La bandera que exhibieron los jugadores de la selección argentina, entre ellos Lisandro Martínez y Gio Lo Celso, un ex-Newell’s y un ex-Central, con la inscripción “Las Malvinas son argentinas”, fue un acto de rebeldía. Justificada ante una Fifa de habituales normas y decisiones oscuras y arbitrarias, que hace política todo el tiempo, favoreciendo a poderosos intereses económicos y políticos, de Estados Unidos y las monarquías árabes.
Pero que a su vez no permite que nadie se manifieste ideológica y políticamente. Ese organismo que habilitó y permitió las decisiones más absurdas y persecutorias de las que se tenga memoria por parte de uno de los países organizadores de una Copa del Mundo.
La selección argentina expresó lo que sentía en ese momento todo el pueblo argentino, excepto algunos genuflexos y cipayos. Malvinas es una causa nacional y fue imposible obviar lo que significa y representa en un partido frente a los ingleses.
El fútbol, mucho más que una pelota
El fútbol es un hecho cultural, social y también político. Nadie, ni los que están adentro de una cancha ni los de afuera, abandonan ideas, principios, valores, convicciones ni historia. Todo eso constituye la identidad individual y colectiva.
La entonación del himno por parte de los futbolistas argentinos fue desafiante. Cualquiera comprendía que ese comportamiento denotaba que para ellos no era una encuentro más. Y para millones de argentinos, tampoco. La bandera de Malvinas fue la rúbrica a un sentimiento compartido. A una necesidad de manifestarse.
La bandera que confeccionó un hincha y que luego terminó en manos de la selección argentina.
AP
No se trató de falso patriotismo. Una victoria no devolverá las Malvinas, pero ese gesto puso de manifiesto el sentir de un país.
La selección se rebeló, a su modo, contra la disposición de una Fifa (con el aval del gobierno nacional), que hace constante abuso de poder. Comandada por Gianni Infantino, sucesor de renunciante Jospeh Blatter, defensor de otros intereses, tan condenables como los anteriores.
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El dirigente estrechó lazos con Estados Unidos, el mayor imperio de la historia mundial que, como dijo Marcelo Bielsa, “cuando sintió que sus intereses estaban siendo atacados creó el Fifa Gate con el FBI. Hicieron lo que hicieron, pero era por sus intereses”.
El gobierno de Trump, persecución y discriminación
Infantino le otorgó el Premio Fifa de la Paz al presidente estadounidense Donald Trump y le dio vía libre para todo tipo de arbitrariedades.
Donald Trump y Gianni Infantino, una relación con intereses comunes.
El gobierno de Trump prohibió que la selección de Irán se concentre en Estados Unidos y solo le permitió viajar a ese país el mismo día de los partidos. Deportó al árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan. Dispuso retenciones e interrogatorios denigrantes contra las selecciones de Egipto, Senegal, Sudáfrica y el futbolista iraquí Aymen Hussein.
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Trump intercedió para levantarle la sanción al jugador estadounidense Folarin Balogun.
La Fifa hizo política de la peor, aunque declame neutralidad. Fue también por política que tiene excluida a Rusia desde 2022.
La selección argentina tuvo su pronunciamiento político y la Fifa no tiene autoridad moral para condenarla. Se supone que le aplicará una multa económica. Al fin y al cabo esa es su verdadera razón de ser.