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La última partida de Fischer

El estadounidense Robert “Bobby” Fischer, campeón del mundo de ajedrez entre 1972 y 1975, falleció ayer en Reykjavik, Islandia, a los 64 años, víctima de una enfermedad renal.

Sábado 19 de Enero de 2008

El estadounidense Robert “Bobby” Fischer, campeón del mundo de ajedrez entre 1972 y 1975, falleció ayer en Reykjavik, Islandia, a los 64 años, víctima de una enfermedad renal.   La genialidad de Fischer, nacido el 9 de marzo de 1943 en la ciudad de Chicago, tenía su génesis en un coeficiente intelectual de 184, cuando la generalidad tiene entre 100 y 110. Su padre, Gerard Fischer, fue un físico alemán que se había refugiado en EEUU y que en 1945 abandonó a su familia. La madre de Bobby, Regina, era una enfermera judía criada en Suiza, quien debió trasladarse a Nueva York con el pequeño y su otra hija, Joan, seis años mayor que Robert.
  Joan le regaló a Bobby un juego de ajedrez. Ambos aprendieron a jugar y a mover las piezas leyendo las instrucciones de la caja que contenía el tablero.
  El ajedrez atrapó al genio y se convirtió en una pasión irrefrenable que lo llevó a abandonar la escuela, pese a los ruegos de su madre y Joan, y dedicar el día entero a estudiar el juego.
  A los 7 años se unió al club de ajedrez de Brooklyn, donde su presidente, Carmine Nigro, se encargó personalmente de su formación.
  Esa obstinación y amor por el ajedrez lo llevó a convertirse a los 14 en campeón de los Estados Unidos y a los 15 en Gran Maestro, en el torneo interzonal de Portoroz (Yugoslavia).
  Ya nada detendría al estadounidense, un hombre generalmente malhumorado, con problemas de conducta y que sentía rechazo por la prensa. A los 17 años aseguró que sería campeón mundial.
  En 1971 Fischer estuvo en Buenos Aires (visitó cinco veces nuestro país) jugando el match que lo clasificó para enfrentar al soviético campeón Boris Spassky en la búsqueda del título mundial. Fisher venció al armenio Tigran Petrosian, en la sala Martín Coronado del Teatro General San Martín, al sumar 6 puntos y medio en la novena partida.
  Pero la gloria llegó para Fischer el 1º de septiembre de 1972 cuando luego de 21 partidas, se consagró campeón mundial al superar a Boris Spassky en Reykjavik.
  La vida de Fischer penduló de extremo a extremo, sin dejar indiferente a nadie: fue héroe de Estados Unidos durante la Guerra Fría, “villano” que rozó la paranoia al festejar los atentados del 11-S y siempre una de las más importantes figuras del ajedrez y del deporte mundial.
  En 1972, al ganar el título mundial se convirtió en el héroe que necesitaba Estados Unidos en la permanente batalla de símbolos que tenía con la Unión Soviética. Fue en Reykjavik donde comenzó su leyenda y terminó su vida.
  Aquel duelo con Spassky en plena Guerra Fría entre un estadounidense y un soviético era mucho más que una partida de ajedrez. Además del reto mental, el tablero adquirió una connotación política. EEUU lo encumbró a la categoría de héroe nacional a la altura del astronauta Neil Armstrong tras pisar la Luna.
  “No me gustaría ser inmodesto, pero el mejor jugador del mundo soy yo”, dijo el ajedrecista, ya convertido en icono. “Soy un individuo detestable. Mis ideales son el ajedrez y el dinero. Quiero ser riquísimo. Todos quieren serlo, pero ninguno lo dice. ¿Es pecado?”.
  Su pasión/obsesión por el dinero fue la que hizo que en 1975 no aceptase las condiciones económicas y se negara a defender su título ante el joven soviético Anatoli Karpov, que se convirtió así en campeón mundial sin mover una pieza.
>> Otra patada al tablero
Fischer desapareció de competiciones y torneos. Y apareció en 1992, cuando se enfrentó en Yugoslavia de nuevo a Spassky, 20 años después del primer duelo. Fischer ganó otra vez con diez triunfos, cinco derrotas y diez tablas y, sobre todo, llenó su bolsillo con más de tres millones de dólares.
  En contrapartida, su país, Estados Unidos, le declaró “enemigo público” por haber violado el embargo decretado entonces por la administración de Bill Clinton contra el gobierno yugoslavo de Slobodan Milosevic en plena guerra de los Balcanes.
  Así, vivió de país en país promoviendo su ajedrez aleatorio, en el que la posición inicial de las piezas (excepto los peones) se sortea antes de la partida, invalidando así la teoría de las aperturas.
  Fischer burló la orden de búsqueda y captura que pesaba contra él hasta que en julio de 2005 fue apresado en Japón al tratar de viajar a Filipinas con un pasaporte falso
  Ocho meses estuvo arrestado en Japón, al que Estados Unidos reclamó la extradición. Fischer solicitó asilo político, renunció a su ciudadanía norteamericana y hasta se casó con su amiga y presidenta de la Federación Japonesa de Ajedrez para evitar ser trasladado a Estados Unidos.
En Islandia, donde en parte encontró la paz, dejó de huir, pero su mente maravillosa se vio afectada por la paranoia. Durante años estuvo convencido de que la CIA estaba tras un complot para llevarlo de regreso a Estados Unidos.

"Fue un revolucionario"

El ex campeón del mundo, el ruso Garry Kasparov, afirmó ayer que Bobby Fischer “fue un hito revolucionario en el juego de ajedrez”, tras conocer el deceso del gran ajedrecista estadounidense.
  Y agregó que “la tragedia es que él dejó este mundo muy pronto, y su vida extravagante, así como sus declaraciones escandalosas, no contribuyeron a la popularidad del ajedrez”.
  Mientras que el presidente de la Federación Internacional de Ajedrez (Fide), el ruso Kirsán Ilyumzhinov, dijo que Fischer marcó “una época en la historia de la humanidad”.
  “Fischer es un gran ajedrecista, una época en la historia de la humanidad, como Newton, Einstein y Gagarin”, dijo Ilyumzhinov.
  “He tratado de llamar al teléfono móvil de Fisher y no contesta. Pero un amigo común estadounidense me confirmó su muerte”, dijo, .
  “Se que su muerte fue consecuencia de una insuficiencia renal”, explicó Einar Einarsson, presidente del Comité de Ayuda a Fischer, que vivía asilado en Islandia desde 2005 para evitar su extradición a Estados Unidos.
  “Por lo demás, Fischer no era de esas personas que intenta buscar asistencia médica porque no confiaba en la medicina occidental. Amaba la naturaleza y por eso también amaba muchísimo a Islandia”, añadió.
  “Estaba muy contento de vivir en este país, pero se sentía un poco prisionero porque no le permitían viajar”, explicó Einarsson.
  Y dijo que el ajedrecista estadounidense “llevó al ajedrez a un nivel nunca antes visto, pero no basándose en la intuición porque era un jugador científico”, como lo había definido el ruso Garry Kasparov, en un volumen de la serie titulada “Mis grandes predecesores”.
  Para Kasparov, Fischer desistió de enfrentar a Karpov en 1975 porque comprendió que su juego ya era obsoleto “Fischer representaba a la vieja generación y Karpov a la siguiente. Contra Karpov, Spassky no tenía chances, al punto que aquel que lo batió en un torneo de candidatos de modo más convincente del que lo había superado Fischer como campeón mundial”, recordó.
  “En el ajedrez, la única calidad que cuenta es la diferencia entre un jugador y el resto. Entre Fischer y el resto esa diferencia fue quizás la más amplia en la historia, pero duró apenas un par de años”, finalizó Kasparov.

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