En un ránking entre 38 países de todos los continentes, Argentina es el que registra mayor cantidad de muertes por accidentes de tránsito. Una estadística escalofriante, tanto como las noticias sobre el tema que ya son habituales en todos los medios de comunicación. Ahora, con la llegada de las vacaciones, millones de vehículos salen en busca de sus destinos de veraneo y los riesgos en las rutas se multiplican.
Un relevamiento realizado por el Foro Internacional del Transporte (ITF, por sus siglas en inglés) da cuenta de una tasa de 12,3 muertes por año cada cien mil habitantes en el país, seguido muy de cerca por Chile. En contraposición, los mejores índices son ostentados por Suecia, con 2,7 víctimas fatales cada cien mil habitantes. La diferencia es abismal, lo mismo que pasa en las infraestructuras y el respeto a las normas.
Hay ciertas divergencias en cuánto a la cantidad total de muertes. Para ITF, el país registra más de cinco mil por año, mientras que la ONG Luchemos por la Vida habla de más de siete mil. En cualquier caso, una realidad demasiado dolorosa.
En este contexto, hay un dato incipiente que es positivo: en los dos últimos años, disminuyó la cantidad de víctimas fatales. En 2013 murieron 7.896 personas; en 2014, 7.613 y el año pasado 7.472, según los datos recabados por Luchemos por la Vida.
Aunque parezca poco, quizás haya que aferrarse a esa esperanza y profundizar lo que se ha hecho bien en los últimos tiempos.
¿Por qué hay tantos accidentes? No existe una sola respuesta, pero si una suma de elementos que conforman un cóctel explosivo: innumerable cantidad de rutas en mal estado (la 41, por ejemplo, que muchos rosarinos eligen para llegar a la Costa atlántica), faltan autopistas y autovías en zonas con altísima circulación de vehículos, mala o nula señalización, el tránsito de camiones, el exceso de velocidad y el consumo de alcohol o drogas de parte de los conductores.
A ese combo, en los últimos días se agregó otro dato alarmante: los autos que se venden en Argentina tienen una fuerte desventaja en seguridad vial en relación a los de Europa. Un relevamiento internacional de Global NCAP y del Banco Interamericano de Desarrollo concluyó que arrastran un retraso de 13 años en relación a los de Gran Bretaña. Según el estudio, en Latinoamérica se podrían salvar unas 40 mil vidas y evitar 400 mil lesionados graves en los próximos 14 años si los países de la región adoptasen las medidas de seguridad que impulsa la ONU. Sin embargo, también formula una severa advertencia: en nuestro país el Estado no cumple con las certificaciones que pide la ONU, que son bastante simples pero eficaces: cinturones de seguridad y anclajes, y protecciones en caso de impacto lateral o frontal. Seguridad elemental, pero que no se obliga a aplicar.
No se puede aceptar la falta de controles como si fuese una desprolijidad más de las que estamos acostumbrados a padecer. El informe de Global NCAP asegura que se podrían evitar en ese lapso en Argentina unas tres mil muertes, lo que representa casi 200 menos al año y 16 menos por mes. ¿Por qué el Estado no les exige a las automotrices que cumplan con las normas establecidas por la ONU?, ¿por qué esas mismas automotrices las respetan a rajatabla en otros países y acá no?, ¿por qué en América latina algunos modelos resignan seguridad a medida que pasan los años?
Por supuesto que también hay responsabilidad de los conductores. Luchemos por la Vida advierte que hay un notorio incremento en la cantidad de personas que hablan por celular mientras maneja; quizás a algunos les resulte práctico y hasta entretenido, pero no es así. Es irresponsable, peligroso y pone en riesgo no solamente la vida de quienes van en ese vehículo sino además las de otras personas. En el caso de los que hablan por teléfono mientras caminan, el porcentaje aumentó tres veces. Y, también aquí, las consecuencias están a la vista: cada vez se producen más accidentes con peatones involucrados.
Es necesario trabajar activamente para revertir este drama cotidiano. Por este camino seguiremos contando dolor y muertes.