Cuando los talentosos funcionan, la cosa siempre es más fácil, al menos en los papeles. Pero este Central que volvió a ganar en Arroyito se hizo eco de esa idea y sin dudas el camino al triunfo contó con dos guías indiscutidos: Ignacio Malcorra y Jaminton Campaz. Ellos fueron dos de los grandes artífices de la necesaria victoria que metió el equipo de Miguel Angel Russo ante Central Córdoba.
Vaya paradoja, Malcorra venía de un partido (ante Estudiantes) en el que había errado un penal y en el que cuando fue reemplazado se escucharon algunos silbidos. De inmediato llegó la banca de Russo en conferencia de prensa. Y unos pocos días después el 10 hizo de las suyas. Es cierto, no tuvo un nivel parejo de principio a fin, pero lo que hizo fue ponerle mucha cabeza al juego.
Fue ni más ni menos quien alargó sobre la izquierda para que Campaz corriera de cara al área. Y fue quien cuando la pelota le quedó frente a las narices del arquero Mansilla no perdonó. Remate cruzado, potente, para decretar el 2 a 0, que en cierta forma le empezó a bajar la persiana al partido.
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Pero no se quedó sólo en eso, sino que algunos minutos después le metió dos pelotas increíbles a Campaz, que el colombiano no pudo transformar en gol.
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Por momentos fueron los socios ideales en un partido en el que el juego no era fluido, pero pese a ello las situaciones iban apareciendo. Y qué decir de Campaz, un jugador que a lo largo de los 90 minutos metió cuatro asistencias, aunque sólo una de ellas terminó en gol.
En el arranque del partido la pelota la cruzó de izquierda a derecha (pareció más tiro al arco), pero Veliz no pudo ni controlar ni definir. Minutos después llegó la que sí terminó en gol: el pase suave al segundo palo, para que Fabricio Oviedo la empujara. Una jugada de esas en las que generalmente terminan con el remate del colombiano al arco, pero no en esta ocasión. Gran lectura del tumaqueño.
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En el inicio del complemento otra vez lo hizo por duplicado. A los 3’ se la puso en el pie a Infantino, quien le erró la patada entrando a la carrera, y cuatro minutos después se la sirvió a Bianchi, en el segundo palo, pero el delantero le erró al arco.
De ahí en más entró en ese juego de “deportivo Campaz” que suele mostrar a menudo, sobre todo por la insistencia de querer hacer su gol. Pero claro, en las ocasiones que probó fue la pelota la que le quedó como para darle al arco, sobre todo en dos, en las que quien lo asistió fue su coequiper de la noche: Malcorra.
Quizá les haya faltado continuidad en el juego, pero sus intervenciones fueron letales y Central jugó al ritmo de Malcorra y Campaz.