Diego Maradona habló. No aceptó preguntas. Leyó un escrito. Con dificultad por
la tensión. También por el dolor. Y la frase que quedó retumbando en el restaurante El Mangrullo,
en Ezeiza actuó como su conclusión: "Grondona me mintió. Bilardo me traicionó". Seis palabras que
funcionaron como una sentencia, en un inusual silencio que lograron hacer los periodistas cuando se
trata de conferencias tan convocantes.
El ahora ex entrenador del seleccionado argentino, tratando de hacer en todo
momento un difícil equilibrio entre lo que había decidido leer y lo que realmente sentía gritar,
mostró un comportamiento diferente al que muchos esperaban, por eso sus durímas declaraciones
contra el director de selecciones nacionales y el presidente de la AFA tuvieron una recepción más
amplia y efectiva.
Además, y como cuando jugaba, para desarmar hasta el adversario más tenaz
realizó una autocrítica con respecto a su gestión, al afirmar que tuvo aciertos y errores pero que,
tras la eliminación, sabía qué cosas mejorar en el nuevo ciclo, pero que no podrá ejecutar porque
no lo dejaron continuar.
"Mi intención es aclarar lo sucedido con respecto al vínculo que tenía con la
AFA. Estoy muy triste y dolorido por este final", confesó visiblemente triste por tener que dar tal
vez la conferencia que menos deseó.
Maradona se limitó a leer un texto que preparó personalmente. Y también hizo una
reseña histórica: "Analizando el pasado, vemos que la selección argentina desde 1990 no avanza de
cuartos de final. Pasaron varios cuerpos técnicos y ninguno pudo revertir esa situación. Hay
cuestiones que vienen desde arriba, que están mal, y se hace muy poco para cambiarlas", expresó en
alusión directa a la extensa gestión de Grondona.
Por momentos titubeante, el entrenador recordó el cuadro de situación que
encontró en el equipo nacional cuando se hizo cargo: "Tomamos el equipo hace un año y medio, con
problemas internos, con el grupo totalmente dividido en medio de las eliminatorias. Asumimos con
mucha ilusión y a pesar de saber que las eliminatorias eran muy difíciles, teníamos que
transmitirles a los jugadores lo que significa la camiseta argentina".
También hizo una alusión a la calidad de los adversarios en las eliminatorias, a
las que catalogó como "muy duras". "Confrontamos con equipos realmente fuertes, algo que luego
quedó demostrado en el Mundial. Luego de obtenida la clasificación, el grupo se fue consolidando y
fuimos mejorando día a día", siguió.
Y ahí hizo un espacio para reconocer falencias: "Como todo el mundo hemos tenido
errores y aciertos, internamente realizamos nuestra autocrítica. Sabíamos los aspectos que debíamos
mejorar para crecer, pero no nos dejaron". Y facturó: "Cuando se busca ir en una dirección clara,
con objetivos ambiciosos y con tiempo escaso, no existe posibilidad alguna de no equivocarse. Y es
en esos momentos cuando uno realmente aprende y desde ahí puede definir estrategias y planificar el
trabajo para poder avanzar y crecer".
En el segmento más emotivo, donde pareció que el Diez podría quebrarse, evitando
levantar la mirada confió: "El equipo está compuesto en su gran mayoría por jugadores jóvenes con
un futuro inmenso. Se puede soñar grande y lindo, nosotros soñamos así y nos quebraron la ilusión
de poder conducirlo. Esto me llena de tristeza".
"Mi ciclo duró un año y medio, fue el más corto de los últimos 35 años. Me
llamaron para apagar un incendio y lo hicimos. Y cuando podiamos trabajar con más tiempo y
tranquilidad sucede lo que pasó en las últimas horas".
Acto seguido descargó artillería pesada, pero no con exabruptos, sino con la
calidad y precisión con las que jugaba: "Grondona me mintió; Bilardo, me traicionó. Sabiendo que
íbamos a tener más tiempo para trabajar y pasada la gran tristeza de la eliminación, todo mi equipo
y yo estábamos listos para seguir. Es más, Grondona en el vestuario, luego de la eliminación, me
dijo que estaba muy contento con mi trabajo y que quería que siguiera".
Hasta que llegó el momento de la narración de los últimos acontecimientos. "A la
vuelta y ya en la Argentina se enturbiaron las cosas y el día lunes me reuní con Grondona. Y a los
cinco minutos de la conversación me dijo que quería que yo siguiera, pero que siete personas de mi
cuerpo técnico no debían continuar. Cuando me dijo eso, me estaba diciendo que no quería que
siguiera. El sabía que sin mis colaboradores no iba a seguir", agregó aún emocionado.
"Yo defiendo a toda mi gente y no voy a cambiar. Tengo valores y códigos que no
tienen ellos. Eso me lo enseñaron mis viejos. Lo aprendí en Argentinos Juniors, de chico, cuando
apoyaba a mis compañeros. Ahora estoy detrás de la línea de cal, y apoyo a mis colaboradores. Eso
no se negocia", enfatizó.
Más adelante sostuvo: "Quizá alguno de los que tomó esta decisión pensó que iba
a traicionar a mis colaboradores, se equivocaron. Ellos, en mi lugar, los hubieran traicionado.
Tengo mis virtudes y defectos, pero como siempre puedo mirar a la gente a los ojos. Cuando nosotros
estábamos de luto, el señor Bilardo ("lo de señor está de más", aclaró luego) trabajaba en las
sombras para echarme. La lista que me pidió Grondona era un tocuen (cuento) porque Bilardo y
Humbertito (Grondona, uno de los hijos del presidente) ya la habían hecho".
Y advirtió: "Agarre quien agarre la selección que sepa que la traición está a la
vuelta de la esquina y hay personajes que no quieren el bien del fútbol argentino. Sólo cuidan sus
intereses personales y su cuenta bancaria".
"Saben todo lo que he hecho por la camiseta argentina, he dejado todo, eso nadie
lo puede negar. Estoy convencido que el fútbol argentino debe estar en otra posición pero para ello
hay que trabajar con tiempo desde lo técnico y desde lo anímico para transmitir el orgullo que
nosotros teníamos por vestir esta camiseta", continuó.
Y concluyó: "Estoy convencido que los jugadores que formaron parte de este ciclo
volvieron a sentir todo eso, quizá esa haya sido mi tarea. Lamentablemente con este planteo no
puedo seguir, pero me voy con la conciencia tranquila de haber intentado transmitir ese orgullo que
significa ser argentino"