Valía la pena el partido de la selección argentina por ser el primero después de la consagración en la Copa América de Estados Unidos, pero no había mejor excusa para centrar la atención en lo que ocurriría en el Monumental que el merecidísimo reconocimiento para Ángel Di María. Esta vez sí fue el último capítulo de Fideo con la albiceleste, por más que no se haya calzado los cortos. Si hasta el él mismo, cuando el Vasco Goycochea le cedió el micrófono dijo: “Estoy esperando que empiece el partido porque para eso también vine, ahora me voy para arriba porque ya soy un hincha más”. Sí señores, la vida de Angelito ya no es la misma en el escenario de la selección. Ya no habrá corridas, desbordes, gambetas, asistencias, goles. Lo que habrá será un análisis con más pasión que razón sobre esta Argentina de la que se alejó siendo campeón y que deberá arreglársela ya sin Fideo.
La sola presencia de este ángel que tuvo la selección durante tanto tiempo lo era todo. Y lo fue. El estadio completo vivó a ese futbolista que nació en Central, que se pulió en Europa, pero que brilló como pocos en la celeste y blanca. A menos de dos meses de haber jugado su último partido con la camiseta argentina, Di María se subió una vez más al escenario grande, para ser despedido como lo merecía, con todos los honores. Porque para Argentina fue un verdadero honor haber contado con los servicios de semejante jugador y un ganador nato. Cinco títulos en el lomo que atesorará por el resto de su vida.
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Di María y la Copa América, todo un símbolo del final de una carrera en la selección digna para el aplauso.
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Está demasiado fresco el recuerdo de aquella noche del domingo 14 de julio, en Miami, cuando a cuatro minutos del final del partido, con Argentina 1-0 sobre Colombia en la final, Lionel Scaloni decidió sacar a Di María. Quizá para consumir algunos segundos más, pero sobre todo para que los miles de argentinos presentes en el estadio se rompieran las manos aplaudiendo a quien un buen tiempo antes había anunciado que esa Copa América significaría su despedida de la selección. Sólo era cuestión de ver si la misma llegaba con consagración incluida y el destino tiró con Fideo la mejor pared, la más exquisita, del tamaño de las que tiró con todas esas grandes figuras con las que compartió equipo, incluido Lionel Messi, por supuesto. Di María le dijo adiós a la selección con otro título bajo el brazo. El guión que cualquier fideísta hubiese escrito.
Y el guión de su presentación en esta noche tan especial lo puso una de sus hijas: Mía. Ella fue quien escribió la carta que acompañó el video que emocionó a Angelito hasta las lágrimas. De inmediato, el mensaje de su amigo y compinche Leo Messi, ausente por aquella fea lesión que sufrió en la final de la Copa América.
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Los Di María. Ángel, junto a su esposa Jorgelina y sus hijas Mía y Pía, durante el homenaje de despedida.
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El Fideo que hoy todos adoran
También vale decirlo: hoy todos son amantes de Di María, incluso aquellos que en esa época de sequía de títulos y de finales perdidas (el mismísimo Di María también hizo referencia a ellas), en algunas de las cuales Fideo sufrió lesiones, le cayeron demasiado duro, poniéndolo casi como un chivo expiatorio.
Pero si Di María hoy es lo que es se debe a la vuelta de tuerca que logró darle a su paso por la selección, bancándose lo peor y pensando siempre en positivo. El mismo declaró en reiteradas oportunidades que se dio la cabeza contra la pared unas cuantas veces, pero que decidió romperla. De eso trata la serie de Netflix que se estrenará el jueves 12.
Decir Juegos Olímpicos de Beijing 2008, Copa América de Brasil 2021, Finalissima 2022, Mundial de Qatar 2022 y Copa América de Estados Unidos 2024 es decir Argentina campeón. Y al decir Argentina campeón la referencia por estos tiempos es ineludible. Es decir Ángel Di María.