El sueño de la defensa del título mundial con Angelito en cancha
Ángel Di María, a sus 38 años, está en un nivel para ir al Mundial. Scaloni lo llamaría sin dudas y todo el mundo aprobaría. La puerta está cerrada, pero...
Ángel Di María volvió a Central a ofrecer su corazón y sobre todo un nivel futbolístico excepcional. Un nivel de selección para Angelito, sin dudas, a menos de 4 meses del Mundial.
Hay que dejarlo en paz, claro. Nadie va a cambiar una decisión ya tomada porque se lo pidan los de afuera. Pero es que los de afuera siempre estuvieron en su consideración. Y es evidente además que, hoy por hoy, a menos de 4 meses del inicio del Mundial, tiene un nivel extraordinario, de selección. Por eso en estas líneas se plantea un escenario inmodificable en el discurso, pero que tal vez cale en el alma y pueda ser cambiado. El de poder disfrutarlo en otra copa del mundo. Como campeón, además. ¿Por qué no?
Tremendo lo que hizo Ángel Di María en la noche del domingo ante Barracas. Excelso por momentos, brillante, maradoniano, messiánico. Y no solo ante el Guapo. Lo viene repitiendo en cada presentación, ante cada exigencia. Si hasta el físico desmiente que se trate de un jugador que acaba de cumplir 38 años.
Si no, no hubiera tenido la rapidez, la lucidez, la guapeza de quedarse con esa última pelota y tener el aplomo necesario para, en el minuto 89, picársela al arquero y cerrar su espectacular noche con un golazo. Y todo después de haber jugado entresemana también.
Fue el moño de una actuación sobresaliente. Lo que le faltaba para erigirse como amo y señor del terreno de juego, entendiendo siempre por dónde moverse, en qué momentos hacer una pausa para un pase extraordinario que en el pie de cualquier otro mortal hubiera terminado al bulto.
El golazo y el recuerdo de otras jugadas
El gol sintetizó su magia, pero antes hizo de todo, con una dinámica de un pibe y la concentración de un grande en serio. Por eso metió, no uno, sino tres pases filtrados reservados para los distintos en un mismo partido. Por eso casi le salen dos gritos olímpicos, por eso estrelló un zurdazo de aire en el travesaño y el Gigante que lo goza como un regalo del cielo, lo aplaudió a rabiar.
Hay dos jugadas icónicas en la historia de la selección argentina que terminaron en goles inolvidables, que fueron calcados en su concepción. Por supuesto fueron en los mundiales. Una, el pase excelso de Maradona a Caniggia, para poner de rodillas a un Brasil infinitamente superior en el Mundial de Italia 90. Otro el no menos excelente de Messi a Molina, para abrir el duro partido de cuartos de final de la última Copa del Mundo ante Países Bajos. Dos asistencias con ojos en la nuca.
Por supuesto, no se trata de comparar el significado de aquellos goles con las situaciones en que Di María usó recursos parecidos para asistir a compañeros ante Barracas. Fueron los recursos de encontrar huecos que no parecían posibles, aunque está claro que la diferencia estuvo en que los ojos bien abiertos del jugador canalla miraron más de frente que aquellos, que apuntaban para otro lado. Y que usó la pausa que en aquellas conquistas no estuvieron.
El de los pases filtrados imposibles
Pero así de tremendo fueron los dos pases que le dio Ángel a Vicente Pizarro en el primer tiempo. Primero, encarando de derecha al medio, rodeado de jugadores rivales, se tomó un segundo más para observar la corrida diagonal de su compañero desde la medialuna, para dejarlo mano a mano con Miño. No pudo resolver bien, pero la asistencia fue fantástica.
Y de lujo fue el pase al mismo chileno, esta vez por izquierda, cuando parecía que no había huecos y se imponía el centro. Pero Di María entendió que podía dejar a Pizarro en mejor posición, para que él sea el asistente al gol. El centro rasante casi encuentra el pie de Enzo Copetti.
Y ya en el complemento, de nuevo metió un pase filtrado espectacular para adivinar el pique de Enzo Giménez, cuyo centro rasante encontró a Alejo Veliz pasándose para empujarla solito a la red en el área chica.
DimaVB
El dueño de la pelota. Di María, el jugador destacado que tiene este Central de Jorge Almirón.
Virginia Benedetto / La Capital
Ángel Di María, un jugador de otra categoría
Apenas unos ejemplos, pero demasiados para un solo partido de un jugador de otra categoría. Que está feliz en Central, en la ciudad, que cumplió sus sueños, que se retiró campeón de la selección, en el Mundial y luego en la Copa América. Que difícilmente haya otra mejor manera. Que hasta ganó al fin en su vuelta un clásico y con golazo suyo. Que persigue lo que sería el cénit de su carrera, de gritar campeón en la Copa Libertadores. Pero...
Siempre hay un "pero", aunque Di María haya repetido hasta el cansancio que hasta acá llegó con la albiceleste, que no quiere tapar a otros jugadores, que fue la decisión más meditada, como la de regresar a Rosario y a Central.
Pero con el nuevo Mundial a la vuelta de la esquina, donde Argentina volverá a jugar como campeona del mundo después de 36 años, es ineludible pensar que con este nivel Di María está para disputarlo. Si Lionel Scaloni no se casa con nadie y elige a los mejores del momento, ¿qué duda hay de las bondades de Angelito justo cuando hay que afinar la puntería en la lista? ¿Qué jugador está mejor que él en su puesto, en un fútbol argentino donde pueden no jugarlo los mejores del país, pero que todo el mundo alaba su competitividad y el máximo esfuerzo que se necesita para estar a nivel?
Hasta podría decirse que el 11 canalla está en mejores condiciones que en los anteriores mundiales. Ya que no carga con esa pesada mochila que tanto supo llevar, cuando hasta pidió a gritos a Scaloni que lo tuviera en cuenta cuando se venía el recambio necesario.
Central tuvo un solo jugador en la historia que, vistiendo la camiseta canalla, pudo disputar partidos en los mundiales. Y fue un verdadero ícono: Mario Alberto Kempes, en Alemania 74. Di María podría ser el segundo, pero a diferencia del Matador, el primero de haber surgido de la cantera auriazul.
Sabe Di María y todo Central que, cuando se pare la actividad a fines de mayo de la Libertadores, mientras todo el mundo gozará de una necesaria licencia, él estaría nada menos que en la madre de todas las competencias. Y si el Canalla pasa a los octavos de final, la reanudación será pronto después del Mundial, a mediados de agosto. Un riesgo para el físico de su jugador emblema.
El reconocimiento en todos lados
Pero a los hechos hay que remitirse también. Di María es reconocido en cada cancha que va, saluda, intercambia con los hinchas, se saca fotos con los alcanzapelotas. Hasta antes del retorno definitivo fue a la cancha de Newell's a la despedida de su amigo, la Fiera Rodríguez, recibiendo el reconocimiento de los leprosos.
Nadie se ofenderá si mantiene, como todo hace suponer, su decisión de no vestir más la camiseta de la selección, pero está claro también que si la revierte será aprobado por la mayoría en el fútbol argentino.
Pase o no, este presente del emblema rosarino es para aplaudir de pie. Y para disfrutarlo. En ese sentido, todo el que ve sus partidos debe sentirse un privilegiado, muchos más los canallas que copan el Gigante para gozarlo en vivo. Así, soñar con verlo una vez más con la 11 albiceleste, es inevitable.
Noticias relacionadas
Newell's no muestra un estilo definido y hay cambios de nombres sin que nada cambie
Escándalo en Real Madrid-Benfica: Vinícius dijo que un argentino le dijo "mono"
Provincial sueña con el premio mayor en la Liga Argentina de Básquet
Vóley: Sonder, Normal 3 y Citta, clasificados a los playoffs de la Liga Nacional