Había un par de cosas que Central debía lograr en el Ducó y cumplió con creces. Debía mejorar futbolísticamente y en el primer tiempo mostró lo más sólido y compacto del torneo. Un paso adelante. ¡Pero cómo obviar la otra! Central debía ganar de visitante y en ese terreno al fin pudo marcar presencia. Una victoria justa, trabajada en la previa por parte de Russo y ejecutada de manera magistral por sus futbolistas, sobre todo en esa primera etapa en la que marcó la verdadera diferencia con los goles de Malcorra y Veliz. Es cierto, en el complemento en cierta forma jugó con fuego porque le entregó demasiadas libertades a un Huracán opaco, pero al fin y al cabo la zozobra nunca hizo base en el arco de Broun. Este fue otro Central, mucho más convincente, de mejores ideas y esencialmente mayores atributos futbolísticos. Por todo eso la enorme importancia de los tres puntos logrados en el Ducó.
El nuevo planteo vino con más audacia que especulación, porque Central salió con decisión a buscar el partido, con los laterales-volantes plantados en mitad de cancha y los réditos comenzaron a aparecer bien temprano. Es que pasaron apenas cuatro minutos para que llegara ese pelotazo de Campaz para Malcorra, por derecha, ella diagonal hacia el centro y el remate cruzado, contra el palo derecho de Chaves. Golazo del canalla, que empezaba a hacer negocio.
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Y sin que la desesperación impusiera reparos, Central continuó con lo suyo, esperando en mitad de cancha y saliendo rápido cada vez que podía, casi siempre aprovechando la inspiración de Malcorra, que fue quien la puso filtrada para Campaz, aunque el colombiano quedó en off side y también fue quien encaró por derecha, se sacó la marca de encima y la puso a la cabeza de Veliz, para el 2-0. La apuesta ya era definitivamente un gran negocio, porque había contundencia, efectividad y, sobre todo, convencimiento.
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Conteniendo a Huracán en los metros finales, Central se aferró a su partitura, haciendo ancha la cancha y con Ortiz y Montoya colaborando cada vez que podían. Pero la carta de peligro siguió siendo Malcorra. Porque fue el 10 quien asistió a Veliz en el corazón del área (su media vuelta terminó en el córner) y quien la puso de tres dedos para la corrida de Veliz, que llegó un segundo más tarde que el arquero Chaves.
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Un manojo de jugadas que le permitieron irse a los vestuarios dos goles arriba, pero también con un dejo de bronca porque algo más de fineza pudo haber logrado una mayor diferencia en esos primeros minutos en los que manejó el partido (y a Huracán) a su antojo.
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Había un grado de previsibilidad para el segundo tiempo, que se cumplió al pie de la letra lo que todos imaginaban, que Huracán se fuera con todo para adelante y que Central intentara manejar los tiempos. En eso el canalla cumplió pero a medias, porque de a ratos jugó con fuego, entregándole demasiado la iniciativa al globo. ¿Qué tuvo a favor el equipo de Russo? La pésima noche de los jugadores de Huracán, que tuvieron bastante más la pelota, pero que jamás supieron qué hacer con ella. A tal punto que Broun también en ese complemento fue casi un espectador de lujo.
Sorprendió de alguna forma la salida de Campaz y el ingreso de Giaccone (más tarde se conoció que el colombiano acusó una molestia), pero sí Russo apostó por que el juvenil hiciera la diferencia con su velocidad por la izquierda. Lo logró en una sola ocasión, en el minuto 5, cuando encaró y envió el centro al primer palo para Veliz. Pero claro, Giaccone tampoco podía romper un libreto que el equipo entero estaba decidido a plasmar. Por eso esa postura más cautelosa.
Pero lo sustancial de la historia en el Ducó fue ese cambio de esquema que Russo metió y la respuesta que encontró de parte del equipo. Y ni hablar del triunfo en sí. Porque había que levantar la cabeza, mejorar el juego y ganar fuera del Gigante. Con todos esos ítems cumplidos, el triunfo resultó un gran paso al frente.