Central

Un duro traspié que puso en jaque el ciclo de Leo

Tras una semana convulsionada, Central cayó frente a Racing, extendió el mal momento y casi se despidió de la lucha por ingresar a la Sudamericana. El DT quedó en la cuerda floja.

Lunes 23 de Abril de 2018

Tras una semana convulsionada, Central cayó frente a Racing, extendió el mal momento y casi se despidió de la lucha por ingresar a la Sudamericana. El DT quedó en la cuerda floja

Que ninguna derrota es oportuna es lisa y llanamente una verdad de Perogrullo. Ahora, la de ayer (0-2) para Central fue la más inoportuna de todas. Por infinidad de motivos, pero especialmente por el trasfondo que tenía este partido, envuelto en una previa demasiado conversada. Con una dirigencia que tras la anterior caída ante River ya le había solicitado explicaciones futbolísticas al cuerpo técnico. Encima de todo el adversario de ayer justo fue el Racing del conocido Chacho Coudet, recibido casi como un héroe por los hinchas aurizules. Un combo que terminó de la peor manera. Con un partido flojísimo, una dolorosa derrota de local y con la continuidad del DT Leo Fernández pendiendo de un hilo (ver página 8).

Ahora, cuando más dudas hay, más claro se presenta el panorama para lo que será el futuro del canalla. Seguir sumando en la Superliga será clave a posteriori, pero en lo deportivo no cabe otra posibilidad que calibrar la mira, sacar del foco de atención la clasificación a la próxima Copa Sudamericana y enfocar decididamente el partido de vuelta contra San Pablo. Allí Central se jugará todo y algo más en lo que le queda al semestre. Incluso con el DT que esté sentado en el banco de suplentes, sea Fernández u otro.

Es insoslayable el grado de dificultad que aporta esta nueva derrota (por primera vez la segunda consecutiva desde que Leo Fernández es el técnico). Fue un mazazo directo al mentón para lo que era uno de los objetivos: la clasificación a la Copa Sudamericana 2019. Hoy parece imposible, por más que la matemática entregue, por mínimo que sea, un guiño de complicidad. Es cierto que cuando Paolo Montero dejó el cargo esa apuesta anidaba mucho más cerca de la utopía que de la realidad, pero la chance no sólo existió, sino que se estuvo durante muchas veces realmente a tiro. Por eso, conformarse con que en aquel momento parecía imposible es un razonamiento un tanto conformista.

"Si no clasificamos a la Sudamericana y quedamos afuera con San Pablo sin dudas que va a ser un gran fracaso deportivo", coincidieron algunas voces canallas en estas últimas semanas, período en el que el proceso futbolístico parece haber entrado en un estado de descomposición. Con ese pensamiento, el primer paso hacia el fracaso está dado. Ahora sólo es cuestión de reagruparse, fortalecerse y aguardar que lo que suceda en Brasil no le eche más leña al fuego.

El camino que el canalla comenzó a recorrer ayer tras el pitazo final de Lamolina ya tiene rasgos particulares. Porque la exigencia será mayor, con o sin Leo Fernández al mando. Porque rápidamente se entrará en tiempos de balances, con todo lo que ello implica.

Pero lo dicho, lo inoportuna de la derrota fue también por el ambiente que se respiró en Arroyito en los últimos días después de lo que fue la reunión entre dirigentes y cuerpo técnico en las entrañas de Arroyo Seco y la posterior filtración de la información sobre que habían comenzado los sondeos por algunos entrenadores.

Quizá ese terreno haya sido el que llevó a Leo Fernández a dejar el piberío de lado y apostar por los más grandes. Pero ni ellos pudieron cambiarle la cara a un equipo al que se le sigue haciendo más que complejo hallar esa cuota de fútbol que le entregue la llave para abrir alguna puerta en busca de algo de claridad. Ni siquiera ese ropaje de mayor experiencia. No hace falta remarcarlo, pero la pilcha del técnico (ayer lució un pantalón marrón, zapatos al tono y camisa blanca, en lo que fue un claro cambio de atuendo en medio de, también, ciertas sugerencias de parte de los dirigentes) tampoco es el meollo de la cuestión.

Los errores, muchos de ellos infantiles y de difícil explicación, que se repitieron a lo largo del partido fueron abonando la impaciencia de la gente, que cerca de los 30' del complemento se hizo escuchar con el "Central ponga huevo", pero que en el final se olvidó de los reproches para ponerla garganta firme, lo que también pudo entenderse, además de un acto de fidelidad, como una verdadera muestra de disconformidad.

A la luz al final del camino se la nota cada vez más tenue. Y a ella habrá que llegar sorteando la turbulencia que ya es inocultable. La casi segura despedida de la lucha por un lugar en la zona de copas por ahora tiene forma de cimbronazo. Cuando los números bajen el martillo será el tiempo del golpe y la asimilación del mismo. Hasta que eso suceda será el transcurrir de una situación incómoda para Central.

Desde lo futbolístico en el semestre queda sólo una bala: la revancha frente a San Pablo.

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