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Central peleó hasta el final, pero Boca se consagró campeón

El conjunto de Arroyito bancó el poderío del elenco xeneize, resistió y llevó la definición a los doce pasos, pero esta vez se le escapó el título.

Viernes 03 de Mayo de 2019

No pudo ser. Central estuvo de pie hasta el final, dejó la piel en la cancha, bancó con entereza una parada muy chiva, corrió cada centímetro de la cancha con el cuchillo entre los dientes y con las armas austeras que tuvo a mano le complicó la noche al poderoso Boca, más allá de que el xeneize en el complemento dispuso de chances clarísimas para marcar y los palos fueron aliados de Ledesma.

El canalla dio el máximo del potencial que tenía, siempre en el contexto de un semestre flojísimo para el club de Arroyito. Incluso no es un pecado decir que ayer el equipo de Diego Cocca jugó el partido más competitivo de su reciente gestión, por tratarse de una final, ante un rival plagado de individualidades y llegando claramente como punto a Mendoza.

Hizo un partido inteligente y nunca fue vapuleado, como tal vez podría suponerse en la previa. Por ello tras unos dramáticos minutos finales del segundo tiempo llegó a los penales, justo ese formato de definición que le había servido para alzar a fines del año pasado la Copa Argentina. Pero esta vez el rival fue más preciso y el remate de Fito Rinaudo chocó con las manos de Andrada y el travesaño para que Izquierdoz sepulte la ilusión de atesorar la Supercopa Argentina y el sueño de un nuevo título quede trunco.

Los jugadores canallas recibieron con dolor, pero con la frente alta, la medalla del segundo puesto y mascando bronca se perdieron en un vestuario que hace cinco meses sirvió para desatar un gran festejo cuando todavía estaba el Patón Bauza. Central deberá recomponerse y volver a empezar, ahora tendrá que abocarse a la lucha para remontar el promedio.

La sensación que arrojó la noche mendocina, con la cordillera de los Andes como testigo de la final, fue que Central contra varios de los pronósticos estuvo en condiciones objetivas de alzarse con el título. Porque logró lo más difícil que era conseguir que Boca no le convirtiera en los 90. En el primer tiempo lo hizo con mayor sustento colectivo por el buen trabajo de achicamiento de espacios de volantes y defensores, en lo que fue un acierto táctico de Cocca, empezando con una línea de tres que enseguida se hizo de cuatro, pero que jamás le otorgó carta libre a Benedetto y Zárate para que hagan de las suyas cerca del arquero Ledesma.

Encima Central se animó a plantarse con hidalguía en el medio, peleando cada pelota, siempre con Riaño muy solo arriba, pero era el precio que tenía que pagar para emparejar las potencialidades. El orden fue la fórmula que sirvió para llegar igualados en cero al entretiempo. No era poco para empezar. Central estaba arriba del ring.

En el complemento Boca se le fue encima y allí se acrecentó la resistencia canalla. El partido empezó a jugarse cada vez más cerca de Ledesma y con cada minuto que pasaba los penales empezaban a mirarse del lado canalla como el mejor aliado para intentar ser campeón.

Varias veces la pelota caminó cerca de la red auriazul, incluso Ledesma terminó con los palos abollados. Y llegó el turno de la definición desde los doce pasos y allí lo que tiempo atrás fue una solución a todos los problemas, ayer fue el punto final del sueño. Rinaudo no pudo facturar el sexto remate y el verdugo fue Izquierdoz.

Central apostó a una final larga y la tuvo. Hizo tal vez lo más complejo, que fue neutralizar a Boca, y si bien en los instantes finales lo sostuvo a los ponchazos y caminando por la cornisa, no se quebró y llegó a la tierra prometida de los penales. Gran mérito de Cocca en darle competitividad al equipo, siempre con la pata flaca de jugar mirando un solo arco: el suyo.

Pero esta vez aquella foto reciente del trofeo en alto quedó para el adversario, justo un Boca que también lo había despojado de la Copa Argentina en 2015, pero esa vez con el escandaloso arbitraje de Diego Ceballos. Ayer no hubo nada de eso. Nadie le metió la mano en el bolsillo. Rapallini no incidió para nada en el resultado.

Si bien falta el partido del miércoles ante Libertad por la Libertadores, Central cierra un semestre desastroso desde los resultados. Porque perdió todas las competencias que jugó y encima el título de la Supercopa Argentina le quedó atragantado. En la unificación de campeones nacionales se quedó rengo.

Lo que viene debe ser superador para los de Arroyito en cuanto al armado de un equipo más competitivo, que no salga a jugar con ese rol de punto que asumió ayer casi por obligación. La historia canalla requiere ambición y protagonismo.

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