“Todos quisieran estar en nuestro lugar”. La frase de Facundo Mallo minutos después del partido frente a River, en el que Central logró el pasaporte a la final de la Copa de la Liga, es la síntesis perfecta del momento que vive el canalla. Un momento de ensueño, cargado de esperanza y de ilusión, que tiene en la mira un único objetivo, el de gritar campeón. Vaya motivación entonces que se vive por estas horas en Arroyito, donde hay un plantel, un cuerpo técnico, una dirigencia y una hinchada a los que les fue imposible en estos días domar las emociones y moderar la adrenalina. Después de cinco años, de aquella consagración por Copa Argentina de la mano de Edgardo Bauza, Central vuelve a ponerse cara a cara con un partido crucial, que puede quedar grabado en la historia para el plantel, el cuerpo técnico, la dirigencia y, por supuesto, para los hinchas. Hay una luz al final del camino que todos observan y no es otra cosa que el brillo de una nueva estrella, en un contexto futbolístico en el que al canalla tanto le ha costado en los últimos años: un torneo local. Es cuestión de que Central esté a la altura y después de 90 minutos, de 120 o de la tanda de penales, pueda alzar sus manos y lograr lo que vino a buscar a Santiago del Estero ante Platense: tocar el cielo con las manos y apropiarse de la estrella.
El orfebre de este gran año de Central tiene nombre y apellido: Miguel Angel Russo, y es ese entrenador que llegó hace menos de un año para poner en marcha su quinto ciclo en el club quien quizá más merezca esa consagración, por todas las que les tocó pasar en cada uno de esos procesos anteriores, pero sobre todo por la identificación con el club que fue forjando desde hace casi dos décadas. Para Russo sería el remedio perfecto para curar aquella vieja herida de la final de Copa Argentina que se negó en 2014.
Pero es sólo una anécdota esto de sanar una vieja herida, sino que lo que cuenta es la alegría que se aplicaría por carácter transitivo en todos los actores de la vida canalla, un derrame de felicidad que caería en cascada desde su persona hasta el último hincha.
Y que esa felicidad sea plena tiene que ver con las pocas expectativas que había en encontrar al equipo a esta altura del año peleando por título, recorriendo el país en busca de esta final mientras el resto de los equipos ya están desde hace un buen tiempo de vacaciones. Por eso, después de tanta lucha en la que las alegrías se debatieron mano a mano con algunos sinsabores, lo que tiene el canalla frente a sus narices es la posibilidad de ponerle la frutilla al postre.
No se trata de un premio que no merezca, todo lo contrario. Es el premio a una campaña futbolística en medio de un año duro, que comenzó con el objetivo de escaparle lo antes posible a la zona roja de la permanencia. Por eso la necesidad, por más que lo que haya enfrente sea gloria, de ojear ese pasado complejo que trocó en este presente encantador.
Así, una cosa fue llevando a la otra. Primero fue olvidarse de la lucha de abajo para empezar a poner entre ceja y ceja otro tipo de objetivos, como la clasificación a una copa internacional. Un coqueteo infranqueable durante todo el año con la Copa Sudamericana le permitió al equipo potenciar el esfuerzo en el final y escalar un peldaño más en sus ambiciones, con una clasificación, en la última fecha, directamente a la Copa Libertadores y de yapa a la fase de grupos.
Pero este Central demostró sobradamente que cuando lo invitan a bailar, baila. Y lejos de conformarse con lo ya conseguido fue por más, con esa clasificación a cuartos de final de la Copa de la Liga y el irrefrenable deseo de ir por ese brillo triunfal de una nueva estrella.
Allí fue cuando comenzó una nueva etapa en Arroyito, con dos estaciones en las cuales reabastecer y retroalimentar la ilusión de llegar a esta final de la que es parte. Fueron tres semanas más de entrenamientos, de un trabajo a destajo, pero sin quejas, de miles de kilómetros recorridos (primero a Salta y después a Córdoba) para ponerse a prueba frente a dos pesos pesado del fútbol argentino como lo son Racing y River. Y Central le dio vida a eso “de que primero hay que saber sufrir”. Dos series de penales para sellar primero el pase a semifinal y después a la final.
La tercera estación, ahora en Santiago del Estero ante Platense, será a todo o nada. Pero el todo que se llenaría con el grito de campeón, incluye otra estación más, de nuevo ante el River campeón de la Liga para ir otra coronación, la del Trofeo de Campeones, ya fijado para el próximo viernes 22, otra vez en el Madre de Ciudades. Un partido que, de jugarlo, lo hará con el debut en la camiseta de la nueva estrella, la sexta en el plano nacional profesional, la séptima considerando la internacional de la Conmebol y la 12ª abarcando la era amateur.
Fue muchísimo menos el tiempo en el que los hinchas agotaron las entradas para esta final que el que el equipo deberá transitar en cancha para lograr el objetivo propuesto. Y eso puso de relieve la tremenda ilusión de un pueblo canalla que sueña con un fin de año a todas luces, aislado por completo, aunque sea por un tiempito, de un contexto económico bastante más adverso que cuando jugó la semifinal, por ejemplo.
Esto es Central (como alguna vez dijo Russo) hoy, una montaña rusa de emociones con una luz de frente, la de una estrella, que todos quieren abrazar.
Un título para ir por otros posibles
Central viene armando y desarmando valijas desde hace tres semanas y su recorrido en el año no se terminaría hoy, en caso de coronarse campeón. Es que el ganador de esta final ante Platense se hará acreedor de la posibilidad de jugar por el Trofeo de Campeones, el próximo viernes 22, también en el estadio Madre de Ciudades de Santiago del Estero. Esta copa la juega el ganador de la Liga Profesional, que fue River, y quien obtenga el título en la Copa de la Liga. Por eso, si el canalla se vuelve a Rosario con el título estará obligado a volver a jugar en menos de una semana. Pero no es todo, porque el campeón del Trofeo de Campeones jugará la Supercopa Internacional, en el que jugará River por ser el mejor equipo en la tabla acumulada. Esa final en 2022 la disputaron Boca y Racing en Abu Dabi y en 2024 podría ser el mismo, aunque el reglamento habla de una “plaza del exterior”, por lo que podría ser en cualquier otra ciudad.
Formaciones:
Central: Jorge Broun; Damián Martínez, Facundo Mallo, Carlos Quintana y Agustín Sández; Agustín Toledo o Maximiliano Lovera, Kevin Ortiz, Tomás O’Connor, Ignacio Malcorra y Jaminton Campaz; Luca Martínez Dupuy.
DT: Miguel Ángel Russo 4-2-3-1
Platense: Ramiro Macagno; Nicolás Morgantini, Ignacio Vázquez, Gastón Suso y Raúl Lozano; Facundo Russo, Franco Díaz, Nicolás Castro y Lucas Ocampo; Mateo Pellegrino y Ronaldo Martínez.
DT: Martín Palermo 4-4-2
Estadio: Madre de Ciudades (S. del Estero) / Árbitro: Nicolás Ramírez / Hora: 21 / TV: ESPN Premium y TNT Sports