Rusia 2018

Se irá por las buenas o será de alguna manera

El ciclo de Sampaoli como entrenador de la selección argentina está a punto de terminar en un estruendoso fracaso.

Lunes 02 de Julio de 2018

Aquel que lo conoce desde años nunca podrá discutir que Jorge Sampaoli se preparó en la universidad de la calle y luego se perfeccionó con una capacidad de trabajo inimitable para llegar a ser el técnico de la selección. Pero ni con ese caudal de aprendizaje le alcanzó para demostrar que era el indicado y que estaba en el lugar soñado. Por eso su ciclo está a punto de terminar en un estruendoso fracaso.

Es evidente que se llevó materias a marzo y dirigió el Mundial sin aprobarlas. Entonces, lo mejor para él sería acordar una desvinculación en buenos términos, prepararse con el ahínco que lo caracteriza y relanzar su carrera. Tal vez le convendría ir a un mercado más plácido para no someterse al escarnio del día a día ni estar de nuevo en la picadora de carne.

Si algo quedó al descubierto en el año que lleva al frente de la selección es que no se sabe manejar en la adversidad y tampoco tiene la templanza para poner la cabeza en la heladera a la hora de decidir con acierto, cuando un ambiente de presión extrema le cae como una espada de Damocles. El periodista está lejos de aconsejar. Ni de sugerir. En todo caso, puede dar una opinión luego de recabar datos y situaciones que estuvieron en la superficie durante la estadía en Rusia, aunque estaban ocultas debajo de la alfombra porque el Mundial marcaba las prioridades.

Tomar otro camino

Pero Sampa debería pensar en tomar el mismo camino que tomó Gerardo Martino cuando decidió, después de dirigir a la selección, aceptar la oferta de Atlanta United, de la MLS. El Tata hoy es otra persona. Es verdad que se corrió del candelero mediático y hasta pareciera que habría dejado la profesión. Pero lo que resignó en trascendencia, lo ganó en tranquilidad. Y ese sosiego que le entrega estar en Estados Unidos le permitió procesar con otra amplitud mental también lo que fue su paso fallido, aunque inmensamente mejor que el del Zurdo, por el seleccionado.

Sampaoli debería imitarlo. También se lo agradecerá su salud y seguramente aislarse por un tiempo del clima nocivo que lo intoxicó como técnico de la selección le permitirá volver a ser el mismo de antes. Porque ahí estuvo la clave que descompaginó su gestión. Cuando entró por primera vez por la puerta del predio de la AFA se creyó que él había inventado todo. Incluso, que a partir de ese momento era el dueño absoluto de todas las decisiones. Y nunca fue así. Se equivocó feo o lo hicieron equivocarse mal. De cualquier forma, el principal responsable fue él por aceptar las condiciones que le impusieron. Porque la pura verdad es que siempre consensuó todo. Decidió a medias sobre cuestiones relacionadas con el armado del plantel y cuando quiso imponerse se entregó dócilmente a los dictámenes del poder. A la autoridad dirigencial y, sobre todo, al influjo de un plantel que con el correr de los días le tomó el tiempo y se lo terminó deglutiendo.

Lo de la reunión en la concentración de Bronnitsy, tras la catastrófica derrota contra Croacia, fue un símbolo de lo que ya se sabía que pasaba. El Zurdo llegó al Mundial sabiendo que la selección no iba a ser su equipo, sino el de los jugadores. Además, se empezó a cavar su propia fosa cuando dijo que él tenía que adaptarse y no Messi a él. Si la pirámide de roles está invertida no hay presente ni futuro auspicioso.

Sampaoli, tarde o temprano, no seguirá siendo el técnico de la selección. No puede serlo. No tiene apoyo de nadie. Ni de los jugadores, del presidente Tapia y el clamor popular pide a gritos que lo eyecten del banco de suplentes. Demasiados magullones en el proyecto base como para encauzar la inminente renovación que hoy encarnan Giovani Lo Celso, Paulo Dybala, Mauro Icardi y Maxi Meza, los principales oxigenantes que tendrá la selección a partir de ahora.

Todo esto relatado de ninguna manera entra en conflicto con la posición ideológica que tiene Sampaoli para encarar su vida. En ese sentido, siempre fue un hombre comprometido con las causas y un ciudadano con doctrina definida. Nunca vendió humo. Cuando se definió como un peronista de la primera hora y un devoto del gobierno de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, no fue para mostrarse un progresista de ocasión. Al contrario. Quien escribe estas líneas todavía recuerda yéndolo a buscar a su casa en Casilda para ver fútbol y encontrarlo inmóvil frente al televisor disfrutando como un niño de los discursos de más de tres horas que daba el ex presidente Juan Domingo Perón.

El Sampaoli de Casilda

Ese sí era el Sampaoli auténtico, el que surgió de Casilda y nunca se olvidó de sus orígenes ni se obnubiló por las luces de neón. Cómo habrá sido de genuino que hasta alguna vez le trajo algún que otro reproche tanta exposición pública cuando se lo veía en actos de las Abuelas de Plaza de Mayo o en sus reiteradas visitas a la cárcel para ver a Patricio Fontanet, el líder de Callejeros que estuvo detenido por la tragedia de Cromañón.

La gestión de Sampaoli como técnico de la selección arrancó mal parida desde el vamos. Entró con fórceps, no porque Tapia y Angelici no lo quisieran, sino porque ya era el técnico cuando todavía a Edgardo Bauza lo estaban desgastando mediáticamente y dirigencialmente para que renunciara. Al Zurdo le pasará lo mismo. Se irá por las buenas o será de alguna manera.


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