El banderazo se cumplió a rajatabla en el Coloso del Parque. Sin importar el mal momento, conscientes de que los pronósticos no lo favorecen, los hinchas de Newell's desafiaron el mal tiempo y apoyaron al ahora equipo de Frank Kudelka, cuya llegada renovó las esperanzas. Todo se desarrolló con normalidad.
La prensa se ubicó sobre el lado de la vieja visera Tata Martino, mientras que a la gente se le abrió la popular Maradona y la platea baja del museo. Y hubo, sobre todo, muchas familias.
El mal tiempo y las amenazas de tormenta eléctrica que merodearon por la ciudad justo antes de la hora de apertura de los accesos, no impidieron que los simpatizantes leprosos fueran al Coloso. Y que, pese a todos los cuestionamientos, apoyaran a sus jugadores de cara al clásico.
Las palabras de Frank Kudelka sobre el banderazo
“Que se expresen tal cual sienten porque es su patrimonio y no les estamos dando alegrías. Hay que aceptar, no pedir. Los necesitamos esta noche y el domingo. Son la parte genuina del club, tenemos que estar al altura del sentimiento”, había dicho Kudelka en la conferencia de prensa cuando le consultaron específicamente por el banderazo.
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O sea que Kudelka no solo le quitó dramatismo, sino que contextualizó el encuentro con los hinchas como algo genuino. Y sin buscarlo quizás, consiguieron sus palabras que no haya condicionamientos para los jugadores desde las tribunas. Al contrario.
El plantel leproso salió desde la popular Maradona a través de una pequeña manga a las 19.08, mientras se lanzaban fuegos artificiales al aire y se activaron bengalas. Con cánticos de apoyo en el medio.
Arias fue con muletas
Dentro del plantel estuvo Gabriel Arias, caminando con muletas y la férula en el tobillo izquierdo que se lesionó ante Estudiantes (aún no se informó el grado de la misma). Y la fila india la comandó Armando Méndez hasta el círculo central.
Entre ellos estuvo, por supuesto, Frank Kudelka, observando todo el colorido de las tribunas, mientras varios de sus dirigidos se prendían a los cánticos y al salto que se pedía desde la tribuna.
Luego los jugadores caminaron por el lateral de la platea baja y se pusieron de frente a la popular, donde estaba el grueso de la hinchada que comandaba la movida. Unos 20 minutos duró todo y el cántico de despedida fue "Dale Newell's que no ha pasado nada...", un resumen del espíritu del banderazo, para el partido de la ciudad.