mas

"Hay que aprender a regular emociones"

Pablo Hirsch es médico psiquiatra y terapeuta cognitivo. En su último libro Inteligencia para el bienestar (vivir mejor tiene su ciencia) ofrece herramientas para el autoconocimiento, el manejo del malestar y para generar cambios que faciliten las relaciones con otros.

Domingo 07 de Mayo de 2017

—¿Cómo se manejan las emociones en un momento hostil y complicado como el actual?

— El entorno condiciona nuestras emociones, es cierto, pero depende más de cómo interpretamos ese entorno. Desde una mirada más constructivista podemos decir que ser feliz depende más de la experiencia personal que del contexto, en el sentido de "cómo me tomo esto que me sucede". Por supuesto que hay situaciones puntuales que despiertan sensaciones negativas, pero lo que nos genera el "afuera" depende de la fortaleza individual y de los recursos con los que contamos cada uno.

—¿Es la queja un recurso para escapar del malestar?

—No, el que tiene tendencia a quejarse (no hablo de algo circunstancial sino aquel hombre o mujer que se la pasa despotricando) no la pasa nada bien, y además, la queja crónica genera que las personas se alejen, más tarde o más temprano. Por el contrario, los que tienen emociones positivas, en general tienden a atraer a otra gente. En términos de bienestar, las personas quejosas pierden la posibilidad de tejer vínculos sociales y confortables, y la tienen más difícil a la hora de sentirse mejor.

—¿Se nace optimista o pesimista?

— Lo que puedo decir es que el optimismo, por ejemplo, se puede entrenar. El pesimista piensa que eso malo que le pasa va a durar para siempre; el optimista cree que aún en un escenario adverso las cosas van a mejorar, y no es poco. Incluso ya hay investigaciones que muestran que se puede practicar el optimismo en los chicos, y que esos chicos tienen mejores resultados académicos. La psicología positiva ya se usa en las escuelas, en algunas de la Argentina también. Son modelos, programas, que tienen que ver con la regulación emocional y que han demostrado bajar los niveles de agresividad, de conflictividad, de bulliyng. En la adolescencia también es importante, muy importante trabajar sobre estos aspectos. La gestión de las emociones es un tema hoy de interés mundial, y en muchos países es política de Estado.

—Eso suena del lado de la autoayuda...

— No tiene que sonar despectivo, para nada lo es. Yo hablo más en términos de autocuidado, de movimientos que alientan la meditación, la alimentación saludable, hablo de darle verdadera importancia a la actividad física. Hay un cambio en ese sentido que vamos viendo de manera incipiente en nuestro país, y que creo que es muy positivo.

—¿Existe la felicidad?

— La felicidad tiene que ver con un estado emocional, puntual, breve, y también inestable. Alguien puede estar feliz porque obtuvo un logro en su carrera, porque pudo comprarse algo que deseaba mucho; puede estar feliz en un momento porque consiguió eso que anhelaba, pero al mismo tiempo puede estar inmerso en un serio problema de pareja con lo cual la felicidad que siente puede ser real, pero a la vez es muy efímera. Por eso hay que diferenciar bienestar de felicidad. Prefiero hablar de bienestar porque es un concepto mucho más amplio, es un proceso por el cual evaluás cada situación de tu vida. Es casi imposible estar bien en todas las áreas de tu vida. El bienestar puede ser un proyecto de vida. Decir: "estoy bien en esto, pero deseo, necesito mejorar en algo en forma específica, la pareja, el trabajo, el estado físico". Un dato: según la consultora Gallup que ha "medido" la felicidad, Argentina está bastante bien ranqueada. En general en Latinoamérica estamos bien a pesar de los problemas conocidos que afrontamos. Probablemente tenemos una buena capacidad de desarrollar vínculos sociales estables y confiables. Yel acento está puesto ahí, en esas redes de contención.

—Si uno está o se siente solo no es fácil tener bienestar...

—No. Sentirse solo es un factor de riesgo psicológico y físico, tan serio como tener la presión arterial alta, el colesterol elevado. Hay que dedicarle tiempo y esfuerzo a lo social. Y es común que con el paso de los años las personas tiendan a aislarse, que les implique demasiado trabajo salir, estar en contacto con otros. Pero esa energía depositada en los encuentros con otros tiene altos beneficios.

—¿Las redes sociales cubren esas falencias?

— No precisamente. Manejar redes sociales es toda una responsabilidad, y puede ser un excelente medio para relacionarnos con otros, o un muy mal medio. Ayudan en el momento de reencontrarse con quienes habíamos perdido contacto, si tenés familiares o amigos en el exterior, si te resulta piola para ponerte en contacto con la gente querida. Pero si reemplazan el encuentro real no es bueno. No alcanzan las redes para desarrollar verdaderos vínculos de confianza. Además, hay muchas personas que están demasiado pendientes de la vida de otros y eso genera diversas sensaciones. Una de ellas es la comparación "irreal" con lo que nos sucede en nuestra propia vida. Digo que no es real porque hay construcciones en lo que se muestra en las redes, no es que la vida del otro es esa que se ve en Facebook, pero no son pocos los que comparan todo el tiempo y eso les genera mucha angustia. Además está el tema de la hiperestimulación, la hiperconexión... estamos cada vez menos en silencio, dándole tiempo a escucharnos, a conectarnos con lo que nos pasa. No tenemos ese tiempo si estamos todo el día en las redes sociales.

—El autoconocimiento es crucial para armar un camino de bienestar...

— Si. Y una manera de saber dónde estamos parados, por ejemplo, es consultar sin miedo a la gente cercana —amigos, pareja, familiares— para que nos den una devolución de cómo nos ven. Si es en un marco de respeto y cariño es un sano ejercicio. Uno puede sorprenderse, y no siempre para mal de esas percepciones... Obviamente está el ámbito terapéutico que nos ayuda en el camino hacia el interior de cada uno. Lo importante es registrar que todos tenemos cosas para mejorar, pero que también tenemos cosas muy buenas, que casi nunca vemos. Tendemos a detenernos en lo que no nos sale bien. ¡Propongo conocer y destacar nuestras fortalezas!. Hay pautas, ejercicios que pueden hacerse para sentirnos con más fuerza, para encontrar cierto equilibrio y dejar de poner el acento en lo negativo. Si alguien está mal en este momento, quiero que sepa que las emociones negativas también pueden movilizarlo, que no están allí para siempre, que a la corta o a la larga ese malestar tiende a ceder. Y que si tiene redes familiares, de amistad, laborales, que las aproveche, y también que busque actividades que lo conecten con "gente nueva". Todos los seres humanos tenemos la capacidad para lograr el bienestar psiológicamente hablando.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS