridad y calidad en todo el proceso”, dijo la directora del LIF.
Elaboraron 926 frascos (se lanzó hace dos meses) y distribuyeron algo menos del 10%. “Sabemos que hay mucha expectativa, de hecho hay personas que se acercan acá, al laboratorio, con una receta, pero no podemos entregarlo si no es bajo las condiciones dispuestas legalmente”, explicó Formente.
Nuevos objetivos
Formente detalló que terminan este año “contentos por los objetivos cumplidos y con muchos desafíos porque justamente fue un período en el que nos planteamos nuevos desarrollos, avanzar en la innovación de tecnología, mejorar aun más los procesos de producción”.
140 personas trabajan en este espacio ubicado en la ciudad de Santa Fe y que tiene una trayectoria que se inició en 1947 en un contexto nacional que fomentaba la industria farmacéutica pública.
Desde 1999 es una sociedad del estado cuyo objetivo es “priorizar el abastecimiento de medicamentos salud pública provincial” que se “fortaleció al punto de empezar a producir para el país y como objetivo próximo, también para el exterior”.
“La soberanía sanitaria es nuestra gran bandera pero sin dudas el trabajo en el LIF ayuda a disminuir los costos en un sistema de salud que siempre tiene que manejar muy bien sus recursos para llegar a toda la población”, puntualizó Formente.