Y un día apareció un tal Ignacio Fideleff que despertó las preguntas de algunos
sorprendidos. "¿Quién es el 39?". Un pibe de 18 años surgido de las inferiores de Newell’s
que asomó por sorpresa como el elegido de Caruso para suplir la ausencia de Rolando Schiavi,
referente y capitán rojinegro. El zurdo marcador central, que venía jugando como lateral por la
izquierda en la reserva, se presentó en la primera con un gol y se convirtió en figura.
Así fue cuando apareció con presencia en el área granate
para buscar un centro desde la izquierda de Cabrera. Una jugada ensayada el domingo por la mañana
en la cancha auxiliar de River que, paradójicamente, casi nunca había salido bien. Lo importante
era que saliera por lo puntos. Dijo presente con un testazo goleador y para que su apellido de
origen ruso comenzara a recorrer el país. "Cuando la pelota entró pensé en mi familia y en todos
los que me ayudaron", recordó la jugada que quedará grabada de por vida en su historia que comenzó
a escribirse en el estadio de Lanús.
Claro que los nervios pesaron en el arranque y de a poco se
fue metiendo en clima. Aquel cabezazo a los nueve minutos que se fue apenas desviado fue un
anticipo que le permitió ganar confianza y disimular el lógico ahogo que tuvo que soportar en la
primera corrida.
Fideleff le había dicho a Ovación que el partido lo soñó
tres o cuatro veces y con un triunfo rojinegro. Claro que nunca se imaginó ser el protagonista
principal, recibir los abrazos de sus compañeros por el cabezazo goleador y hacer delirar a miles
de leprosos cuando hasta ayer era un ignoto.
"El resultado empaña un poco mi debut. Si hubiera ganado
sería otra cosa", sostuvo ante los grabadores y cámaras que lo acosaron por primera vez. El día de
su presentación no sólo lo hizo anotando un gol, sino que hasta se convirtió en el destacado de un
equipo que tuvo un rendimiento por debajo de lo esperado.
Es cierto que el juvenil de barrio Fisherton también entró
en la confusión, tuvo algunos yerros por la inexperiencia y el lógico acoso de los nervios. También
se recuperó y sacó provecho de su porte (1,88 metro) para marcar en las pelotas paradas.
Se convirtió en el arma más peligrosa de Newell’s.
Además del gol y el aviso en el arranque, sacó un disparo desde lejos en el complemento que le
quemó las manos a Bossio. De las seis llegadas leprosas, Fideleff fue el protagonista principal de
la mitad.
El juvenil que llegó a Newell’s en 2004 y que recién
comenzó a tener rodaje en las inferiores en 2006, tuvo su debut un 24 de marzo de 2008. A un año y
ocho días de que lo hiciera en reserva, donde jugó diez partidos y no marcó goles.
"¿Quién es ese pibe de Newell’s?", fue la pregunta que apareció de
nuevo en el final de tres italianos que habían ido a ver jugadores de Lanús y que se llevaron todos
los datos del marcador central, que tuvo una tarde-noche especial e inolvidable. Mejor
imposible.