Opinión

Nieve

Es tan fácil decirlo como imaginarlo: blanco como la nieve pero ¿hemos visto la nieve?

Jueves 09 de Agosto de 2018

Es tan fácil decirlo como imaginarlo: blanco como la nieve pero ¿hemos visto la nieve? Parece un asunto sencillo pero muchas comparaciones no han sido cotejadas. Creemos que están bien. Listo.
Si hoy, en estos días, preguntásemos cuantos argentinos conocemos el mar no son tantos como se pensaba, como se imagina un "inconsciente colectivo" y como debería ser. Un país con tanta costa marítima y, sin embargo, por despoblada, por extraña, por lejana, por inaccesible no todos conocen el mar y se asombrarían. Los que nada imaginan de los demás, por las estadísticas de personas que, por primera vez, llegan hasta el mar. Aún hoy.
Por mi parte lo ví por primera vez en 1969, cubriendo una nota periodística. Al atardecer, al amanecer y finalmente en un día soleado. Tuve respeto por Ungaretti y lo entendí con el mar en el amanecer. ("M'illumino d'immenso ) Su poema mas reverenciado. De un solo verso; se llama Mattina.
No supe bien lo que pasaba en mis ojos pero tuve claro que algo sucedía con las proporciones de las cosas y la finitud de mi personita. Años después, hablando con Horacio Guarany, le comentaba sobre un poema suyo en el que dice:" no conozco el mar, pero si es su verde, como el verde nuestro del cañaveral..." y su primera respuesta era la que imaginaba. "Claro que después lo conocí... que chiquitos que somos..." Es que al río no lo dominamos pero lo entendemos
Con la nieve la confesión es absoluta. No conozco la nieve. Debo, en este instante, obedecer al cerebro que, como corresponde,, actúa solo. Un fenomenal agente de la porteñidad fue Geno Díaz, monologuista, pintor, dibujante para ganarse la vida diaria, periodista de costumbres, con un oído refinadísimo. El me hizo escuchar un muchacho que tocaba la guitarra en Avenida de Mayo en un espectáculo de flamenco. Se llamaba Paco de Lucía. El me devolvió Gato Barbieri diciéndome: es rosarino el mejor de por acá. Geno Díaz tiene un libro titulado: "Moriré sin conocer Disneylandia" Como después Sandro y el "turco" Maguid andaba con la mochila con el suplemento de oxígeno para los pulmones abatidos, sin abandonar el cigarrillo en sus últimos años. Tomo su palabra. Moriré sin conocer la nieve.
La primera nieve fue el algodón en el pesebre, sobre un papel marrón y el arbolito artificial. Esa nieve existe en el retrato que llevo en mi memoria e ignoro porque le ponían nieve. En mi casa nunca se hizo un pesebre pero en la de los vecinos si.
La otra nieve es la del cine que pronto supe que era artificial en la mayoría de los casos.
"El hombre se distingue de los demás animales por ser el único que maltrata a su hembra". "Tirarle el hueso al perro no es caridad. Caridad es compartir el hueso con el perro cuando se está tan hambriento como él".
Las dos frases, atribuidas a Jack London, ponen en funciones la otra nieve que conocí, la del Ártico, en el relato de "Colmillo blanco" ese "lobo aperrado" que describe en su texto. Qué relator Jack London. Yo veía su nieve que, de hecho, era protagonista.
Nunca ha nevado sobre mi cabeza. Frío intenso si. Llovizna (como corresponde: "pertinaces") también.
No he sido agasajado con la nieve. Tuve una perra "samoyedo", una raza específicamente del frío, del "Igloo", comprada por decisión de mis hijos y es lo mas cerca que he estado de comprender el corazón y los gestos de los que han sido criados para la nieve. Esa perra vivía con la nieve en el cerebro, no podía despegarse de ella.
Creo que hay un componente genético que dice "éste al calor, éste a la nieve"... Es una creencia. Hay tantas mas inexplicables que la que asumo como posible.
Soy profundamente ribereño, de llanuras, de ríos, sábalos y amarillitos. No nos tocó la nieve. Aspiro a vivir 70 años mas (al menos). Y Geno Díaz tiene razón. Lo copio otra vez. Moriré sin conocer la nieve (¡cruz diablo!), dentro de muchísimo tiempo.

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