Ni bien se le mencionó el partido entre Newell’s y Central del 2 de noviembre de 2008 en el Coloso, Gastón Machín recordó de inmediato: “Me hicieron el penal”. Por esa jugada, el exmediocampista, retirado del fútbol en 2020, fue uno de los grandes protagonistas del último clásico que el conjunto rojinegro ganó de local. Víctima de una infracción que le cometió Mario Paglialunga, y que Rolando Schiavi se encargo de convertir, disfrutó en ese momento a pleno de la victoria por 1 a 0 y de todo lo que rodea al clásico rosarino, que definió como “el más lindo”. Le alcanzó para aprender su significado jugando apenas uno solo, en la única temporada que estuvo en la lepra, en la 2008-2009. “Ojalá que Newell’s pueda volver a ganarlo”, fue el deseo de Machín, quien confía ciegamente en Gabriel Heinze, entrenador que lo dirigió en Argentinos.
“Nosotros hicimos una muy buena campaña ese semestre (Newell’s finalizó 5º). Y ganamos el clásico, que siempre es lo más importante. Teníamos un muy buen equipo, que después peleó campeonatos y perdió un título en la última fecha (con Sensini, el Apertura 2009). O sea, había quedado una buena base”, manifestó Machín antes de recordar cómo se dio su incorporación a Newell’s.
“Llegar a Newell’s fue un paso adelante. Había charlado con el Bichi (Borghi, el entrenador) y tenía lugar en Independiente. Pero Newell’s quiso comprarme y me gustó la idea. Me parece que Central también me quería, pero a préstamo. Eso también me decidió por Newell’s. Si me iba de Independiente quería que sea a través de una venta. Se dio todo rápido y a la semana que llegué, Caruso se fue de Newell’s. Son esas desprolijidades que a veces se le hace a uno un poco difícil. Más allá de eso, estaba muy contento de haber llegado a una ciudad tan futbolera y a una institución tan grande, en la que me recibieron bárbaro. A algunos jugadores los conocía y veía que teníamos un buen equipo, y que los chicos que estaban saliendo eran proyectos de grandes jugadores. Después era una locura la pasión con la que vive el hincha de Newell’s la semana o el día del partido”, contó Machín.
Tuve la suerte de jugar uno solo y ganarlo. En lo personal, fue muy bueno para mí. A mí me lo preguntan seguido, porque jugué también Independiente -Racing y Huracán-San Lorenzo. El clásico rosarino es distinto. Para mí es el más lindo porque lo empezás a jugar desde el lunes, el banderazo, que nunca había vivido algo igual. En esos momentos empezás a sentir la importancia que tiene, tanto para los hinchas como para los chicos que surgen del club, porque ellos también lo viven de otra forma a la de los que venimos de Buenos Aires. Nosotros no lo entendemos de la misma forma, por más que te lo expliquen hasta que lo vivís. Después, nosotros llegábamos bien a ese partido, teníamos un buen equipo. Estaba Fernando (Gamboa, como DT). Que mejor que él, con el amor que tiene por Newell’s, para decirnos lo que nos jugábamos, de qué manera hacerlo. También tuve una charla con un compañero que me dijo que estos partidos te marcan, para bien o para mal, o te podés quedar diez años o te tenés que ir al otro día.
¿Quién fue ese compañero?
El Turco Husain. Justo fui con el Turco el día del banderazo y le dije: “Esto es una locura”, por cómo se vivía. Y después tuve la suerte de que me hagan el penal, y de que sea el penal que definió un clásico, que el Flaco (Schiavi) convirtió. Luego tuvimos chances para ampliar la diferencia.
¿Te acordás de la jugada del penal?
El jugador de Central (Paglialunga) estaba medio tapado porque yo me encontraba atrás de un compañero de él. Salgo a presionar y no me ve. Cuando siento el impacto me dejo caer. Fue un penal clarísimo.
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Gastón Machín escapa perseguido por Cristian González. Newell's, con la conducción de Gamboa, superó a Central en el Coloso
Marcelo Bustamante / La Capital
Ese día también es recordado por el gol que se perdió Fabbiani después de gambetear a varios y tirarla por arriba del travesaño.
Había salido un rato antes de terminar y desde el banco veía toda la secuencia de la jugada. Decíamos, “pateá, pateá, es gol, es gol”. Es difícil entender que el Gordo lo haya errado. Por suerte ganamos, porque sino esa jugada hubiese sido más recordada.
Hay jugadores a los que los supera la presión en este clase de partidos, en tu caso, ¿hubo margen para disfrutarlo, para gozar con cada momento?
Intenté disfrutarlo. Sí recuerdo el disfrute de la tarea cumplida, de haber hecho bien las cosas, de haber tenido un buen clásico. Del partido me acuerdo haber estado muy concentrado, muy metido en lo que tenía que hacer. Trataba de no entrar en ningún chisperío, en nada que me pueda sacar de lo que tenía que hacer, sobre todo con un jugador como el Kily (González) que tenía más experiencia, más clásicos jugados. Cada uno sabía lo que tenía que hacer, mentalizarse en eso. Se disfrutó el recibimiento, el pos partido. Estaba con el Chaco Insaurralde, nos fuimos caminando a nuestras casas y la gente de Newell’s te agradecía, desde un chiquito que te venía a saludar y decir gracias, hasta gente grande. Se vivió una fiesta, fue hermoso. Ojalá Newell’s pueda volver a ganar.
Seguís teniendo contactos con los jugadores de aquel plantel?
Soy muy amigo del Chaco Insaurralde desde ese entonces. También de Lucas Hoyos, con quien compartí plantel en Instituto. Hablo con Pablo Pérez cuando nos cruzamos, también a veces lo veo al Flaco Schiavi, a Diego Torres. Con el Colo Ré también hablamos mucho. Una vez en un Argentinos-Newell’s, el Colo me hizo 14 puntos en la ceja. Cuando nos juntamos con el Colo, nos reímos de esas cosas. Más allá de que fue corto mi paso por Newell’s, y me hubiese gustado que fuese más largo, me trataron muy bien y guardo los mejores recuerdos. Es un club al que siempre quiero que le vaya bien.
El mensaje que baja Heinze
A los 40 años, Machín vive en Pilar. Mantiene vínculos con el ambiente del fútbol, pero por ahora prefiere estar al margen y disfrutar de la familia y de sus dos hijas. Durante su carrera, el exmediocampista derecho jugó en Independiente, Huracán, Instituto, Burgos de España y Argentinos, en dos etapas. Surgió de la entidad de La Paternal y cuando volvió lo tuvo de entrenador a Gabriel Heinze, con quien ascendió a primera división en 2017. “Me marcó como futbolista. Me hubiera gustado tener a Heinze mucho más chico”, planteó Machín.
¿Seguís a Newell’s?
Sí, siempre trato de verlo, sobre todo ahora que llegó Gabriel (Heinze), con quien tengo relación. Es un entrenador que me marcó como futbolista, por eso tengo una buena relación con el cuerpo técnico y quiero que les vaya bien.
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Gastón Machín tuvo al Gringo Heinze de entrenador en Argentinos Juniors.
¿Qué fue lo que más te marcó de Heinze?
El respeto al futbolista, el hecho de ayudarte a ser mejor, en todos los sentidos. Siempre digo que me hubiera gustado la posibilidad de tener a Heinze en otra edad, mucho más chico. Me hubiera hecho mucho bien. Gabriel es una persona honesta, con muchos valores y muy laburador. Es cuestión de tiempo que Newell’s juegue siempre de la misma forma que quiere él. Creo que de a poco lo va logrando. Es cuestión de tiempo. Cuando hay trabajo y hay honestidad, puede llevar un poco más, un poco menos, pero el laburo paga.
Considerando su personalidad, ¿puede llegar a transmitirles a los jugadores ese temperamento que tanta importancia tiene en este tipo de partidos?
Sí, claro. Es lo que hizo en Argentinos. Transmite su manera de vivir el fútbol, tratando de que los jugadores lo vivan de la misma forma. Imagino lo que debe ser en Newell’s, con el sentido de pertenencia que él tiene y con tantos jugadores que también son de Newell’s y tienen esa misma pertenencia. Sin dudas que lo va a saber expresar y que el plantel saldrá a jugar de la mejor forma. Ojalá que tengan esa suerte que también siempre se necesita más allá del trabajo.
¿Te gusta el fútbol que intenta Heinze?
Me gustan los equipos que son protagonistas. Gabriel siempre intenta eso, y que si hay un error que sea producto de intentar. Me gusta Newell’s, y también Argentinos, que son equipos que intentan siempre imponer su juego en todas las canchas.