Ovación

El día que el Tata Martino se graduó como leyenda en Newell's

Estaba exultante. Feliz. Pleno. Como si estuviera festejando en el patio de su casa, mientras en el Coloso más de 40 mil almas coreaban su nombre y el de los jugadores de manera ininterrumpida.

Domingo 23 de Junio de 2013

Estaba exultante. Feliz. Pleno. Como si estuviera festejando en el patio de su casa, mientras en el Coloso más de 40 mil almas coreaban su nombre y el de los jugadores de manera ininterrumpida. Gerardo Martino, el autor intelectual del flamante campeonato leproso, disfrutó a pleno de la coronación tras el partido y se entregó al éxtasis de par en par, archivando por unos minutos su habitual perfil de seriedad y compostura que suele identificarlo. El Tata es el único en la historia grande rojinegra que pudo dar la vuelta olímpica en su etapa de jugador y repetir en el rol de director técnico. Por eso su leyenda en el Parque cada vez es más grande, colosal, y en sintonía el cariño de los hinchas hacia el extraordinario número 8 que supo ser ya rompió todos los límites.

   “El Tata no se va, el Tata no se va”, retumbó casi toda la tarde en el Parque, antes, durante y después del partido anecdótico ante Argentinos. Cuando fue a ocupar su lugar en el banco de suplentes la gente se rompió las manos para ovacionarlo. Y el punto culminante de la tarde se dio en el momento de la coronación. Cuando el Tata, parado como un maestro ante sus alumnos (los jugadores) ubicados en ronda en el círculo central, tomó la palabra y emocionado esgrimió un puñado de frases con la multitud como telón de fondo. Lo había convocado Lucas Bernardi para que “hable el jefe”.

   “Quiero agradecerles tanto apoyo. Saben que este título es para todos ustedes. Y ojalá en el futuro sean muchos más todavía. Creo que Newell’s vuelve a estar por el buen camino y con el apoyo de ustedes seguiremos logrando más cosas lindas. Además quiero decirles que el agradecimiento de ustedes tiene que venir hasta este enorme grupo de jugadores que tienen, valientes como ninguno y que hicieron posible todo esto. Muchas gracias, hasta pronto, hasta luego”, expresó el Tata, con el corazón en la mano. De inmediato desde las tribunas bajó la mejor melodía que puede escuchar un ser humano, que no es otra que la de miles de almas coreando su nombre sin otro motivo que la admiración, la gratitud, el afecto.

   Ni bien terminó el partido el Tata compartió el logro con los integrantes del cuerpo técnico. Se abrazó con cada uno de sus colaboradores. Parado en el círculo central disfrutó como sus muchachos, sus leones, daban la vuelta olímpica y el estadio se venía abajo. Para nada buscó ser el centro de la escena y eso también lo enaltece. Después le acercaron el trofeo y como un chico no dejó de saltar y gritar “dale campeón”. Hasta tuvo el gesto de meterse en el vestuario a buscar a su amigo y colaborador Gustavo Dezotti, para hacerlo partícipe. También se abrazó con el presidente Guillermo Lorente.

   Como jugador fue el que más veces se puso la camiseta rojinegra en la historia del club. Y su talento brilló en los campeonatos 1987/88, 1990/91 y Clausura 1992. Y ahora se convirtió en el único en el club del Parque en también obtener una estrella como director técnico. Así, el Tata, a los 50 años, ya es una leyenda viviente rojinegra, aunque todavía tenga muchísimo más para aportar embelleciendo al fútbol en su rol de entrenador.

   Al Newell’s del Tata le queda la Súper Final del sábado ante Vélez y las semifinales de la Copa Libertadores ante Atlético Mineiro. Por lo que la última palabra en este ciclo brillante aún no está escrita.

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